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Cuando tu roomie prefiere el desorden… y tú respondes con altavoz

Vivir con roomies puede ser una de las experiencias más entretenidas, trágicas y, a veces, surrealistas de la vida adulta. Pero, ¿qué harías si tu compañera de departamento no solo permite que sus perros usen la sala como baño, sino que encima te llama antisocial por usar audífonos? Esta es la historia épica —y llena de pequeñas venganzas— de un inquilino que se cansó de la basura (literal y figuradamente).

El inicio del drama: perros, malos hábitos y audífonos

Imagina que eres una persona tranquila, de esas que limpian lo suyo, saludan con cortesía y no arman ruido. Ahora, imagina que tu roomie, llamémosle “Agnes”, tiene dos perros que han decidido que la alfombra es su baño personal. Tú, cansado de pisar sorpresas y olores, finalmente te armas de valor y le reclamas… ¿y cuál es la respuesta? Te dice que eres antisocial por usar audífonos.

Sí, así como lo lees. Mientras tú solo intentas no enloquecer por el ruido de los televisores prendidos desde las seis de la mañana hasta las tres de la madrugada, ella se siente “incómoda” porque no platicas suficiente. Y eso que, según cuenta el protagonista, siempre se quita los audífonos cuando le hablan y hasta le invitaron a mudarse con ellos. Pero reclamar por el pipí y popó de los perritos fue el pecado mortal.

Venganza pasivo-agresiva: “Si no te gustan mis audífonos, escucha mi música”

Como buen latino que no se deja, nuestro protagonista decide aplicar la ley del hielo… pero con altavoz. Si le molestan los audífonos y quiere interacción, pues ahora la música y los podcasts van en bocinas, a volumen razonable pero constante. La reacción de Agnes no se hace esperar: explota en mensajes, lo compara con sus hijas y hasta lo acusa de “querer provocar algo”. Pero, como bien le contesta nuestro protagonista: “Puedo escuchar lo que quiera, a una hora razonable. No es mi responsabilidad entretenerte”.

Aquí es donde entra el folclor de los comentarios del internet, con joyas dignas de cualquier sobremesa familiar. Un usuario suelta: “Ya es hora de mudarse…”, mientras otro más directo propone: “¡Que la echen a ella, es la problemática!”. Y no faltó quien sugiere la clásica táctica latina de “toma foto del desastre y mándasela al casero”, porque, seamos sinceros, ningún dueño quiere que su depa huela a perrera.

Y es que, como dice otro comentario: “No estás obligado a entretener a nadie porque pagues renta… ¿o sí?”. ¡Toda la razón! Aquí la cultura latina es clara: cada quien en su espacio y respeto ante todo.

El clímax: perros consentidos, mensajes bloqueados y la guerra fría del hogar

La historia sube de nivel cuando Agnes, lejos de asumir su responsabilidad, empieza a celebrar que los perros hagan sus necesidades en el departamento. Incluso, frente a la puerta del cuarto del protagonista, aplaude al perrito con un “¡buen chico!”. Cuando le reclaman, Agnes responde bloqueando por correo electrónico (sí, como tía moderna: “Te he bloqueado”). La convivencia se vuelve una especie de novela de Televisa, donde la protagonista niega todo y el héroe debe documentar cada incidente —fotos, capturas de pantalla, correos— para evitar que lo culpen a él.

Aquí los consejos de la comunidad virtual toman un tono preventivo, como buena abuela: “Guarda todas las pruebas, porque de seguro va a tratar de echarte la culpa”. Otros, más sarcásticos, recomiendan devolverle “el regalito” al cuarto de Agnes, con una notita: “Te lo recogí para que no se pierda”. Y sí, no falta quien reflexiona sobre la vida adulta: “¿Sesenta y un años y todavía con roomies? Así está la economía”.

Reflexión final: ¿Es posible la convivencia sana entre roomies?

Este caso nos recuerda que compartir casa es casi como una telenovela: hay villanos, héroes y mucho drama. Pero también es una lección sobre límites: no tienes que soportar situaciones insalubres, ni sacrificar tu paz por complacer a los demás. Y si el diálogo no funciona, al menos siempre queda la venganza pasivo-agresiva, con altavoz incluido.

Al final, la comunidad de internet coincide: si te toca un roomie así de complicado, lo mejor es buscar un espacio para ti solo o, mínimo, tener pruebas de todo por si hay que defenderse. Y claro, nunca está de más tener sentido del humor y creatividad para sobrellevar la vida compartida.

¿Te ha pasado algo similar? ¿Tienes historias épicas de roomies que deberían pasar a la historia? ¡Cuéntanos en los comentarios y comparte este post con ese amigo que alguna vez sobrevivió a la jungla de la convivencia!


Publicación Original en Reddit: It's Speakers for You, Roomie. Called me Anti-Social for Wearing Headphones, After I Complained About Her Two Dogs Using the Apartment as a Bathroom