Cuando tu compañero grita al arroz: Crónica de una oficina latinoamericana con ciencia de internet
¿Alguna vez has tenido un compañero de trabajo tan intenso que te propone experimentos extraños solo para mejorar el ambiente laboral? Bueno, prepárate, porque lo que vas a leer no es una de esas historias de las que te cuentan en la sobremesa con café, sino una joya digna de los mejores memes de oficina latinoamericana: la vez que un colega decidió gritarle al arroz para demostrar el poder de las emociones en el trabajo. Sí, leíste bien. Arroz. El mismo que usamos para el arroz con leche o el arroz a la cubana.
¿Te imaginas a alguien en tu chamba, con bata de pseudo-científico, proponiendo que le digas “te amo” a un frasco de arroz y que luego le grites con odio al otro? Si piensas que esto solo pasa en videos virales o en TikTok, te equivocas. La historia real sucedió en una oficina tóxica, de esas donde el jefe parece más villano de telenovela que líder, y el protagonista es un “Kevin” de manual: inteligente, sí, pero con la brújula moral y científica medio trabada.
El “Experimento del Arroz”: Cuando la pseudociencia entra al trabajo
Todo comenzó en una oficina cualquiera, de esas donde el café nunca alcanza y los memes de WhatsApp son el único consuelo. Kevin, el compañero entusiasta y algo crédulo, leyó sobre el famoso “Experimento del Arroz” de Masaru Emoto. Para quienes no lo conocen, Emoto es ese japonés que aseguraba que los sentimientos humanos podían afectar la materia, como el agua, el arroz… o hasta las plantas. La idea era simple: tres frascos de arroz cocido, uno al que le dices cosas bonitas, otro al que insultas y uno más al que ignoras. Según Kevin, el arroz “feliz” se mantiene blanco, el “maltratado” se pudre y el ignorado… bueno, nadie habla de él, pobre.
Kevin llegó emocionadísimo a la oficina, como quien trae una nueva receta de empanadas. “Oigan, esto va a cambiar la energía aquí. Si le gritamos al arroz malo y le mandamos amor al bueno, el ambiente va a mejorar”. Ya te imaginas la cara de los demás: entre el “no puede ser” y el clásico “ya va a empezar este cuate”.
El jefe, que más bien era el típico mandamás narcisista, dudaba pero se veía tentado: “¿De veras sirve eso?”. Kevin, convencidísimo: “¡Claro! Es ciencia. Hay un japonés en internet que lo probó”. Y ahí fue cuando el otro colega, voz de la razón, se negó rotundamente: “No hay manera de que me pase un mes gritándole a un frasco de arroz”.
Entre risas, memes y duda: El internet y la ciencia de “a peso”
Lo más divertido fue ver cómo la historia resonó en redes. Un usuario en Reddit lo resumió perfecto: “No hay camino que me lleve a gritarle a un arroz durante un mes”. Esta frase se volvió casi viral, como ese meme de “no lo sé, Rick, parece falso”. Otros usuarios, entre el relajo y el sarcasmo, recordaban experimentos similares con plantas (“Dicen que si le pones reggaetón a las plantas se marchitan, pero si es bolero crecen más bonitas”, decían en tono de broma).
En Latinoamérica, donde la abuela siempre recomienda poner un vaso de agua bajo la cama para las malas vibras y donde hasta el arroz se cura con un rezo si se pasa de sal, este tipo de experimentos no suena tan descabellado. Hay quienes de verdad creen que hablarle bonito a la comida hace que salga mejor (¡hola, mamás mexicanas y su “que no se corte la mayonesa”!). Pero una cosa es la fe de la abuela y otra muy diferente es traer teorías de “científicos de internet” al trabajo.
¿Por qué nos encanta la pseudociencia en la oficina?
La clave está en el ambiente laboral. En muchos trabajos latinoamericanos, cuando el estrés aprieta y el jefe parece salido de una novela de Televisa, cualquier idea para “mejorar el clima” puede sonar atractiva. Pero como bien apuntó otro usuario en los comentarios, “hay una línea muy delgada entre ser creativo y caer en tonterías que solo hacen perder tiempo”. Y vaya que Kevin cruzó la línea.
Lo curioso es que, como pasa con los remedios de la abuela, siempre habrá quien defienda estas ideas: “Si no lo pruebas, ¿cómo sabes que no funciona?”. Pero también está el lado escéptico, que en este caso se negó rotundamente: “No te respeto lo suficiente para pedirte esto”, le contestó el compañero a Kevin, cerrando la puerta al arroz gritón para siempre.
Reflexión final: Entre arroz, ciencia y sentido común
Esta historia, más allá de las risas y los memes, nos deja una lección muy latinoamericana: no todo lo que brilla en internet es oro… ni todo lo que dice un “científico japonés” es cierto solo por salir en YouTube. En el fondo, el deseo de tener un mejor ambiente laboral es válido, pero quizá es mejor apostar por una buena charla, un cafecito o incluso una tanda para una pizza, en vez de andar gritándole al arroz.
¿Y tú? ¿Te animarías a gritarle a un frasco de arroz para mejorar la oficina? ¿O prefieres seguir con los remedios tradicionales de la tía? Cuéntanos tu experiencia con experimentos raros en el trabajo, ¡seguro que hay historias aún más locas por ahí!
Publicación Original en Reddit: Kevin Screams at Rice