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Cuando “ser grosero” significa simplemente decir “no”: Crónica de un berrinche adulto en recepción

Imagen cinematográfica de un adulto enojado que refleja la frustración infantil por deseos no cumplidos.
Esta ilustración cinematográfica captura la esencia de la frustración adulta arraigada en los berrinches de la infancia. Nos invita a explorar cómo los sentimientos no resueltos pueden perdurar y afectar nuestras relaciones.

¿Alguna vez has sentido que atender clientes es como estar en una guardería, pero con adultos de traje y corbata? Cuando trabajas en atención al cliente, especialmente en hoteles, te das cuenta de que muchos nunca superaron la etapa de “quiero esto y lo quiero ahora”. Y claro, cuando no reciben un “sí” como respuesta, ¡prepárate para el drama! Hoy te traigo una historia real que bien podría ser el guion de una telenovela, solo que en vez de lágrimas hay reseñas enojadas y sonrisas falsas.

El berrinche disfrazado de “mal servicio”

Todo comenzó como una noche tranquila en la recepción de un hotel cualquiera. Una familia entra, sonriente, y empieza su check-in. Pero la calma dura poco: la señora de la familia, muy amable al principio, pregunta con voz dulce si pueden dejar su auto en el estacionamiento. Hasta ahí, todo normal.

Pero cuando el recepcionista le pregunta cuánto tiempo planea dejar el carro, la realidad sale a la luz: “Nos quedamos solo esta noche, volamos mañana y regresamos en una semana”. Ahí es donde el cuento de hadas termina. El hotel no ofrece el famoso “park-and-fly” (ese servicio donde puedes dejar tu carro mientras viajas), y la respuesta es un claro y educado “no”.

Y entonces, como si le hubieran dado la noticia de que se canceló la final del Mundial, la señora cambia el tono: “¡Pero llamé antes y me dijeron que sí se podía!”. El recepcionista, con la paciencia de un santo, le pregunta con quién habló. “¡Ojalá hubiera pedido el nombre!”, responde ella, entre dientes. Incluso ofrece mostrar el registro de llamadas, como si eso demostrara algo más allá de que efectivamente llamó.

Aquí es donde varios lectores de la historia, como sucede en los foros en línea, no pueden evitar reírse. Como bien comentó un usuario: “Mostrar el registro solo prueba que llamaste, no lo que te dijeron. Es como si mi abuelita me dijera que puede ver la novela porque prendió la tele, pero no encuentra el canal”.

El manual de la queja: pasos para no aceptar un “no”

La situación se pone cada vez más cómica. La señora insiste: “La persona que me atendió dijo que sí, ¿no puedes respetar eso?”. El recepcionista, firme pero amable, le explica que la política lleva más de dos años sin cambios y que, si quiere, puede cancelar la reservación sin costo para que busque otro hotel con la opción que necesita.

¿La respuesta? “¿A esta hora? ¡Por favor!” (eran las 7 de la noche, pero para ella era como si fuera la medianoche en la Central de Abastos). Y lo mejor: “¿Puedo hablar con el gerente?”. El clásico. El recepcionista le informa que el gerente estará hasta la mañana siguiente.

En este punto, los comentarios de la comunidad no tardan en aparecer. Uno resume el “checklist Karen” (queja universal): primero inventar una conversación ficticia, luego pedir hablar con el gerente y, si no funciona, dejar una reseña negativa diciendo “fueron groseros”. Otro usuario sugiere, en tono de broma, que deberían dejar el auto... ¡para que la grúa lo retire y lo guarden por “un módico precio”!

¿Por qué algunos adultos nunca superan el “no”?

La historia no termina ahí. La señora hace un último intento: “¿Cuánto costaría dejar el auto aquí?”. El recepcionista, sin perder la compostura, reitera: “No ofrecemos ese servicio, señora”. La familia se va, pero no sin antes lanzar la frase del siglo: “¡Solo quiero que sepas que sí llamé directamente!”.

Al día siguiente, la venganza llega en forma de reseña negativa. “Pésima comunicación. Me dijeron que podía dejar el auto, pero la recepción fue grosera y nada servicial”. Incluso tergiversó la oferta de cancelar la reserva, como si le hubieran dicho “¡váyase!”. Por suerte, el gerente respaldó al recepcionista en su respuesta pública, dejando claro que las reglas no se hacen para romperse a capricho de quien grita más fuerte.

Un comentario muy acertado de la comunidad dice: “Decir ‘rude’ (grosero) en una reseña casi siempre significa ‘no me dieron lo que quería’ y en realidad el grosero fui yo”. Y es que, como diríamos en Latinoamérica, “al que le quede el saco, que se lo ponga”.

Reflexión final: ¿Cómo lidiar con los berrinches adultos?

Esta historia es el pan de cada día para quienes trabajan de cara al cliente, sea en hoteles, restaurantes o incluso en oficinas de gobierno. Hay quienes creen que insistiendo lo suficiente o inventando historias conseguirán lo que quieren. Y cuando eso no sucede, recurren al clásico “¡qué grosero!”. Pero como bien dijo un usuario: “¿Acaso en la vida todo se consigue solo porque uno lo pide?”.

En nuestra cultura latinoamericana a veces somos más propensos a buscarle “el lado amable” a todo, pero también sabemos cuándo una norma es una norma. Al final, la clave está en ser firmes pero educados, y no dejarse manipular por berrinches de adultos que nunca aprendieron a escuchar un “no”.

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Cuál ha sido la excusa más insólita que te han dado para romper las reglas? ¡Cuéntanos tu historia y sigamos riéndonos juntos de esos mini-dramas cotidianos!


Publicación Original en Reddit: 'Rude' = 'You didn't give me what I want and now I'm mad'