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Cuando tu perro no es bienvenido: La guerra entre hoteles y reservaciones por terceros

¿Quién no ha sentido ese alivio de llegar al hotel después de un largo viaje, solo para descubrir que… las cosas no son como te prometieron? Ahora imagina que vienes con tu perro, tu fiel compañero de cuatro patas, y te dicen en la recepción que no puede entrar. ¿El culpable? No el hotel, sino esa famosa página de reservas que parece prometer el cielo y las estrellas, aunque después todo sea puro cuento.

Hoy te traigo una historia del mundo hotelero donde la realidad supera la ficción y donde los agentes de reservaciones por terceros parecen tener el superpoder de complicar todo… ¡con mentiras incluidas!

Reservaciones por terceros: ¿Ángeles o villanos?

En América Latina, cada vez más personas usan sitios de reservas como Spedia, Schmooking o Pricelame (sí, los nombres han sido cambiados para evitar demandas, pero seguro sabes cuáles son). ¿Quién no ha caído en la tentación de un descuentazo y un botón gigante que dice “Mascotas bienvenidas”? Lamentablemente, la realidad muchas veces es otra.

Un recepcionista compartió en un foro cómo un huésped llegó muy contento con su perro, creyendo que solo tenía que pagar una tarifa extra. Pero, sorpresa: el hotel NO aceptaba mascotas, solo animales de servicio (que, por ley, son otra cosa). El señor, primero muy honesto, admitió que su perro era solo su mascota. Pero al escuchar el “no puede quedarse”, cambió de versión más rápido que un político en campaña: “¡Es un animal de servicio!”. El recepcionista, que ya había escuchado la confesión y tenía cámaras grabando, no cayó en la trampa.

Según los comentarios, este tipo de situaciones son pan de cada día. Como dice un usuario, “Los de las agencias solo quieren cerrar la venta, la bronca se la dejan al hotel”. Otro hasta apostó que el huésped intentaría meter el perro a escondidas (y vaya que muchos lo han intentado: ¡uno contó que una vez metieron siete perros y un pájaro!).

¿Por qué mienten las agencias de reservaciones?

La respuesta es simple y dolorosa: para vender. Y como en muchas historias de telenovela, el afectado es el de en medio, en este caso, el hotel. Un comentarista lo resume así: “Las agencias de terceros son un dolor de cabeza. Te prometen cosas que no existen y cuando el huésped se enoja, la culpa recae en el hotel, no en ellos”.

En países como México, Argentina o Colombia, donde la cultura del regateo y la “palanca” está tan arraigada, no falta quien llegue exigiendo que se respete lo que le dijo “el agente por teléfono”, aunque esté completamente fuera de las políticas del hotel. Las agencias, con tal de no perder la reservación, te pintan el hotel a su antojo. Hasta te dicen que el reembolso lo debe hacer el hotel, cuando en realidad el dinero nunca pasó por las manos del hotel.

El lado humano (y cómico) de la recepción

Mientras el huésped insistía y amenazaba con esconder al perro, el personal del hotel mantuvo la calma. Le ofrecieron cancelar la reservación sin costo, devolverle el dinero a la agencia y hasta le imprimieron la página oficial del hotel para que viera, en negritas y subrayado, que NO se aceptan mascotas.

Pero como dice el dicho, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. El huésped insistía en que el hotel debía hacerse responsable de lo que dijo la agencia, como si el hotel y la agencia fueran “compadres de parranda”. Al final, el señor aceptó que su pareja y el perro buscaran refugio con un amigo, pero no sin antes enojarse porque le retuvieron un depósito de $300 dólares (política del hotel si te cachan con mascota). “¡Pero si el perro ni está en la habitación!”, reclamó. Aun así, el personal fue firme pero amable, y hasta le ofreció un lugar a cubierto para esperar a su amigo.

Como bien remata un usuario, “En este trabajo uno debe tener paciencia de santo, porque muchas veces la virtud es su propia recompensa… y, otras, su propio castigo”.

¿Moraleja? ¡Habla directo con el hotel!

Muchos en el foro coincidieron en algo que aplica en cualquier país de Latinoamérica: “Siempre revisa la página oficial del hotel o llama directo antes de reservar”. Así evitas sorpresas, malos ratos y, sobre todo, que tu peludo termine durmiendo en casa ajena.

Y si algún día te encuentras en la recepción con una historia parecida, recuerda que el personal hace lo que puede con la información (y las mentiras) que le dan. Si todos fuéramos tan pacientes como ese recepcionista, ¡el mundo hotelero sería un paraíso!

¿Te ha pasado algo similar con reservaciones por terceros? ¿Alguna vez tu mascota fue rechazada en un hotel? Cuéntame tu mejor anécdota en los comentarios, porque seguro tienes una historia que podría salir en la próxima novela… o en este blog.

¡Hasta la próxima, viajeros!


Publicación Original en Reddit: Third Parties and their need to lie.