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Cuando tu jefa resulta ser igual o peor: historias de hipocresía en la recepción de lujo

Hay trabajos que parecen sacados de una novela de realismo mágico, donde uno espera que las cosas mejoren pero, de repente, todo se pone patas arriba. Así fue como empezó la historia de nuestro protagonista, recepcionista de amenidades en un residencial de lujo, quien pensó que la pesadilla terminaría con la salida del jefe más detestado del edificio. Pero como dice el dicho: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, y vaya que la vida le dio una lección.

De guatemala a guatepeor: la llegada de la nueva gerente

Imagínate trabajar en un lugar donde los turnos son larguísimos, el jefe es más amargado que café sin azúcar y el ambiente parece telaraña de tanto estrés que se respira. Nuestro protagonista sobrevivía en este ambiente, soñando con días mejores. Un buen día, el jefe tóxico finalmente se va (¡fiesta en la recepción!), y la subgerente, que antes había renunciado por culpa de ese mismo jefe, regresa y es ascendida a gerente.

Aquí todos pensaron que por fin habría justicia, que las cosas mejorarían... Pero como en toda buena telenovela, la trama dio un giro inesperado. Apenas asumió el cargo, la nueva gerente hizo justo lo contrario a lo que prometió. Nuestro héroe, que tenía uno de los turnos menos codiciados (domingo a miércoles de 2pm a 12am), le preguntó tres veces si cambiarían los horarios. La respuesta siempre fue: “No, tus horas están bien, no te preocupes”.

Confiando en su palabra, rechazó una oferta de trabajo en un hotel de cadena famosa, apostando por la lealtad al equipo y creyendo que la nueva administración sería diferente. Pero, ¡oh sorpresa! Poco después, la gerente metió un turno intermedio y le recortó las horas a casi la mitad. De 40 horas semanales, bajó a 24. Así, sin más ni más, como cuando vas al cajero y de repente tu saldo es menos de lo que esperabas.

Hipocresía y doble moral: reglas para unos, excepciones para otros

Lo más irónico es que, cuando el protagonista la conoció, ella misma criticaba los turnos largos y defendía la existencia de tres turnos en lugar de dos. Pero ahora, desde el trono gerencial, se le olvidó todo lo que predicaba y hasta empezó a ponerle multas y reportes por cosas tan triviales como no dejar una nota de turno o no hacer una reservación perfecta.

Para ponerle la cereza al pastel, un día llega un residente preguntando si puede meter a cuatro amigos para jugar póker. Nuestro protagonista, que seguía las reglas al pie de la letra, le dijo que no, pero la gerente pasó justo en ese momento y, como si no pasara nada, le ordenó que anotara los nombres y dejara entrar a los cuatro. Y cuando llegó el quinto, la gerente ni se inmutó.

Aquí es donde la tentación de la venganza pasiva-agresiva empezó a rondar la mente del protagonista: “¿Y si empiezo a poner en las notas de turno todos los favores que hacen los de la mañana, a ver si también los reportan?”. Nadie es de palo, y el sentirse traicionado por la persona que se suponía iba a mejorar las cosas, es el colmo.

La sabiduría de la comunidad: consejos, memes y realidades

Como en todo buen chisme laboral, la historia llegó a Reddit, ese rincón mágico donde la gente comparte penas y glorias de oficina. Las reacciones no se hicieron esperar. Una de las más votadas fue de un usuario que, con toda la honestidad del mundo, aconsejó: “No arruines los reportes de la gerente. Si ella te echa la culpa, el que va a salir perdiendo eres tú. Eso de andar metiendo a los compañeros en problemas solo para desquitarte, es de mala leche”.

Otro usuario, con ese humor punzante que caracteriza a las redes, resumió lo que todos pensaban: “Esto es como un deslizamiento de palabras, no entiendo nada”. Y es que a veces, cuando uno está tan frustrado, hasta la queja sale enredada (¿a quién no le ha pasado después de un turno matador?).

También aparecieron quienes recomendaron buscar trabajo en otro lado, recordando que, en Latinoamérica, muchas veces uno se queda en un empleo “por las prestaciones”, “por la antigüedad” o por miedo a empezar de cero. Pero, ¿vale la pena sacrificar la dignidad y la salud mental por un puesto donde el jefe cambia de nombre pero no de mañas?

¿Quién vigila al vigilante? Reflexiones finales

Este caso nos recuerda que, en el mundo laboral latinoamericano, la hipocresía no distingue cargos. Muchos hemos tenido ese jefe o jefa que juraba ser diferente y terminó igual o peor que el anterior. El doble discurso abunda: “Aquí somos una familia”, pero cuando hay que recortar horas, la familia se olvida.

La lección aquí es clara: si un jefe promete algo, pídele que lo ponga por escrito (¡nunca falla!). Y si sientes que te están viendo la cara, no pierdas tiempo en venganzas pequeñas; mejor busca un lugar donde realmente te valoren. Como decía la abuela: “Donde no te quieren, ni te detengas”.

¿Te ha pasado algo similar? ¿Algún jefe que resultó ser peor que el anterior? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este blog con ese amigo o amiga que está a punto de ponerle azúcar al café del jefe… o algo peor.

¡Nos leemos en la próxima anécdota de oficina, donde lo único seguro es que siempre habrá tela de dónde cortar!


Publicación Original en Reddit: Hypocrite manager