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Cuando tu jefe dice “no es un trabajo de 9 a 5”... hasta que te conviene: La odisea de un MBA y un permiso que nunca fue

Persona contemplando decisiones de vida rodeada de libros y una laptop, simbolizando un MBA a tiempo parcial.
En esta imagen fotorrealista, una persona reflexiona sobre su desafiante trayectoria profesional y la decisión de cursar un MBA a tiempo parcial. La escena captura la esencia del crecimiento personal en medio de la adversidad, resaltando la lucha por encontrar un equilibrio entre el trabajo y la educación.

¿Alguna vez sentiste que tu trabajo te exprimía como limón en taquería, y que ni así te reconocían? Imagínate sentirte estancado, cansado y sin esperanza, aplicando a decenas (o cientos) de trabajos sin éxito, mientras tu empresa te hace la vida cuadritos por intentar superarte. Así empieza la historia de nuestro protagonista, un valiente que decidió inscribirse a un MBA de medio tiempo para darle un giro a su vida… solo para descubrir que los jefes pueden ser más volubles que el clima en la CDMX.

No es secreto que en Latinoamérica, pedir permisos en la chamba puede ser un deporte extremo: “¿Vas al doctor? ¿Otra vez, Juanito?”; “¿Una hora menos para estudiar? Uy, pero si aquí todos le echamos ganas…” Pero cuando la burocracia y la mala leche se combinan, hasta el empleado más aplicado termina con ganas de aplicar la de “renuncio y me voy a vender cocos a la playa”.

El sueño del MBA y la realidad del Godínez

La historia comienza con nuestro protagonista, quien tras un año sintiéndose como zombie en su trabajo, decide buscar la salvación en los estudios. Un MBA de medio tiempo suena perfecto: clases temprano o por la noche, y solo dos horas a la semana que apenas se cruzan con el horario laboral. Como buen empleado responsable, pregunta a todos los jefes: desde el de confianza hasta el “Big Boss” estilo jefe de telenovela, y todos le dan el visto bueno de palabra. ¡Ni una sola queja ni requisito de papelito!

Pero ya sabemos cómo son los trabajos en nuestra región: todo de palabra… hasta que te conviene. Así que, confiado, nuestro amigo empieza sus clases, sigue cumpliendo con la chamba y todo parece ir viento en popa. Eso sí, las vacantes nuevas brillan por su ausencia: tras aplicar a más de 200 puestos, solo tres entrevistas y ninguna oferta real. ¿Quién no se sentiría bajoneado?

Cuando la salud mental no cabe en el Excel del jefe

En un episodio digno de cualquier oficina latinoamericana, llega el día en que la presión hace mella y nuestro protagonista tiene una “resbalada mental”: un par de bromas fuera de lugar con la persona equivocada y, como suele pasar, alguien lo fue a “chismear” con los jefes. Para colmo, toma un día de incapacidad por salud mental (benditas 80 horas de permiso pagado), y entonces sí, los jefes que antes eran tan comprensivos se transforman.

Llega la llamada del “Big Boss”, que primero le reclama el ausentismo como si fuera pecado mortal, y luego le suelta la joya: “Si sigues faltando, afectas al equipo”. Todo esto tras solo dos días de incapacidad en tres meses. Y cuando nuestro héroe se atreve a enviar un correo para dejar constancia, la jefa explota: “¡Yo con migraña nueve días y ni así falté!”. ¿A poco no suena a la clásica competencia de sufrimiento tan común aquí?

Pero la cereza del pastel llega cuando, en represalia, le exigen “permiso por escrito” para asistir a sus clases, aunque ya tenía el visto bueno verbal. Literal, como dicen por acá: “Cuando no quieren que avances, te ponen trabas hasta por respirar”.

¿De palabra o por escrito? La trampa de la burocracia Godín

Después de hablar con Recursos Humanos, descubre que el horario oficial es de 8 a 5. Pero, como en muchas empresas latinas, aquí todos presumen que “esto no es de 9 a 5, aquí se chambea cuando se necesita”. Así que nuestro protagonista lleva meses conectándose desde las 4 a.m. para apoyar a colegas extranjeros y hasta las 10 p.m. para resolver pendientes. Pero al pedir una hora a la semana para su clase, ahí sí, “hay que ser estrictos con el horario”.

La comunidad de Reddit, fiel a su estilo, no tardó en opinar. Un usuario comentó, traducido al criollo: “¿Tantas horas extras y ahora te quieren atorar por una hora menos? Mejor ponte pilas, pide todo por correo y hasta reclama las horas extra desde el primer día”. Otro, más sarcástico, le dice: “¿De verdad nunca pediste nada por escrito y ahora te sorprende el manoseo?”.

Incluso hubo quienes dudaron que el MBA sea la solución mágica: “Si con este estrés y problemas de salud mental vas a un MBA, ¿no será peor el remedio que la enfermedad?”. Pero también hubo quienes vieron el lado irónico: “¡Ahora sí, a trabajar solo de 8 a 5 y nada más! Cuando te quieran correr por cumplir solo con el contrato y consigas un mejor trabajo, ahí sí será justicia divina”.

¿Moraleja? En la oficina, ni el café se pide de palabra

La historia aún no termina, pero deja lecciones que en Latinoamérica ya son casi proverbio: todo, TODO, pide por escrito. Porque el “sí, no hay problema” del jefe se puede convertir en “¿y el permiso firmado?” en un abrir y cerrar de ojos. Y, sobre todo, cuidar la salud mental es tan importante como cumplir con la chamba, aunque en muchas oficinas sigan pensando que uno debe ser como la licuadora: nunca enfermarse y trabajar hasta que truene.

Al final, nuestro protagonista sigue esperando la famosa aprobación oficial para esa hora semanal. Y como buen sobreviviente de la burocracia Godín, seguro aprenderá que, en la jungla laboral latinoamericana, el que no documenta… pierde.

¿Te ha pasado algo similar? ¿Qué trucos tienes para sobrevivir a los jefes de doble moral y a la burocracia de oficina? ¡Cuéntanos tu historia y comparte este post con tu amigo Godínez que siempre pide todo “de palabra”!


Publicación Original en Reddit: My Attempt (Fingers Crossed)