Cuando tu jefe anticuado quiere hacerse el vivo... y termina mordiéndose la lengua
Todos tenemos ese conocido en el trabajo: el jefe que parece sacado de otra época, convencido de que la única manera de trabajar es “a la antigua”, y que si no te ve sudando la gota gorda, piensa que no haces nada. Pero, ¿qué pasa cuando te cruzas con un jefe así y decides darle una cucharada de su propio chocolate? Hoy te traigo una historia real de esas que podrían pasar en cualquier oficina de Latinoamérica, pero que, gracias a la astucia y un toque de picardía, terminó dándole la vuelta al asunto.
El jefe chapado a la antigua y la doble carga de trabajo
Resulta que nuestra protagonista llevaba casi dos años trabajando en una empresa de retail, cuando un nuevo gerente —pongámosle Don Genaro, porque todos conocemos un "Don Genaro"— llegó a imponer sus “sabias” formas de liderar. El hombre, ya entrado en sus cincuentas, parecía más enfocado en impresionar a las empleadas jóvenes que en entender cómo funcionaba el negocio. Y como suele suceder, cuando sus encantos no funcionaron con ella —porque tenía novio y Don Genaro no acepta un no por respuesta—, su actitud se transformó en pura hostilidad.
En un giro muy típico de los jefes tóxicos, Don Genaro ofreció a nuestra protagonista un ascenso para convencerla de no renunciar. Pero apenas aceptó el nuevo puesto, el trato se volvió insoportable. No solo debía cumplir sus funciones como gerente de tienda, sino que, sin aviso formal ni aumento de sueldo, le recargó el trabajo con tareas de control de calidad. ¡Como si uno pudiera estar en dos lugares a la vez! Y para colmo, el jefe se molestaba si la veía sentada en su escritorio, aunque estuviera sacando el trabajo adelante. En la cabeza de Don Genaro, “trabajar” era igual a estar caminando por la tienda, no importaba si los papeles se acumulaban.
Cuando “cumplir al pie de la letra” se vuelve un arma poderosa
Aquí es donde entra el ingenio criollo. Nuestra protagonista, en vez de entrar en conflicto directo —porque ya sabemos que discutir con un jefe así es como echarle agua a un pato—, optó por la famosa “obediencia maliciosa”. Es decir, hacer exactamente lo que el jefe pide, pero de manera que quede en evidencia lo absurdo de sus demandas.
Durante su horario laboral, se dedicó solo a las tareas visibles de control de calidad, como quería Don Genaro. Los reportes, propuestas y cronogramas los preparaba en sus descansos y los enviaba por correo a su jefe, siempre copiando en los mails a la dueña y al director de la empresa. Por supuesto, Don Genaro nunca leía los correos (como buen jefe old school que desconfía de la tecnología), y solo se enteraba de lo que veía con sus propios ojos.
El boomerang del jefe “boomer” (aunque en realidad era Gen X)
La situación llegó a su punto máximo cuando Don Genaro, convencido de que nuestra protagonista no estaba haciendo su trabajo, organizó una reunión con los altos mandos para humillarla y pedir que la despidieran. Pero lo que no esperaba era que ella tenía guardadas todas las pruebas: correos electrónicos, documentos, y hasta copias impresas de los informes. Cuando mostró todo delante de los jefazos, quedó claro quién no había cumplido con su trabajo (spoiler: no era ella).
Aquí es importante mencionar una de las discusiones más graciosas en la comunidad de Reddit sobre esta historia: muchos usuarios salieron a aclarar que Don Genaro, con poco más de 50 años, ni siquiera era “boomer”, sino generación X. Pero como bien lo dijo un comentario: “Hoy en día, a cualquiera mayor de 40 ya le dicen boomer si actúa anticuado”. Así que, aunque el apodo no era exacto, el espíritu era el mismo: ese jefe que se niega a adaptarse y termina perjudicando a todos, incluido él mismo.
Una usuaria lo resumió perfecto: “Le diste suficiente cuerda para que él solito se ahorcara. Usaste su propio desprecio por la tecnología en su contra, ¡jugada maestra!”. Y otra aportó con humor: “Mira que a veces nos llaman boomers por usar signos de puntuación correctos, pero este jefe ni siquiera leía los correos, ni los impresos”.
Reflexiones y moralejas: astucia laboral a la latina
Al final, la historia tiene un final digno de telenovela: Don Genaro terminó despedido por incompetente, nuestra protagonista recibió un aumento (aunque igual se fue a los pocos meses por una mejor oportunidad), y la empresa aprendió —por las malas— a valorar el trabajo bien hecho y la comunicación clara.
De esta historia salen varias moralejas bien aplicables en cualquier oficina de Latinoamérica:
- Siempre guarda evidencia de tu trabajo. En tiempos de jefes desconfiados, un buen backup de correos puede salvarte el pellejo.
- No te desgastes en discusiones estériles; a veces, dejar que los hechos hablen por sí solos es más efectivo.
- Y sobre todo, nunca subestimes el poder de la “obediencia maliciosa” para poner en jaque a un jefe tóxico.
¿Tú has vivido algo parecido en tu trabajo? ¿Cómo lidiaste con un jefe anticuado o cerrado de mente? Cuéntanos tu historia en los comentarios, que en este rincón siempre hay espacio para compartir anécdotas y aprender unos de otros. Porque, al final, en el mundo laboral latino, la picardía y la astucia siempre tienen la última palabra.
Publicación Original en Reddit: My boomer manager and his boomerish ways of managing backfired on him