Cuando ser demasiado correcto en el trabajo te mete en problemas: la historia de la tarifa fantasma
¿Te ha pasado que haces exactamente lo que te piden en la chamba y, aun así, terminas siendo el malo de la película? Pues prepárate para identificarte, porque la historia de hoy viene con todo: confusiones, jefes que nunca están, y una lección sobre cómo en el trabajo a veces “te fríen si sí y te fríen si no”. Si alguna vez has lidiado con reglas absurdas, managers ausentes y clientes que se quieren pasar de listos, esta historia te va a encantar.
El contexto: Fraude, descuentos y un jefe fantasma
Corría el 2020, ese año que nos dejó a todos con historias para el café. En un hotel de Estados Unidos, la cosa estaba dura: fraudes por todos lados y el ambiente más tenso que fila del SAT en quincena. La gerente general renunció después de que le recortaran el sueldo a la mitad (¿quién no lo haría?). Así que el hotel quedó con el Director Regional de Operaciones, ese tipo que solo “se daba la vuelta” un par de veces por semana, como cuando el jefe quiere que veas que sí trabaja, pero en realidad no hace nada.
En medio del caos, nuestro protagonista —el recepcionista, a quien vamos a llamar Juan para mexicanizar la historia— tenía una misión: revisar con lupa los formularios de la tarifa de empleado, porque había un chorro de fraude con ese descuento. El jefe vino, saludó, le dijo: “¡Ojo con eso, eh!”, y se fue como llegó.
El huésped misterioso y la llamada nocturna
Pasaron unos días y, de repente, Juan vio una reservación en el sistema: un huésped que hizo check-in móvil y pedía su llave digital. Pero había un detallito: reservó con la tarifa de empleado, la famosa “associate rate”, que solo se puede conseguir con un código y un formulario especial. Sin ese papelito, ni soñando te dan el descuento.
A las 10 de la noche, el huésped llama, ya medio molesto porque no recibe su llave. Juan, muy en su papel, le explica: “Necesito ver el formulario antes de darte acceso, esas son las reglas.” El huésped se hace el sorprendido, dice que no sabe nada del formulario y pide que le den la llave “porque tiene su confirmación a $79 la noche”. Juan le explica —otra vez— que sin el formulario, nada. El cliente insiste, empieza a perder la paciencia, pero Juan se mantiene firme. Incluso le buscó tarifas alternativas (como el famoso AAA), pero ninguna bajaba de $239. El huésped, enojado, promete que va a buscar otra opción y nunca regresa. No show.
El jefe regresa… y la tragedia de ser demasiado correcto
¿Crees que ahí termina la historia? ¡Para nada! Al día siguiente, el jefe regional regresa y le dice a Juan que el huésped lo llamó para quejarse. ¿Y qué crees? Ahora el jefe se queja de que Juan “no fue flexible” y que la actitud no fue la mejor. Juan, con la frente en alto, recuerda la instrucción: “Tú me dijiste que no aceptara fraudes, jefe”. Pero el jefe, como buen “mangler” (palabra que se inventó la comunidad para estos pseudo-managers), solo dice: “Pues sé más flexible la próxima vez”, sin explicar qué rayos significa eso.
Aquí es cuando los comentarios de la comunidad de Reddit entran como cuchillo en mantequilla:
- Un usuario comentó: “Estamos fritos si lo hacemos y fritos si no. Así es ser recepcionista.” ¿A poco no suena como cuando tu jefe te pide que seas amable, pero que no te dejes, pero que también vendas más, pero sin regalar nada?
- Otra persona sospechó que el propio jefe quería meter a algún conocido con el descuento, por eso estaba tan sensible con el tema del fraude. En Latinoamérica diríamos: “Eso huele a favoritismo del bueno, ¿no?”
- Varios recomendaron: “Pidan todo por escrito. Si el jefe quiere que rompas las reglas, que te lo pida en correo y así te cubres las espaldas”. Aquí sí aplica el dicho: “El papelito habla”.
- Alguien hasta soltó: “Seguro el jefe se sentía mal porque tuvo que lidiar con un cliente enojado y necesitaba pasarle el coraje a alguien más.”
Reflexión: ¿Qué hacer cuando las reglas solo aplican para algunos?
Esta historia es el pan de cada día en muchos empleos de Latinoamérica. Nos piden ser estrictos, pero también flexibles, pero tampoco tanto, y que si el cliente se queja, pues busquemos cómo darle el gusto. Es el típico “hazlo, pero no tanto… y si te equivocas, la culpa es tuya”.
El consejo de oro que sale de esta anécdota y de los sabios comentarios de internet: todo por escrito, siempre. Que no te agarren en curva. Y si te toca un jefe “mangler” que nunca está conforme, respira hondo, haz tu trabajo y que la vida siga. Porque como decimos por acá: “Aunque le pongas azúcar, si el café es amargo, amargo se queda.”
Conclusión: ¿Y tú, qué hubieras hecho?
¿Has vivido algo parecido en tu trabajo? ¿Te han pedido ser “más flexible” sin explicar cómo? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, si te gustó este relato, compártelo con ese amigo que siempre termina siendo el culpable aunque haga todo bien. Porque al final, todos hemos sido Juan alguna vez.
¿Y tú, eres team “sigue el reglamento” o team “hazle al mago para que el jefe no se enoje”? ¡Déjanos tu opinión!
Publicación Original en Reddit: Umm, sorry I did exactly what you told me to do?