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Cuando tu vecino no entiende hasta que le das de su propia medicina (y el karma le cobra)

Ilustración estilo anime de un conductor frustrado maniobrando alrededor de una camioneta del vecino que bloquea la entrada.
Esta vibrante ilustración anime captura la frustración de un conductor que navega por un espacio reducido debido a la camioneta de un vecino bloqueando la entrada. ¿Te identificas con esta lucha diaria?

¿Alguna vez has sentido que la paciencia tiene un límite, sobre todo con los vecinos? Todos conocemos a ese vecino que se pasa de listo y piensa que el barrio es su pista de carreras, estacionando como si fuera dueño de la calle. Ahora imagina lidiar con eso todos los días, ¡por tres meses! Esta es la historia de cómo un vecino común y corriente usó la mejor arma del mexicano promedio: la venganza chiquita, esa que no es ilegal, pero sí bien sabrosa.

El vecino gandalla y la entrada bloqueada

En la Ciudad de México, Buenos Aires, Lima o cualquier barrio latino, la batalla por un buen lugar de estacionamiento puede ser más feroz que la final de la Copa Libertadores. Nuestro protagonista, cansado de salir cada mañana haciendo maniobras dignas de un rally solo para sacar su coche, decidió que ya había aguantado suficiente. Su vecino, el clásico que piensa que el “casi no te tapo” es excusa suficiente, seguía estacionando su camionetón justo invadiendo la entrada de la cochera.

Lo pidió con amabilidad, como quien pide la última tortilla en la mesa: “Oye, ¿puedes no tapar mi entrada?” La primera vez, el vecino se hizo el desentendido, “ay, fue sin querer”. La segunda, ya más descarado, soltó el famoso “pero sí puedes salir, ¿no?” y se metió a su casa como si nada. Aquí, uno ya empieza a hervir por dentro. Porque en Latinoamérica, el que no entiende por las buenas, ¡entiende por las malas!

La venganza dulce: dándole una probadita de su propio chocolate

Un martes cualquiera, mientras el vecino arreglaba su jardín (seguro para aparentar que es gente decente), el protagonista vio su oportunidad: estacionó su coche justo detrás de la camioneta, en la calle, sin bloquear ninguna entrada ni hacer nada ilegal. Solo lo suficiente para que el vecino tuviera que sudar la gota gorda haciendo maniobras para salir.

Veinte minutos después, como si el infierno se hubiese desatado, el vecino llegó furioso a tocar la puerta: “Oye, ¿puedes mover tu carro?” Y aquí viene la joya de la historia, la respuesta que todo latino hubiera soñado decir: “Pues sí hay espacio, solo tienes que dar unas vueltas de más…”. El vecino se quedó con cara de “me la aplicaron”, y desde ese día, no volvió a estacionar su camioneta cerca de la cochera. ¡Victoria!

Empatía a la mexicana (y por qué a veces solo así entienden)

¿Pero por qué hay gente que solo entiende cuando le toca sufrir lo mismo? Como comentaron varios internautas (adaptando a nuestro contexto): “La verdad, hay quienes no tienen ni tantita madre ni empatía. Hasta que no sienten el coraje en carne propia, no les cae el veinte.” Otro dijo: “En mi colonia, pusimos hasta letrero porque ni con palabras entendían. A veces el letrero o el coraje ajeno son los únicos idiomas que entienden.”

Un comentario muy aplaudido mencionó que existen dos tipos de empatía: la emocional y la lógica. Hay quienes no se imaginan el fastidio ajeno hasta que les toca vivirlo, como cuando el primo te dice “no pasa nada” y luego le pasa lo mismo y se indigna. En esas situaciones, la lección debe ser en carne propia, si no, ni cómo ayudar.

En varias ciudades latinoamericanas, bloquear una cochera no solo es de mala educación, ¡es hasta motivo de pelea! Y aunque en algunos lugares puedes llamar a la policía para que multen o se lleven el carro, la verdad es que la justicia vecinal, esa que se hace con una sonrisa y un poquito de malicia, suele ser la más efectiva.

El arte de la venganza chiquita: tradición latina

No es que uno sea vengativo, pero como bien dicen: “Ojo por ojo y el barrio entero se queda ciego... pero feliz.” Muchos lectores compartieron anécdotas similares, desde dejarle un post-it con groserías, hasta poner conos improvisados o incluso, como confesó un comentarista, sacarle el aire a las llantas (aunque eso ya es otro nivel).

Al final, lo que todos celebraron fue la elegancia de la venganza: sin violencia, sin pleitos, solo una dosis exacta de su propia medicina. Es el tipo de historias que pasan en cualquier ciudad de Latinoamérica, donde la convivencia vecinal es todo un arte y a veces, para vivir en paz, hay que enseñar con hechos.

¿Y tú, qué hubieras hecho?

Deja tu experiencia en los comentarios: ¿te ha pasado algo similar? ¿Cómo resolviste el problema con ese vecino necio? Recordemos que en nuestros barrios, la paciencia es virtud... pero la venganza chiquita es deporte nacional. Y como bien dijo uno de los comentaristas: “Cuando el otro ya suda la gota gorda por su propia culpa, ahí se ve quién aprende la lección.”

¿Te animarías a aplicar esta estrategia con tu vecino gandalla? Cuéntanos y comparte esta historia con ese amigo que siempre se desquita... pero con estilo.


Publicación Original en Reddit: Neighbor kept blocking my driveway so I gave him a taste of his own medicine