Cuando un entrenador de fútbol juvenil se cree el dueño del aeropuerto (y nadie lo aguanta)
¿Alguna vez te ha tocado lidiar con esos clientes que piensan que tienen corona, capa invisible y el derecho divino a todo? Si trabajas en hoteles, aeropuertos, restaurantes o cualquier servicio al cliente en Latinoamérica, seguro ya sabes de lo que hablo. Y si no, agárrate, porque la historia de hoy te va a sacar más de una sonrisa… y tal vez un par de recuerdos de tus propias batallas en la trinchera laboral.
Imagina la temporada alta de fútbol y hockey infantil: equipos enteros de niños, familias, coaches… y todo ese caos invadiendo hoteles y aeropuertos como si fueran hinchas de la Selección en el clásico. Pero ojo, en esta ocasión, los niños son un amor. El problema es otro: el entrenador. El típico adulto que, por tener un título y un par de millas acumuladas, quiere que todos le hagan reverencias.
El “Coach” y su maleta: una historia digna de telenovela
La escena es la siguiente: el Coach Gruñón se acerca al mostrador con la maleta más grande que la cajuela de una combi y un niño que ni respira del susto. Pone la maleta en la báscula y, sorpresa, ¡cinco libras pasada del límite! El agente —que para efectos de esta historia llamaremos “Yo, el humilde narrador”—, le explica con amabilidad lo que cualquier latino ya sabe: “O sacas algo de la maleta o pagas la multa, jefe”.
Y ahí empieza el espectáculo. El entrenador saca pecho y dice: “¡Soy miembro Súper Brillante de la aerolínea tal! ¡No debería pagar nada!”. Pero ni en el sistema ni en el universo paralelo del aeropuerto aparece ese estatus. Así que el agente, con esa paciencia que sólo dan los años de tratar con clientes difíciles, le explica que solo se le exenta el cobro de la maleta, no el sobrepeso.
Como buen latino para evitar pelearse a las 6 de la mañana, el agente cede un poco: le perdona la tarifa de la maleta (aunque no debería), solo para evitar una telenovela en el mostrador. Pero la cosa no termina ahí: el coach exige etiqueta de prioridad, pase de abordar en la zona VIP (aunque su pase dice “Zona D”, el agente le pone “Zona A” con marcador, nomás para que se calle), y hasta exige trato especial para el niño… que termina con un pase de la peor zona. ¡Hasta ahí ni cuenta se da el entrenador!
Las anécdotas que nos unen: del aeropuerto a la fonda de la esquina
Esta historia, compartida por u/Inquisitive-Carrot en Reddit, rápidamente hizo eco entre decenas de trabajadores latinos y extranjeros que han vivido lo mismo. No importa si es un aeropuerto en México, una fonda en Colombia o un hotel en Argentina: todos hemos tenido a ese cliente que cree que el mundo gira a su alrededor.
Uno de los comentarios más populares —que bien podría haber salido de cualquier restaurante de carretera en México— decía: “Cuando veía llegar el camión del equipo, ya sabía que el baño recién limpiado iba a quedar peor que tras una fiesta de XV años”. ¡Y cómo no! Porque así como el fútbol une países, también une las historias de terror de los trabajadores.
Otro usuario, recordando la diferencia entre equipos de fútbol y de hockey, soltó una joya: “Si los futbolistas se ponen intensos, les das un empujoncito y se tiran al piso pidiendo roja. Si los de hockey se enojan, se pelean con la policía”. ¿A poco no te suena a esas peleas de barrio donde el más bravo siempre termina metiendo a todos en problemas?
Pero no todo es caos: muchos también destacan que los chicos, a diferencia de los adultos, suelen ser respetuosos y tranquilos. El problema casi siempre es el adulto que quiere imponer su voluntad, pensando que con exigir todo se le va a conceder. Como bien decía otro usuario: “Mientras más le das a ese tipo de clientes, más te exigen la próxima vez. Hay que poner límites”.
¿Y los empleados? Entre la paciencia y la dignidad
Aquí es donde la historia cobra verdadero sentido para quienes trabajamos de cara al público en Latinoamérica. ¿Cuántas veces has cedido un poquito solo para evitar un pleito, aunque sepas que ese cliente lo va a usar como argumento la próxima vez? Y claro, los jefes a veces prefieren perder a un cliente problemático antes que reemplazar a un buen empleado; porque, como dice el dicho, “más vale bueno por conocer que malo conocido”.
En la vida diaria, la experiencia enseña: si eres un cliente amable, el personal muchas veces te regala un extra, un favor, una sonrisa. Pero si llegas exigiendo como si fueras el dueño del changarro, lo más probable es que solo recibas lo justo… si bien te va.
Reflexión final: solidaridad de los sobrevivientes del servicio al cliente
A todos los que están por vivir la temporada alta de equipos deportivos, ya sea en hoteles, aeropuertos o restaurantes: ¡fuerza! Recuerden que, al final, las mejores anécdotas nacen de estos personajes. Y si te toca un “coach” que se cree Messi, respira, ponle una sonrisa y piensa: “Esto, algún día, será una gran historia para contar”.
Cuéntanos, ¿qué cliente inolvidable te ha tocado? ¿Alguna vez cediste solo para evitar el drama? ¡Déjalo en los comentarios y hagamos terapia grupal!
Publicación Original en Reddit: In which your humble narrator pisses off a youth soccer coach