Cuando tu roomie insoportable termina durmiendo en la playa (sin salir del cuarto)
¿Alguna vez has vivido con una persona que, por más que intentes, simplemente te saca de quicio? Seguramente sí, porque quien no ha tenido una mala experiencia con un roomie, que tire la primera piedra (o la primera bolsa de basura sin sacar). Hoy te traigo una historia digna de telenovela, pero con un giro playero: la venganza más sutil y creativa que he leído en mucho tiempo. Prepárate para reírte, indignarte y, quizás, inspirarte para tu propia “venganza chiquita”.
La llegada de la “Reina de la Habitación Individual”
Todo comenzó cuando nuestra protagonista, una joven estudiante de 23 años, llegó a Australia para estudiar un semestre en el extranjero. Como suele pasar, el presupuesto no daba para lujos, así que decidió compartir departamento con otros cuatro estudiantes de diferentes partes del mundo. Cada quien tenía su espacio, pero la más afortunada (o eso pensaba) era una británica llamada Sarah, que logró quedarse con la habitación individual al final del pasillo. Suena bien, ¿no? Pues no tanto…
Sarah resultó ser el tipo de persona que se cree la última Coca-Cola del desierto. Mientras los demás compartían, cocinaban juntos y se apoyaban, ella vivía en su mundo. ¿Sus “mejores” momentos? Pintarse las uñas de los pies en la mesa de centro y dejar los frascos regados como si fueran decoración; decir que nunca estuvo de acuerdo con limpiar y hacerse la loca cuando tocaba hablar de temas de la casa; y, como cereza del pastel, sacar en plena noche a un pobre pajarito herido que el grupo había rescatado, solo porque le “molestaba” el ruido. Vamos, que hasta los villanos de las telenovelas se ven buena onda al lado de Sarah.
La venganza más playera y sutil de la historia
Aquí es cuando la historia se pone buena. Nuestra heroína, harta de la actitud de Sarah pero sin ganas de entrar en pelea directa (¡y quién la culpa!), decidió aplicar la ley del hielo... pero con arena. Literalmente. Cada ciertos días, traía un poco de arena de la playa y la esparcía sutilmente en las sábanas de Sarah. No tanto como para levantar sospechas, pero sí lo suficiente como para que cada noche fuera una experiencia digna de dormir sobre papel de lija.
Imagina el nivel de incomodidad: te acuestas cansada y, de repente, sientes esos granitos traicioneros entre las sábanas. Sarah seguramente pensaba que estaba perdiendo la cabeza o que era muy sucia, pero nunca sospechó de su roomie. Como dijo un usuario en los comentarios, “esto es una tortura digna de ‘La princesa y el guisante’, pero versión australiana”. Y sí, para quienes somos quisquillosos con la limpieza de la cama, eso es una pesadilla absoluta.
El arte de la venganza pequeña: creatividad y comunidad
Lo más divertido de esta historia es cómo la comunidad de Reddit se desbordó con ideas aún más creativas (y algo diabólicas) para pequeñas venganzas. Uno sugería usar azúcar glas para hacer las sábanas pegajosas con el sudor, otro proponía leche en polvo para que el olor fuera insoportable, e incluso hubo quien recordó sus travesuras de infancia, como desmoronar galletas en la cama de su hermano solo para verlo sacudir las sábanas una y otra vez.
Pero también hubo reflexiones interesantes: muchos celebraron la creatividad y el ingenio de la protagonista. Como comentó alguien, “esto es una de las venganzas más originales que he visto últimamente, te la rifaste”. Otros, más bromistas, pedían matrimonio a la autora o la invitaban a ser amigos por su “nivel de maldad simpática”.
Eso sí, entre tanta carcajada, también surgió la conciencia de que, aunque la venganza fue pequeña y nadie salió lastimado, no es algo que repetirían hoy en día. La autora misma lo reconoció, diciendo que ahora no lo haría, pero en aquel momento era la única forma de sobrevivir a Sarah sin perder la cabeza.
¿Quién no ha tenido una Sarah en su vida?
Al final, esta historia no solo es divertida, sino que nos recuerda algo muy latino: la convivencia no es fácil, pero siempre encontramos maneras ingeniosas de sobrellevarla, a veces con humor y otras con un poco de picardía. Todos hemos tenido una “Sarah” cerca, esa persona que parece vivir en otro planeta, que no coopera y que hace que la vida compartida sea un reto diario. Pero también hemos aprendido a sacar lo mejor (o lo menos malo) de esas experiencias.
La próxima vez que te toque lidiar con un roomie insoportable, piensa si vale la pena irte a los golpes o sacar la artillería pesada… o mejor, aplica una venganza chiquita y creativa que solo tú disfrutes, como nuestra protagonista playera.
Y tú, ¿qué historia de convivencia tienes guardada? ¿Alguna vez hiciste una venganza pequeña y satisfactoria? Cuéntanos en los comentarios, porque en Latinoamérica, la picardía y las buenas anécdotas nunca faltan.
Publicación Original en Reddit: Obnoxious roomate got the beach brought to her