Cuando tu jefe te niega $1, terminas cobrándole $3,000: la dulce venganza de un viático
Todos hemos tenido ese jefe que se ahorra hasta el último centavo, como si el dinero saliera de su propio bolsillo. Pero, ¿qué pasa cuando ese exceso de “ahorro” les sale el tiro por la culata? Hoy te traigo una historia que parece sacada de una telenovela de oficina, pero que ocurrió en la vida real y dejó a más de uno diciendo: “¡Eso le pasa por fijarse en tonterías!”.
El jefe tacaño y los viáticos de la discordia
La historia comienza en Inglaterra, pero podría haber pasado en cualquier oficina de Latinoamérica: nuestro protagonista fue enviado a un curso obligatorio de una semana, de esos que todos odiamos porque ya sabemos el tema de memoria, pero el jefe necesita el certificado para lucirse con los de arriba. El trato era sencillo: la empresa cubría el boleto de tren y el hotel (solo desayuno), y daban un modesto presupuesto para comidas: £5 para el almuerzo y £11.72 para la cena. Sí, ni para una hamburguesa con papas.
Todo iba bien hasta la última noche, cuando la cuenta de la cena fue de £11.75… ¡tres peniques más que el límite! Nuestro héroe pensó: “Bah, en otras noches gasté menos, seguro no pasa nada”. Completó su formulario de gastos y lo entregó al jefe, esperando el típico “OK”.
Pero no, el jefe lo llamó a la oficina y, con el orgullo de un guardián del tesoro, le negó el reembolso: “Te pasaste del límite, lee la política y vuelve a presentarlo”. Ni modo, a leer el reglamento.
“¿Quieres que siga las reglas? ¡A las que te atienes!”
Aquí es donde la historia se vuelve legendaria. Nuestro protagonista, haciendo gala del “cumplimiento malicioso” (ese arte de obedecer las reglas al pie de la letra para demostrar lo absurdas que son), se puso a leer no solo la política de viáticos, sino también el manual del empleado y hasta el contrato. Y, sorpresa, descubrió un montón de beneficios que nadie usaba:
- £5 por cada noche lejos de casa, sin necesidad de recibo.
- £30 extra por viajes de más de 3 horas.
- Reembolso por llamadas a la familia.
- Tiempo extra pagado por el viaje, e incluso doble el domingo.
- El viernes, al llegar tarde, contaba como otra noche de hotel.
Así que reformuló su solicitud, esta vez resaltando cada cláusula, y terminó pidiendo casi el triple de lo que originalmente iba a solicitar. No solo eso: llenó la hoja de horas extra, y el pago total fue un golazo digno de final de Libertadores.
Cuando el jefe lo llamó enfurecido para “no aprobar” el nuevo gasto, la respuesta fue simple: “Está en la política. Si no firma, lo elevo con Recursos Humanos”. De paso, le dejó caer la joya: “Si no me hubieras dicho que leyera las políticas, jamás habría encontrado todo esto”.
Y, como en toda buena novela, compartió el secreto con todos sus compañeros. ¡Imagínate la cara del jefe cuando vio la fila de empleados reclamando lo suyo!
Reflexiones del público: “Por ahorrarse centavos, perdieron miles”
Lo mejor de esta historia es la reacción de la comunidad. Un usuario sintetizó perfectamente el sentir popular: “Eso es ser codo con los centavos y derrochador con los billetes”. En Latinoamérica diríamos: “Por querer ahorrar un peso, terminó gastando mil”.
Otro comentó, entre risas, que solo el tiempo invertido en discutir esos tres centavos ya le costaba más a la empresa que el gasto original. ¿Te imaginas a dos empleados perdiendo tiempo valioso solo para negarle a alguien una Coca-Cola?
Y, como buen chisme de oficina, muchos aprovecharon para contar sus propias anécdotas: desde jefes que negaban peajes de $30 pesos hasta empresas que preferían pagar hoteles caros antes que dejar que uno llegara tarde. Todos coincidían en algo: un jefe que se obsesiona con los detalles mínimos termina perdiendo mucho más que lo que cree estar ahorrando.
Vivencias que cruzan fronteras: la cultura del “viático” en Latinoamérica
Aunque la historia pasó en Inglaterra, cualquier trabajador latino puede identificarse. Aquí también hemos lidiado con políticas absurdas: desde que te piden factura por cada taco que comes, hasta que te exigen llenar formatos interminables para que te reembolsen el bus. Y claro, siempre está el jefe que cree que el presupuesto de viáticos es un lujo, no una necesidad.
Pero también tenemos el ingenio para darle la vuelta: uno que otro compañero ha descubierto que si sigues todas las reglas al pie de la letra, terminas sacando más provecho de lo que pensabas. Como dice el dicho: “El que no llora, no mama”.
Conclusión: ¿Y tú, qué harías?
Esta historia nos deja una gran lección: a veces, seguir las reglas al pie de la letra es la mejor forma de demostrar lo absurdas que pueden ser. Así que la próxima vez que un jefe te quiera regatear el almuerzo, acuérdate de este caso y revisa bien el reglamento. Capaz y descubres que tienes derecho a mucho más de lo que pensabas.
¿Te ha pasado algo similar en tu trabajo? ¿Tienes un jefe que se fija hasta en el precio del café? ¡Cuéntanos tu anécdota en los comentarios y comparte este post con tus amigos oficinistas! Porque, al final, todos hemos tenido un jefe que termina pagando caro por querer ahorrar centavos.
Publicación Original en Reddit: Angry boss refuses expense claim and tells me to read the policy for guidance.