Cuando tomar apuntes se vuelve una tortura: Cumplimiento malicioso en la clase de historia
¿Quién no ha tenido al típico profe “todólogo” que cree que su método es el único camino hacia el éxito escolar? Ahora imagina tener que lidiar con eso siendo estudiante con Tourette y TDAH, y encima, que escribir a mano sea tu peor pesadilla. Pues justo de eso va la historia de hoy, contada por un usuario en Reddit que se las ingenió para cumplir las reglas de la manera más pícara posible. Si alguna vez has sentido que el sistema educativo no está hecho para ti, prepárate para reír, indignarte y, por qué no, sentirte identificado.
Cuando el lápiz es el enemigo: La lucha silenciosa de muchos estudiantes
Desde chavos, en Latinoamérica nos enseñan que “la letra con sangre entra”, pero ¿qué pasa cuando escribir literalmente te duele? El protagonista de esta historia, criado por una madre docente en casa, tenía Tourette y TDAH, lo que ya de entrada le hacía la vida más difícil en las aulas. Pero lo que realmente lo traía por la calle de la amargura era que el simple acto de escribir a mano era una tortura: calambres, letras gigantes y la sensación de que el lápiz es el archienemigo de su aprendizaje.
Y no es el único. En los comentarios de la historia, mucha gente salió a contar sus propias batallas con la escritura. Uno decía: “A mí también me duele escribir mucho rato. Soy hipermóvil y los dedos se me enchuecan”. Otro añadía: “Tengo TDAH y escribir a mano es como pelear con una serpiente”. Incluso hubo quien recordó esas épocas de exámenes eternos donde acababas con la mano tiesa como taco de billar. Algunos se dieron cuenta después de años que sufrían disgrafía, una condición que casi nadie conoce en nuestra región, pero que hace que escribir sea una odisea.
Adaptaciones escolares: Entre el “deber ser” y la realidad
En la universidad, nuestro protagonista por fin respiró: le dieron tiempo extra, exámenes privados, permiso para grabar clases y, sobre todo, un “notetaker” (alguien que le pasaba los apuntes). Todo iba viento en popa hasta que llegó a la temida clase de historia de Estados Unidos con un profesor que, por lo visto, se creía descendiente directo de algún general confederado.
El profe, excelente orador pero más terco que mula, decidió que la única forma válida de aprender era tomando apuntes a mano. Que si no, nada de apuntes extra. El estudiante intentó explicarle que su cerebro necesitaba escuchar y ver, no escribir, pero el profe ni por enterado. Aquí muchos lectores pensarán: “¡Eso es discriminación!”. Y sí, varios en los comentarios lo señalaron, diciendo que en nuestras escuelas y universidades muchas veces se ignoran las verdaderas necesidades de los alumnos, como si todos fueran cortados con la misma tijera.
Cumpliendo las reglas “al pie de la letra”… pero con picardía
Aquí viene lo sabroso: nuestro amigo propuso grabar la clase con una grabadora (sí, de esas de casete, más retro que el Walkman de papá) y el profe aceptó, contento de que al menos “hiciera el esfuerzo”. Pero la trampa estaba en que nunca escuchaba las grabaciones y ni siquiera grababa la clase completa. Solo ponía la cinta, la dejaba correr hasta que se llenaba, y la semana siguiente, grababa encima la mitad de la clase anterior. ¿Resultado? El profe feliz, y el estudiante tranquilo, porque seguía recibiendo los apuntes del ayudante.
En los comentarios, un usuario mexicano bromeó: “Eso es lo que yo llamo cumplir con la ley de Herodes: o te chingas o te jodes, pero cumples”. Otros lamentaron que muchas veces los maestros no entienden que las adaptaciones no son privilegios, sino derechos. Hasta hubo quien sugirió que el estudiante debió denunciar al profe, porque en Estados Unidos (y en muchos países de Latinoamérica, aunque en papel), negarse a dar adaptaciones es motivo de sanción.
Más allá del aula: Reflexión y comunidad
Lo más bonito de esta historia es cómo la comunidad online se unió para compartir experiencias similares. Desde quienes terminaron usando computadoras para escribir, hasta los que inventaron métodos caseros para aguantar los exámenes (“me amarraba los dedos con una liga para que no se me doblaran”). Otros, entre risas, recordaron maestros tercos que decían que la única forma de aprender era “a la antigüita”.
Pero también hubo mensajes de aliento: “No digas que no eres inteligente, solo necesitas encontrar tu manera de aprender”, escribió una usuaria, recordando que en la vida, como en la escuela, lo importante es no rendirse y buscar lo que nos funciona.
Al final, el protagonista confesó que, pese al mal rato, disfrutó la clase por lo buen orador del profe, aunque nunca dejó de pensar que ser buen docente es más que saber mucho: es entender que cada alumno aprende diferente.
Conclusión: ¿Y tú, cómo te las ingeniaste en la escuela?
En América Latina, donde los recursos y la empatía a veces escasean en las aulas, historias como esta nos hacen reflexionar y reírnos un poco de nuestras propias experiencias. ¿Te tocó algún profe cuadrado? ¿Alguna vez tuviste que hacer “cumplimiento malicioso” para sobrevivir la escuela o la uni? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios! Y recuerda: el verdadero aprendizaje es el que se adapta a ti, no al revés.
Publicación Original en Reddit: Malicious compliance in history lecture