Saltar a contenido

Cuando tus compañeros de oficina confunden tu escritorio con un basurero: La venganza más sabrosa

Ilustración de anime de un trabajador frustrado en la oficina con un escritorio desordenado y compañeros dejando basura.
En esta vibrante escena de anime, nuestro protagonista enfrenta la lucha constante por mantener su espacio de trabajo ordenado mientras sus compañeros dejan bebidas en su escritorio. ¡Descubre cómo una solución ingeniosa transformó la dinámica de la oficina!

¿Alguna vez has sentido que tu escritorio en la oficina es como la mesa del comedor familiar, donde todos dejan lo que no quieren cargar? Imagínate llegar cada mañana a tu escritorio, ubicado estratégicamente (o más bien lamentablemente) en una esquina cerca de la puerta, y encontrarlo repleto de vasos, botellas y hasta restos de café ajenos. No es una escena inventada: así comenzó la odisea de un trabajador que, harto de ser el “portavasos oficial” de la oficina, decidió aplicar una venganza tan ingeniosa como pasivo-agresiva… y sí, a lo latino.

Porque, seamos honestos, en las oficinas de Latinoamérica también abundan los compañeros que creen que “lo que está cerca de la puerta es de todos”, y que el respeto por el espacio ajeno es, a veces, un concepto tan abstracto como el tiempo en las juntas. Pero aquí está la historia de cómo uno de nosotros encontró la manera de ponerle fin a este abuso cotidiano, con un toque de picardía y mucha creatividad.

El escritorio: territorio en disputa

El relato original, compartido por u/BusyBullet en Reddit, es el reflejo de un clásico latinoamericano: el compañero que tiene el escritorio “de paso”. En este caso, no solo era el único punto de acceso rápido al baño, sino que además, sus colegas creían que era el lugar perfecto para dejar sus bebidas mientras hacían sus necesidades. ¿Suena familiar? En muchas oficinas, el que está cerca de la puerta termina siendo el “todólogo”: recibe paquetes, da indicaciones… ¡y también recoge basura!

Después de pedir amablemente (más de una vez) que dejaran de usar su escritorio como depósito temporal de bebidas, nuestro protagonista decidió tomar medidas drásticas. Colocó un bote de basura extra en la esquina de su escritorio y, cada vez que aparecía un vaso o botella ajena, simplemente la arrojaba ahí. Cuando el dueño regresaba y buscaba su bebida, él solo respondía con cara de “yo no fui” y una disculpa: “No sé quién dejó su basura aquí, pero necesito mi espacio para trabajar”.

La sorpresa de los compañeros era genuina. Imagínate la escena: regresan del baño, buscan su vaso, y descubren que ya forma parte del reciclaje. Como decimos en México, “el que avisa no es traidor”.

La magia de las microvenganzas: el arte latino de enseñar con picardía

Pero la historia no termina ahí. No solo era el asunto de la basura: estos compañeros, en su prisa, pasaban tan pegados al escritorio que más de una vez chocaban con la silla del pobre trabajador. Aquí es donde la creatividad latina brilló: cada vez que alguien intentaba cortar camino por detrás de su silla, él aprovechaba para “necesitar” un archivo en el cajón lateral y, casualmente, movía la silla hacia atrás. El resultado: pies y tobillos chocando con las patas de la silla, algunos brincos, y muchos “¡ay!” por sorpresa.

Por supuesto, siempre lo acompañaba una disculpa exagerada y hasta ofrecía ayuda para llegar de regreso a su lugar, como quien no rompe un plato. Al final, después de unos cuantos “accidentes”, los peores infractores aprendieron la lección: dejar el vaso y pasar a centímetros del escritorio no era buena idea.

Como bien comentó uno de los usuarios en Reddit, “algunos solo aprenden a la mala”. En Latinoamérica tenemos ese dicho: “La letra con sangre entra”. Aunque aquí, por suerte, solo hubo algunos moretones y ninguno terminó en la enfermería.

La comunidad opina: el derecho al espacio propio

Lo más interesante de este tipo de historias es cómo resuenan con personas de todo el mundo, pero especialmente en nuestra región, donde la convivencia en la oficina puede ser a veces un deporte extremo. Muchos usuarios compartieron anécdotas similares: desde el compañero que deja su basura en el escritorio ajeno, hasta el jefe que se adueña de espacios y herramientas que no le corresponden.

Uno de los comentarios más aplaudidos fue el de quien dijo que “en las oficinas de espacio abierto, nadie respeta nada”, y muchos recordaron la importancia de defender el espacio propio, aunque sea con métodos poco ortodoxos. Otro usuario, con ese humor ácido tan propio de nosotros, celebró la estrategia pasivo-agresiva: “¿Qué van a hacer, quejarse con Recursos Humanos de que creen que lo haces a propósito? Saben perfectamente que tienen la culpa”.

Incluso hubo quienes, nostálgicos, recordaron cómo en los trabajos de antes uno debía ganarse el respeto a base de “microvenganzas” y creatividad, porque si uno no pone límites, termina siendo el trapo de la oficina.

¿Y nosotros, qué haríamos?

En el fondo, esta historia es un recordatorio de que el respeto por el espacio ajeno es fundamental, no importa si trabajas en una oficina en Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá. A veces, la única forma de que la gente entienda es a la mala, con un poco de humor y mucha determinación. Como diría cualquier abuelita latina: “Si no cuidas lo tuyo, nadie lo va a cuidar por ti”.

Así que la próxima vez que alguien quiera usar tu escritorio como bodega personal, piensa en la creatividad de nuestro protagonista. Quizá no necesites llegar a los golpes (ni a los moretones), pero un poquito de picardía nunca está de más. Y si todo falla… ¡bote de basura extra y listo!

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Cómo lidiaste con los compañeros invasores? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque aquí, entre paisanos, todos tenemos una anécdota para compartir.


Publicación Original en Reddit: Stopped co-workers from leaving their trash on my desk