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Cuando tu roomie te da pura porquería… y se la devuelves (literalmente)

Compañeros de universidad enfrentando desafíos de aceptación y amistad en un ambiente cinematográfico.
En esta escena cinematográfica, dos compañeros de universidad confrontan las complejidades de la identidad y la aceptación, reflexionando sobre sus experiencias compartidas y los retos que enfrentan. La tensión emocional y la camaradería capturadas aquí ilustran a la perfección los altibajos de su amistad en tiempos difíciles.

Todos hemos vivido alguna vez esa pesadilla de compartir casa con alguien que parece salido de una telenovela… pero de las malas. Si alguna vez tuviste un roomie flojo, desordenado y encima con aires de grandeza, prepárate, porque la historia de hoy te hará sentirte identificado o, mínimo, agradecer el departamento donde vives. Imagina que después de aguantar de todo, terminas haciendo justicia por tu propia mano… o mejor dicho, por la mano de tu perro. ¿Te atreverías a llegar tan lejos?

La historia: De la buena onda al infierno roommate

La protagonista de esta historia era universitaria, de esas personas que no pueden decirle “no” a un amigo en apuros. Cuando su amigo necesitaba dónde quedarse porque su papá supuestamente lo echó por ser gay, ella cometió el error (y lo admite) de dejarlo mudarse a su departamento. En México y muchos países latinoamericanos, solemos decir: “Donde come uno, comen dos”, pero a veces la solidaridad se sale de control.

Al principio, todo parecía normal… hasta que el susodicho amigo mostró su verdadera cara: flojo, sucio, adicto a los videojuegos y sin ningún respeto por las reglas del hogar. No ayudaba con los quehaceres, apenas compraba algo de despensa y encima, cuando le pidieron no llevar parejas al departamento, se puso como si le hubieran prohibido la vida misma. La gota que derramó el vaso fue que, cuando la dueña le pidió irse, él se negó rotundamente, diciendo que la del problema era ella. ¡Una joya de roommate!

Cuando la paciencia se acaba… y la venganza huele feo

Aquí es donde la historia se pone buena, digna de un episodio de “La Rosa de Guadalupe” pero versión rated R. Nuestra protagonista, ya harta y hasta la coronilla, tuvo que mudarse con su mamá y dejar atrás el departamento. Pero como diría la abuela: “El que la hace, la paga”.

La mamá de la protagonista tenía un labrador grandote que, como buen perro mexicano, hacía “montañitas” de popó en el patio. Así que, antes de entregar las llaves, se armó de guantes y un topper, y llenó el recipiente con el tesoro del canino. ¿El plan? Convertir el departamento en una zona de desastre biológica.

Y sí, amigos, la venganza fue TOTAL: popó en las paredes, manijas, interruptores, la mesa, el inodoro, la regadera, platos, alacena, refrigerador, congelador… ¡y hasta en la Xbox y los controles! Pero el toque maestro fue untar cada llave de agua y dispensador de jabón, para que su ex-roomie jamás pudiera lavarse bien las manos. Como decimos en Latinoamérica: “Al que obra mal, se le pudre el tamal”.

El chisme no se hizo esperar: reacciones de la comunidad

Como era de esperarse, esta historia se volvió viral en Reddit y los comentarios estuvieron de no creerse. Uno de los favoritos fue: “¡La popó sí voló por todas partes! Bien hecho.”, lo que en México sería un “¡Qué bien le acomodaste la cucharada de su propio chocolate!”. Otro usuario se inspiró en la famosa canción de discoteca y la adaptó: “¡De la ventana a la pared, hay popó por todo el local!”. Imagínense el nivel de creatividad.

Algunos hasta bromearon con que faltó poner popó en el ventilador del techo para que el desastre fuera completo. Otro comentó: “Hay personas que se merecen una carcajada 14 años después”, y la autora del relato respondió que, de hecho, su ex-roomie tenía obsesión por la limpieza y fobia a tocar cualquier cosa asquerosa… así que el castigo fue doblemente efectivo. Como decimos por acá, “karma instantáneo”.

Eso sí, no faltaron las opiniones divididas: unos aplaudieron la venganza (“¡Te saludo!”), mientras otros la tacharon de exagerada (“Eso ya es un peligro biológico, casi delito”). Pero la mayoría estuvo de acuerdo en que, a veces, la vida te da limones… y tú los conviertes en popó de perro.

Reflexión final: ¿Hasta dónde llegarías por justicia?

Más allá del chisme, esta historia nos deja una lección: elegir bien a las personas con quienes compartimos techo. En Latinoamérica, donde muchas veces compartimos casa por economía o tradición, estos cuentos nos recuerdan que poner límites es sano… ¡y que la paciencia tiene un límite!

Eso sí, si dejas entrar a un desconocido, ¡que no sea a tu refrigerador… ni a tu Xbox! Y si alguna vez te dan pura porquería en la vida, recuerda que devolverla puede ser tentador, pero siempre es mejor buscar soluciones civilizadas (aunque a veces el morbo de la venganza nos haga reír por años).

¿Tú qué opinas? ¿Has tenido un roomie tan tóxico que pensaste en hacerle una travesura? ¿Cuál ha sido tu peor experiencia compartiendo casa? Cuéntanos en los comentarios… ¡y que nunca te toque limpiar lo que no hiciste tú!


Publicación Original en Reddit: Roommate gave me so much shit, I gave it back... literally