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Cuando un cupón del siglo pasado casi me cuesta el trabajo (y la paciencia)

Cliente frustrada sosteniendo un cupón viejo en una tienda de artículos para el hogar, expresando decepción por la disponibilidad de ofertas.
Un momento de tensión en una tienda de artículos para el hogar mientras una clienta frustrada agarra su cupón amarillento, esperando una oferta que ya no existe. Esta imagen fotorrealista captura la emoción de los desafíos en el comercio y las expectativas del cliente.

¿Alguna vez te ha tocado atender a esa clienta que parece salida de una telenovela? De esas que llegan con un aire de “yo soy la ley”, armadas con un cupón que parece reliquia de museo, y que están dispuestas a pelear hasta el último respiro por un descuento imposible. Bueno, si trabajas en atención al cliente, seguro ya adivinaste que esta historia va para ti. Ponte cómodo, porque lo que vas a leer es tan real como surrealista.

El cupón más longevo del continente

Todo comenzó en una tienda de artículos para el hogar, en uno de esos días donde ya sientes que nada puede sorprenderte. Pero la vida siempre tiene otros planes. Entra una señora con paso firme y mirada de “aquí mando yo”, sacando de su bolso un cupón tan viejo que parecía haber sobrevivido a la revolución, la inflación y hasta a tres presidentes diferentes. El papel, amarillento y deshaciéndose en las esquinas, prometía un 50% de descuento en cualquier producto… ¡pero era de una tienda que cerró hace más de veinte años!

Con la mejor sonrisa y toda la cortesía que me enseñaron en capacitaciones, le expliqué que no podíamos aceptar un cupón de otra tienda, mucho menos de una que ya ni existe. Y ahí empezó la función: la señora subió el volumen como si estuviera en una protesta: “¡Dice cualquier producto, no dice en dónde! ¡Esto es publicidad engañosa! ¡Quiero hablar con tu gerente ya mismo!”

La gerente santa y la “negociación” a la mexicana

Aquí entra en escena mi jefa, Linda, una leyenda viva detrás del mostrador. Si hubiera una competencia de paciencia, ella sería campeona nacional. Linda revisó el cupón con calma, sonrió y le explicó exactamente lo mismo que yo, solo que con ese tono de mamá que sabe que no hay vuelta atrás. Pero la clienta, lejos de rendirse, me señaló y soltó: “¡Ella fue increíblemente grosera! Exijo que la castiguen y voy a llamar a la matriz para que la despidan.”

Linda, imperturbable, le respondió: “Señora, yo estuve parada aquí y escuché toda la conversación. Mi empleada fue totalmente profesional y tenemos una política clara. No la voy a castigar, pero si gusta, puede llamar a la matriz.” La clienta, boquiabierta, agarró su cupón reliquia, lo arrugó y salió hecha una furia. Digno de capítulo final de novela: silencio absoluto después del drama.

Manual de traducción del cliente “especial”

¿Sabías que, en el mundo del comercio, hay todo un “idioma alternativo” que sólo algunos clientes hablan? Como dijo un usuario en los comentarios del post original, hay que traducir lo que realmente quieren decir:

  • “Fuiste grosero conmigo” = “No me diste lo que quería en el instante.”
  • “¿No hay nada en la bodega?” = “Tienes un cuarto secreto con todo lo que existe en el universo, incluyendo unicornios y tamales calientes.”
  • “Esperé 5 minutos” = “Fueron 60 segundos, pero mi sentido del tiempo es especial.”
  • “Estoy a 15 minutos” = “Todavía ni me peino y apenas voy a salir de la casa.”

Y es que, en Latinoamérica, todos conocemos ese tipo de clientes que creen que la tienda funciona como la casa de la abuela: entras, pides lo que sea, y siempre hay algo guardado “por si acaso”. Pero la realidad es tan diferente que hasta da risa (o ganas de llorar, depende del día).

El arte de la paciencia y el valor de un buen jefe

Quizá lo más bonito de esta historia es ver que aún existen jefes que respaldan a su equipo y no se dejan manipular por amenazas absurdas. En muchos trabajos, sobre todo en comercio, lo común es que el jefe, por quedar bien, le dé la razón al cliente aunque el empleado tenga la verdad de su lado. Pero Linda, como buena líder, demostró que una tienda sin empleados tranquilos se vuelve un infierno.

Como comentaba otro usuario en el post, “los buenos jefes son como encontrar dinero en el pantalón: raros, pero te alegran el día.” Y cuánta razón. Porque cuando tienes a alguien que te respalda, ni el cupón más antiguo del planeta puede amargarte la jornada.

Reflexión final: ¿Un cupón para todo?

Al final del día, esta historia nos deja una lección digna de compartir en la sobremesa: hay personas que creen que, con suficiente insistencia (y un cupón prehistórico), pueden torcer la realidad a su favor. Pero la vida, como el mostrador de una tienda, tiene reglas claras. Y aunque nos toque atender a clientes dignos de memes, lo importante es mantener la calma y el humor.

¿Y tú? ¿Te ha tocado vivir una historia así? Cuéntanos en los comentarios cuál ha sido tu momento más absurdo atendiendo clientes, o si alguna vez intentaste usar un cupón “de colección”. Recuerda: en el comercio, el cliente no siempre tiene la razón… ¡pero sí la mejor anécdota!


Publicación Original en Reddit: A customer yelled at me because we were out of sale items.