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Cuando un huésped canadiense se siente dueño del hotel (y de la banqueta contra incendios)

Ilustración en 3D de un trabajador de hotel frustrado lidiando con un huésped grosero canadiense en la noche.
En esta vibrante escena en 3D, un trabajador de hotel se desahoga sobre un huésped problemático que está perjudicando la imagen de los canadienses durante una larga jornada nocturna.

Si alguna vez has trabajado en la recepción de un hotel, sabes que las noches pueden ser tranquilas… o convertirse en el escenario de una novela de enredos. Y cuando el protagonista es un huésped con camioneta gigante, acento extranjero y cero ganas de cooperar, el drama está asegurado. Así fue como una noche común se volvió una historia digna de contar entre colegas, mientras todos nos preguntamos: ¿será cierto que los canadienses son siempre tan amables?

El huésped y su “camionetón”: la llegada triunfal

Todo comenzó cuando, ya de madrugada, un canadiense llegó a hacer su check-in. El clásico intercambio de frases (“¡Qué frío hace!”, “Tengo amigos en Canadá”, “¿De qué parte eres?”) y, tras recibir sus llaves, se fue a su habitación. La recepcionista, protagonista de nuestra historia, aprovechó para atender otros pendientes: una vuelta al cuarto de lavandería, resolver la tele de otro huésped y responder una llamada. Media hora después, al regresar al lobby, se dio cuenta de que la enorme pickup del canadiense seguía estacionada justo en la entrada principal, en plena zona de acceso para bomberos. ¡Como si fuera su propio garage!

“¿Y si me estaciono donde se me da la gana?”

La recepcionista, fiel a su deber y al reglamento, llama a la habitación para pedirle que mueva su vehículo. Pero el canadiense, lejos de disculparse, responde con esa actitud que en México llamamos “de pocas pulgas”: que él no piensa moverse, que siempre se queda en hoteles y nadie le había dicho nada antes, y que hay otros camiones ocupando más lugares en el estacionamiento. Además, remata con la joya de la noche: va a “llamar a la oficina central” y seguro van a despedir a la recepcionista por molestarlo.

En ese punto, varios empleados de hotelería en el foro compartieron risas y empatía. Uno de los comentarios más populares, adaptado para nuestra cultura, fue: “¡Seguro es de Alberta! Ahí los camionetones son como el pan de cada día”. Otro usuario, también canadiense, bromeó: “Disculpa por el comportamiento, siempre andamos pidiendo perdón por los de Alberta… Son como los primos incómodos en la fiesta familiar”.

Cuando la cortesía se queda en la frontera (y la paciencia también)

Tras la amenaza y el berrinche, el huésped baja finalmente a mover su pickup. Pero no la estaciona en un lugar permitido; la deja cerca de la calle, junto al letrero del hotel, donde no hay cámaras. La recepcionista, ya harta y con poco tiempo para terminar su turno, decide documentar la situación con fotos y avisar a su gerente.

Varios usuarios del foro sugirieron que lo mejor habría sido llamar a la grúa o a la policía, porque en Estados Unidos (y en muchos países de Latinoamérica) estacionarse en zona de bomberos es falta grave: ahí no hay margen para la “mordida” ni para el “me hago pato y ya”. Como dijo un comentarista: “Bloquear acceso de emergencia es cosa seria; ambulancias y bomberos necesitan ese espacio, no hay excusas”.

Pero también hubo voces que recordaron que, aunque exista el cliché del canadiense amable, en todos lados se cuecen habas. Un usuario comentó con humor: “Cada país tiene sus propios ‘pesados’. Si quieres, te puedes quedar con este canadiense un rato. ¡Te lo regalamos!” Y otro, más filosófico, añadió: “Un solo patán no representa a todo un país”.

El toque final: los gansos vengadores y la “venganza poética”

Como cierre de oro, la recepcionista deseó que una bandada de gansos canadienses le hiciera lo suyo a la pickup del huésped. Este detalle provocó carcajadas y respuestas creativas. Un usuario lo adaptó a nuestra idiosincrasia: “Sé el ganso que quieres ver en el mundo”. Y otro propuso una versión más local: “¿Te imaginas que un grupo de palomas chilango le deje su arte en el parabrisas?”

Al final, la anécdota se volvió una especie de catarsis colectiva para quienes trabajan en hotelería, en México y toda Latinoamérica. Porque, aunque a veces soñamos con que todos los huéspedes sean educados y comprensivos, la realidad es que siempre habrá uno que quiera salirse con la suya, ya sea en Canadá, en Texas o en Veracruz.

Reflexión final: la hospitalidad, a prueba de camionetas y egos

Esta historia nos recuerda que el trabajo en hotelería no es fácil y que, aunque la mayoría de los huéspedes son buena onda, siempre habrá quien quiera pasarse de listo. Para quienes están del otro lado del mostrador, la clave es mantener la calma, documentar todo y, cuando sea necesario, confiar en el equipo y las reglas del lugar.

¿Te ha tocado enfrentar a un huésped así? ¿Cómo lo resolviste? Cuéntanos tu historia en los comentarios. Y recuerda: la próxima vez que veas una pickup gigante mal estacionada, quizá detrás del volante hay un canadiense con ganas de protagonizar su propia telenovela hotelera.

¡Hasta la próxima, y que la próxima vez las únicas plumas en tu hotel sean las de las almohadas!


Publicación Original en Reddit: Entitled dude giving Canadians a bad name