Cuando tu roomie gritona no aprende... y decides darle una cucharada de su propio chocolate
¿Quién no ha tenido alguna vez un compañero o compañera de cuarto que parece tener el volumen de la voz atascado en "fiesta patronal"? Si has vivido en una residencia universitaria, seguro sabes que compartir espacio puede ser un deporte extremo. Y es que no faltan esos personajes que, aunque juran amar el silencio, terminan armando más escándalo que el claxon de un microbús en hora pico. Hoy te traigo la historia de una estudiante que decidió tomar cartas en el asunto y, con mucha creatividad, puso en su lugar a su roomie gritona.
El silencio prometido... y nunca cumplido
Todo comenzó con la clásica promesa de convivencia: “Quiero un cuarto tranquilo, que en serio ODIO el ruido.” Así fue como la protagonista de nuestra historia empezó su vida universitaria en paz, adaptándose y hasta cerrando los cajones con el sigilo de un ninja para no molestar a su compañera. Pero ¡oh, sorpresa! La supuesta amante del silencio resultó ser la reina de los decibeles. Diez horas diarias de llamadas, carcajadas estruendosas y hasta ruidos de boca que, según la autora, sonaban como si alguien estuviera practicando para ser beatboxer… pero sin talento.
A pesar de pedirle amablemente durante meses que bajara la voz (y de explicarle que tenía clases a las 8 de la mañana), la roomie seguía igual de escandalosa. Y como diría cualquier abuelita latinoamericana: “El que no oye consejo, no llega a viejo... ni a la siguiente clase sin ojeras.”
Venganza con ritmo: La música como arma secreta
Cansada de perder sueño y paciencia, la protagonista decidió aplicar el arte de la venganza pequeña pero sabrosa. ¿La estrategia? Cada vez que su roomie gritaba o hacía ruidos extraños, ella sacaba su guitarra y se ponía a cantar con voz de mezzo soprano, bien aguda, para que la otra sintiera lo que es tener a alguien que también sabe hacer ruido, pero con estilo.
Y aquí viene lo mejor: como pertenece al coro de la universidad, la gritona no tenía cómo quejarse, porque, claro, “es por estudio, no por molestar”. Incluso organizó sesiones en Discord con una amiga para jugar y narrar el videojuego POSTAL 2, lanzando frases insólitas cada vez que su roomie soltaba un “¡AAAAAA!”:
– “Creo que hoy robaré el banco, esa fila está larguísima.”
– “Si le haces pipí, se pone a bailar.”
– “Mi primera partida fue floja, sólo maté 800 personas.”
¿Le enseñó algo a la compañera? Probablemente no, pero al menos nuestra heroína se divirtió y aprovechó para pasar tiempo de calidad con su amiga. Como diría en México: “De perdidos, al río.”
La comunidad opina: Todos contra el ruido
La historia no tardó en reventar en Reddit y los comentarios fueron oro puro. Un usuario compartió que él también tuvo una roomie que hacía tanto ruido con su novio que, para tapar los gemidos, ponía a todo volumen a Marilyn Manson. Y lo mejor: la culpable fue a reclamarle por el ruido, a lo que él respondió con la clásica ironía latina: “¿Te estoy interrumpiendo? ¿Te molesta mi música? Ups…”
Otros sugirieron ideas aún más creativas y muy propias del ingenio latino:
– “Ponle alarmas aleatorias en su celular, a ver si así entiende.”
– “Graba sus gritos y reprodúcelos cuando quiera silencio.”
– “¿Por qué no le contestas sus carcajadas con otras igual de fuertes?”
– “Compra un silbato para perros. Pavlov no falla.”
Incluso hubo quien recomendó poner música de Slayer todo el día, o, para los más extremos, usar una corneta de aire. Pero la joya fue el comentario que resumió el sentir de todos: “El mejor día fue cuando me mudé solo y por fin dormí en paz.”
La ironía de los hipócritas del silencio
Quizá lo más curioso es que la roomie gritona siempre se quejaba de cualquier ruidito ajeno, pero cuando era su turno para hacer escándalo, ni se inmutaba. La autora cuenta que incluso el novio de la roomie era más educado y silencioso que ella, y aún así, se quedaban platicando hasta las 2:30 am, olvidándose por completo de la convivencia y las promesas.
Al final, la moraleja es clara: en toda residencia siempre hay alguien que dice una cosa y hace otra. Pero, como buena latinoamericana, la protagonista supo defender su espacio sin perder el humor, ni el ritmo. Y si no le enseñó nada a su compañera, al menos ganó anécdotas, risas y, probablemente, unas cuantas canciones nuevas para el repertorio del dormitorio.
¿Y tú, qué harías?
¿Te imaginas lidiar con alguien así? ¿Cuál ha sido tu peor experiencia con roommates? Cuéntanos en los comentarios tu historia o la venganza más creativa que hayas hecho. Porque, seamos sinceros, todos tenemos un poquito de justiciero dentro… y cuando se trata de defender el sueño, ¡nadie se rinde!
Si te gustó la historia, compártela y etiqueta a ese amigo o amiga que no sabe lo que es el “modo silencio”. Porque, al final, el respeto en la convivencia no es opcional… pero la venganza puede ser muy divertida.
Publicación Original en Reddit: Trolling my obnoxious, loud roommate