Cuando tu perro obedece... pero a su manera: la astucia canina de no morder juguetes en la cama
Si tienes perro, seguro conoces esa lucha eterna por mantener la cama limpia y libre de babas, pelos y, especialmente, de juguetes mordidos. Uno pone reglas claras, se pone firme como adulto responsable, y aun así... nuestros lomitos siempre encuentran una forma de salirse con la suya. Hoy te traigo una historia que resume a la perfección la picardía canina: la regla era sencilla, pero el perro la llevó al límite, literalmente.
La Regla de Oro: Nada de juguetes mordidos en la cama
En muchas casas latinoamericanas, la cama es territorio sagrado. Allí se duerme, se echan siestas, se ve la telenovela del mediodía o se descansa tras un largo día de trabajo. Por eso, cuando tienes perro y ves que empieza a masticar su peluche favorito justo encima de tus sábanas limpias, la alarma suena.
Así le pasó a nuestro protagonista, quien, cansado de encontrar almohadas y mantas “decoradas” con babas y agujeros, impuso la siguiente norma: “No se permiten juguetes de morder en la cama. Aquí solo se duerme, se apapacha y, con suerte, se finge que uno es adulto responsable con las sábanas impecables.”
Pero claro, los perros no nacieron ayer. El perrito, en vez de rebelarse abiertamente, empezó a seguir la regla... a su manera.
El “cumplimiento malicioso”: un genio legalista de cuatro patas
Cada vez que el lomito subía a la cama con su juguete, el dueño se lo quitaba con calma, lo dejaba en el piso y le decía: “No, los juguetes son para el piso.” A veces el perro obedecía y se quedaba en la cama sin juguete; otras veces, bajaba y masticaba el juguete en el suelo como buen chico.
Pero lo realmente divertido es cuando el perro decidió poner a prueba los límites de la ley humana: subía a la cama con el juguete, se acostaba en el borde, y dejaba que el juguete colgara por fuera, casi flotando en el aire. Así, técnicamente no estaba masticando el juguete SOBRE la cama, sino al borde, fuera del alcance de las sábanas. Un lector lo describió como “ganarle al sistema”, y no faltó quien dijera que el perro parecía abogado de telenovela, buscando la laguna legal.
¿Quién dijo que los perros no entienden nuestras reglas? Uno de los comentarios más celebrados dice, adaptado al español: “Lo mejor es que ambos ganan: el perro cree que se salió con la suya, y el humano mantiene la cama limpia.”
No solo los perros: los gatos y la eterna batalla de las reglas
Por supuesto, el debate entre perros y humanos no es exclusivo. Los gatos también tienen sus propias interpretaciones de las normas. Como contó un usuario, su gato tenía prohibido subirse a la mesa, así que el minino caminaba sobre los frascos o la cafetera, técnicamente evitando la superficie prohibida. Otro agregó con humor típico de nuestra región: “Los perros tienen amos, los gatos tienen personal de servicio.”
Y no faltó quien compartió anécdotas de otros perros que, al prohibírseles entrar a ciertas habitaciones o subirse a los muebles, simplemente ponían una patita adentro, o medio cuerpo en la zona prohibida, como diciendo “oye, técnicamente sigo la regla, ¿no?”
¿Astucia o despiste? Entre el ingenio y lo adorable
Algunos lectores debatían si estos comportamientos son realmente “maliciosos” o simplemente una cuestión de falta de conciencia espacial. El dueño original aclaró: “No lo hace con malicia, es más despistado que calculador. A veces hasta se cae del sillón porque rueda demasiado.” Pero otros aseguraron que, al menos en parte, los perros son perfectamente capaces de comprender dónde está el límite y cómo aprovecharlo a su favor.
Una usuaria compartió: “Mi perro no podía subirse al sofá. Así que en vez de subirse, apoyaba solo el lomo en las rodillas de uno, mirando con orgullo como si hubiera descubierto América. Lo mismo pasa en muchas familias mexicanas y argentinas: el perro nunca está ‘en el sillón’, solo está ‘casi’.”
Todos ganan (menos las sábanas): ¿Quién le pone reglas al amor perruno?
Al final del día, como bien dijeron varios comentaristas, lo importante es que el perro y su humano se entienden y se quieren. El perro encuentra la manera de estar cerca, de jugar y de recibir cariño, y el humano aprende a relajarse un poco con las reglas... o al menos a reírse de los intentos de su mascota por “burlar el sistema”.
En nuestra cultura, donde las casas suelen estar llenas de mascotas y las reglas se negocian más que en una novela de abogados, estas historias nos recuerdan por qué los perros y gatos son parte esencial de la familia. Y, como decimos en México: “Más vale perro travieso que cama sin pelos.”
¿Y tú? ¿Qué trucos han inventado tus mascotas para cumplir (o no) con las reglas de la casa? Cuéntanos en los comentarios, comparte la historia, y no olvides consentir a tu peludo hoy… aunque te robe un calcetín de vez en cuando.
Publicación Original en Reddit: My dog has a very specific rule: no chew toys on the bed. He disagrees.