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Cuando tu jefe ni siquiera sabe cómo te llamas: historias de nombres y jefes tóxicos en el trabajo

Ilustración de anime de un empleado sorprendido en una tienda, reflexionando sobre la crítica de un gerente.
En esta vibrante escena de anime, nuestro protagonista enfrenta la inesperada presión de un gerente complicado. Acompáñalo en su viaje de resiliencia y autodescubrimiento mientras navega los desafíos de la vida en el comercio y aprende a afirmar su identidad en medio de malentendidos.

¿Te ha pasado que en el trabajo nadie se aprende tu nombre? O peor aún, que te metes en problemas ¡por culpa de ese detalle! En Latinoamérica, donde los apodos y diminutivos son casi tan importantes como el nombre original (¿quién no tiene un “Chucho”, “Lupita” o “Paco” en la familia?), este tipo de confusiones pueden ir de lo cómico a lo indignante. Hoy te traigo la historia de un usuario de Reddit que vivió en carne propia el clásico “ese no soy yo”, y cómo una simple equivocación de nombre puede destapar todo un drama laboral digno de telenovela… pero con más memes y menos comerciales de detergente.

El jefe que ni el nombre sabe

La historia comienza como muchas en el mundo del retail (esas tiendas donde uno va por pan y sale con media quincena gastada): nuestro protagonista, recién llegado al trabajo y con todas las ganas de ser el mejor empleado, recibe la llamada temida de su jefe. Pero no era para felicitarlo, sino para regañarlo por “no asistir a una reunión”.

Imagínate la cara de sorpresa: él, que siempre revisa el horario, ni enterado de la dichosa junta. El jefe, muy en su papel de “jefe amargado” (de esos que abundan más que el cilantro en los tacos), le dice que debe poner más atención al calendario y que no todos van a usar su apodo. Aquí en América Latina, los apodos no solo son comunes, ¡son casi sagrados! Si tu nombre es “José Ángel” pero todos te dicen “Pepe”, hasta tu abuelita te busca así en WhatsApp.

Pero el asunto se pone mejor: el empleado revisa el calendario de reuniones, busca su nombre real, su apodo, ¡y nada! El jefe, sintiéndose el más sabio de la oficina, abre el documento en la computadora y señala un nombre con total seguridad. Pero sorpresa: era el nombre de otro compañero. El jefe, que venía con toda la actitud de “yo nunca me equivoco”, se queda sin palabras. Y claro, después de ese oso monumental, nuestro protagonista aprovecha para preguntar: “¿Entonces sigo en problemas, o ya lo dejamos así?”. El jefe solo atina a decir que no, ¡y por fin empieza a usar el apodo correcto!

No eres el único: historias de nombres mal puestos y jefes distraídos

Lo mejor es que esta anécdota despertó cientos de historias parecidas entre los usuarios de Reddit, demostrando que los nombres en el trabajo son un tema universal.

Por ejemplo, un usuario recordó cómo su jefe lo regañó por “no presentarse a trabajar”, solo para descubrir que le habían borrado el nombre del calendario y lo cambiaron a lápiz por otro, sin avisar. ¡En serio, ni en una novela de Pedro Infante pasa eso! Otro contó que lo despidieron por “faltar una semana entera”, cuando en realidad estaba de vacaciones (¡aprobadas oficialmente!). Al final, no solo le devolvieron el trabajo, sino que el jefe que lo quería fuera terminó despedido.

¿Y qué tal la chica que cuenta que una supervisora siempre la llamaba por el nombre de otra? Cuando no respondía, la regañaban por “ignorar a la jefa”. En Latinoamérica, donde los nombres pueden ser repetidos, largos, cortos y hasta inventados, no es raro que te llamen como el primo, el vecino, o hasta el perro de la casa (“¡Firulais, pasa el control!”).

¿Nombre real, apodo o preferido? El dilema latinoamericano

En nuestra cultura, el tema del nombre es delicado. Hay quienes prefieren su apodo porque el nombre real es difícil de pronunciar, porque así los conoce toda la familia desde chiquitos, o porque simplemente les gusta más. Como bien resumió un comentarista: “En mi trabajo todos usan mi nombre preferido, hasta en el sistema aparece, menos en la nómina”. Otro recomendó: “¡Dile que es tu nombre preferido, no solo un apodo! Así se lo toma más en serio”.

Y es cierto: en muchos trabajos modernos ya puedes poner tu “nombre preferido” en el sistema, para que hasta en las videollamadas de Teams o Zoom te llamen como quieres. Eso sí, el recibo de nómina sigue saliendo con el nombre completo, como si te estuviera regañando tu mamá.

El arte de poner atención (y de no hacer el ridículo)

Lo más divertido de la historia es ver cómo el jefe, tan seguro de sí, termina haciendo el ridículo por no tomarse el tiempo de conocer a su propio equipo. Como diríamos por acá: “Por andar de sabelotodo, se le fue el tren”.

En los comentarios, la gente se burló del jefe que confundía nombres, otros compartieron anécdotas de jefes que cambiaban los horarios sin avisar o que ni siquiera aprendían los nombres de sus empleados. Hubo quien dijo: “Mi jefe me llamaba siempre por otro nombre, hasta escribía mi cheque así. Pero los del banco ya me conocían y nunca hubo problema”.

Y claro, no faltó el humor latino: uno imaginó al jefe regañando con “vibrato” (como si fuera cantante de rancheras), y otro sugirió que en vez de molestarse, debería cantar el famoso “That’s not my name” mientras le ve a los ojos al jefe.

¿Y tú, cómo te llamas en el trabajo?

En resumen, esta historia nos recuerda lo importante que es, en cualquier trabajo, reconocer y respetar la identidad de los demás. Si en tu oficina todos tienen un apodo, úsalo. Si alguien prefiere su nombre completo, respétalo. Al final, como bien sabemos en Latinoamérica, el respeto y el buen trato dicen más de ti que cualquier título de “jefe”.

¿A ti también te han llamado por otro nombre en el trabajo? ¿Alguna vez un jefe te echó la culpa de algo por una confusión así? Cuéntanos tu experiencia aquí abajo y comparte este blog con ese amigo al que siempre le cambian el nombre en la chamba. ¡Quizá hasta el jefe lo lea y aprende la lección!


Publicación Original en Reddit: 'Yeah that's not my name.'