Cuando un jefe apostó todo a Python y casi hunde el barco: una historia de caos corporativo
¿Te imaginas que un día llegas a la oficina y te dicen que todo lo que sabes ya no sirve, porque ahora solo puedes trabajar en Python? Así, de sopetón. Pues eso le pasó a un pequeño equipo de desarrolladores que, por culpa de un nuevo jefe con ideas “innovadoras”, vivieron meses de caos, cero productividad y, al final, el regreso de la sensatez. Aquí te cuento esta historia digna de novela, pero con más líneas de código que de amor.
El jefe nuevo, la gran “revolución” y la receta para el desastre
Todo comenzó cuando una empresa pequeña, pero muy rentable —como esas PyMEs que abundan en América Latina, donde todos hacen de todo y la experiencia vale oro— decidió contratar a un gerente de software “con credenciales impresionantes”. Hasta ahí, todo bien. El equipo, acostumbrado a trabajar con C, C++ y C#, era pequeño pero eficiente: cuatro personas que ya se entendían hasta con miradas y que tenían años sacando el trabajo adelante.
Pero la llegada del nuevo jefe fue como invitar a alguien a una fiesta y que se ponga a cambiar la música de salsa a reggaetón sin avisar. De la nada, anunció que toda la empresa debía hacer un cambio radical: de ahora en adelante, ¡todo en Python! ¿Por qué? Porque un científico del equipo (¡que ni escribía código de tiempo completo!) se quejaba de que no entendía los programas y quería poder editarlos.
¿La lógica? En vez de que ese científico aprendiera el idioma del equipo, el jefe decidió que todos los demás debían aprender Python. Y no solo eso: si querías aprender, era por tu cuenta y en tu tiempo libre. Como dirían en México: “¡Hazme el favor!”
Productividad en picada y el “malicioso cumplimiento”
Aquí es donde la historia toma un giro digno de una telenovela de horario estelar. El equipo, como buenos profesionales, decidió cumplir exactamente con lo que les pidieron: dejaron de escribir en C, C++ y C#, y solo hacían programas básicos en Python para “aprender”. Pero claro, ni ellos dominaban Python, ni las herramientas, ni las librerías internas servían, y para colmo, tenían que hacer malabares para meter código Python en programas escritos en otros lenguajes.
Un comentario que me hizo reír mucho y refleja el sentir de muchos fue: “En vez de pedirle a una sola persona que aprenda lo que ya usamos, el jefe obligó a todos a aprender algo nuevo. Seguro ese jefe solo sabía Python y no quería quedar mal”. Hasta la comunidad de Reddit lo olió a leguas: “Eso grita amateurismo” y “suena a que el jefe falsificó su currículum”.
Como suele pasar en Latinoamérica cuando llega un jefe nuevo con ideas de libro, ¡la productividad se fue al suelo! Meses sin sacar ningún programa nuevo, puro ensayo y error, y el trabajo acumulándose. Un usuario resumió el sentir general: “¿Y qué pasa si todos dicen que no y solo se quedan sentados sin hacer nada?” Pues eso fue lo que pasó, pero con mucho disimulo.
La vuelta a la sensatez: gestión con los pies en la tierra
Después de varios meses de cero resultados, el jefe “decidió irse a buscar nuevas oportunidades” (guiño, guiño… que lo corrieron, pues). Llega entonces un nuevo gerente, de esos que sí escuchan y conocen el negocio. ¿Su primera decisión? Volver a usar los lenguajes originales para mantener los sistemas y solo usar Python donde realmente tuviera sentido. Además, ahora sí, si alguien quería aprender Python, la empresa pagaba cursos y se podían tomar en horario laboral.
Algo que me llamó la atención fue cómo adaptaron el proceso: si el programa era pequeño, Python estaba bien; si era grande o crítico, se usaba el lenguaje que tuviera más sentido. Y aquí viene una enseñanza muy latina: “zapatero a tus zapatos”. Los científicos y otros departamentos ya no podían meter mano al código; su papel era revisar que la parte científica estuviera correcta, pero nada de andar editando funciones “a lo loco”.
La productividad volvió, el ambiente mejoró y, como en toda buena novela, el equipo salió fortalecido. ¡Y hasta sacaron nuevos programas en Python! Pero ahora sí, bien planeados y sin poner en riesgo el trabajo de todos.
Reflexión final: No todo lo nuevo es mejor (ni todo lo viejo es malo)
Esta historia nos deja varias lecciones que aplican tanto para el mundo tech como para cualquier oficina en América Latina. A veces, la moda o la presión de “modernizarse” puede llevar a decisiones absurdas, sobre todo cuando se olvida lo más importante: el sentido común y el respeto por el conocimiento acumulado.
Como bien dijo un comentarista: “Hay que usar la herramienta adecuada para cada trabajo”. Y otro lo sintetizó de manera magistral: “Lo importante es que funcione y que el equipo pueda mantenerlo, no que sea el último grito de la moda”.
Así que, si alguna vez tu jefe quiere cambiarlo todo solo porque sí, recuerda esta historia y no tengas miedo de levantar la voz. A veces, un poco de “cumplimiento malicioso” es lo único que hará que la gerencia recapacite.
¿Te ha pasado algo similar en tu chamba? ¿Alguna vez un jefe te hizo cambiar todo solo porque sí? ¡Cuéntanos en los comentarios y sigamos la conversación!
Publicación Original en Reddit: All in on Python... You got it!