Cuando ser amable en un hotel sale caro: Crónicas de una recepcionista enloquecida
¿Alguna vez has sentido que, hagas lo que hagas, nada es suficiente? Imagina estar en la recepción de un hotel, con la mejor disposición y ganas de ayudar, pero cada gesto amable solo te mete en más problemas. Así es la vida de muchos trabajadores de hotelería en Latinoamérica, donde la paciencia se pone a prueba todos los días y, como dicen los abuelos, "no hay bien que por mal no venga".
Hoy te traigo una historia que parece sacada de una telenovela, pero es real y muy común para quienes trabajan tras el mostrador de un hotel. Así que toma asiento, porque esta anécdota te hará reír, indignarte y, tal vez, sentirte identificado si alguna vez fuiste huésped complicado o, peor aún, el que tuvo que atenderlos.
El arte de buscar reservaciones perdidas (y la paciencia infinita)
Todo comenzó una tarde cualquiera, cuando la recepcionista—la heroína anónima de esta historia—estaba sola, casi sin habitaciones disponibles y con las tareas del día hechas. Entra un trío: dos mujeres y un hombre, todos rondando los cincuenta años. Ni un "buenas tardes", ni una sonrisa… solo un apellido lanzado al aire como si fuera la palabra mágica.
Ella, con la cortesía típica del personal hotelero latino, les pregunta si van a hacer check-in y cómo estuvo su viaje. La respuesta: un seco “sí” y el apellido, otra vez. Aquí empieza el calvario. La reservación no aparece. ¿Será otro nombre? ¿Tienen número de confirmación? Nada. La esposa, molesta, casi le lanza la mirada de la suegra de las novelas mexicanas y le exige que "no puede ser tan difícil encontrar la reservación". El esposo insiste en su nombre, pero ni número de confirmación trae.
La recepcionista, ya con el sexto sentido de quien ha visto de todo, pide amablemente que tomen asiento, mientras investiga. Al final, descubre que cancelaron su reserva original y la hermana de la esposa hizo una nueva a su nombre, poniendo al esposo como acompañante. ¿Un gracias por el esfuerzo? No. Solo más reclamos. Pero ella, como buena profesional, los registra y los manda a su habitación.
Cuando la cama extra se convierte en el drama del siglo
No pasa mucho antes de que regresen a recepción, ahora quejándose de que la "cama extra" es solo una “cama de niño”. La recepcionista, ya resignada, pregunta si se refieren a una cuna. Pero no, es una cama individual, tal como reservaron. El hotel está lleno, no hay margen para milagros. Les explica, con la paciencia de un santo, que la cama individual es apta para adultos. Pero los huéspedes insisten en que es para niños… y el drama continúa.
Aquí, muchos lectores latinoamericanos recordarán a esa tía que siempre quiere una cama “king size” aunque viajen solos, o ese primo que jura que una cama individual es “para adolescentes”. Un usuario en el foro comentó, con el humor que nos caracteriza: “Seguro que la cama extra era más grande y cómoda que el asiento del auto en el que llegaron, pero igual se quejaron”. ¡Tal cual!
Aire acondicionado en invierno y la odisea de nunca acabar
Al día siguiente, la misma historia. Esta vez, el problema es el aire acondicionado: “No enfría lo suficiente”. Es pleno invierno, el sistema solo baja hasta 19°C (¡que para muchos ya es fresco!). Se les explica la situación, pero exigen cambio de habitación. La recepcionista, ahora acompañada de una colega, les muestra varias habitaciones—todas con la misma temperatura, obvio—pero la huésped jura que una se siente “más fresca”.
Como buena anfitriona, la recepcionista hasta les prepara un sofá cama más grande de lo necesario y deja nota para que les lleven ventiladores, por si vuelve el drama. Como dijo un forista: “A algunos huéspedes no los vas a contentar nunca, hagan lo que hagan, siempre encontrarán motivo para reclamar. Parecen familiares en Navidad: nunca están conformes”.
El colmo: ¡la villana de la reseña!
Después de días de paciencia infinita, la recepcionista se toma unos días libres. Al volver, descubre la cereza del pastel: una reseña en internet donde la acusan de floja, incompetente y de obligar a la cuñada a dormir en una cama de niño (¡cuando era una cama individual!). Además, la acusan de mentir sobre los sofá camas y de no querer ayudar.
Muchos trabajadores hoteleros en el foro coinciden: “Algunos huéspedes creen que por pagar una habitación, el mundo gira a su alrededor”. Otros comparten historias similares, como el de la persona que ayudó a un huésped sin dinero a buscar cómo pagar, solo para recibir una mala reseña. Y es que, como decimos en México, “no hay chile que les embone”.
Reflexión final: ¿Vale la pena ser tan amable?
Esta historia es más común de lo que parece. En la hotelería latinoamericana, el trato cálido y servicial es casi una obligación cultural, pero a veces la amabilidad se paga caro. Como bien señalaron varios comentaristas, hay quienes nunca van a estar contentos, así les des la luna y las estrellas.
Así que la próxima vez que vayas a un hotel y tengas una queja, recuerda: detrás del mostrador hay alguien que, además de lidiar con sistemas de reservas, camas y aires acondicionados, también está haciendo malabares para que tu experiencia sea agradable. Y si eres de los que trabajan en atención al cliente, ¡ánimo! Que no falte el buen humor y la paciencia… aunque a veces sientas que eres el villano de la novela.
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Eres de los que siempre pide aire acondicionado aunque esté nevando? ¡Cuéntanos tu experiencia abajo y comparte este post con tus amigos hoteleros! Porque, como en toda buena historia, lo mejor es reírse juntos de las tragedias ajenas… y propias.
Publicación Original en Reddit: no good deed goes unpunished