Cuando seguir instrucciones al pie de la letra pone en jaque a tu jefe
¿Quién no ha tenido un jefe que insiste en que sigamos las instrucciones “tal cual”? En Latinoamérica, donde la creatividad y el “ingenio criollo” suelen ser la clave para sobrevivir en la oficina, a veces toparse con un manual absurdo es el pan de cada día. Pero, ¿qué pasa cuando un empleado decide cumplir esas indicaciones tan literalmente que el sistema se tambalea? Prepárate para una historia que demuestra que, a veces, la mejor protesta es simplemente hacer lo que te piden... en exceso.
El arte de cumplir al pie de la letra (y de exponer lo absurdo)
La historia, tomada de un popular hilo de Reddit, comienza como tantas otras: un jefe, quizás recién ascendido y con ganas de lucirse, exige que se siga el checklist de bienvenida de nuevos clientes “exactamente como está escrito”. Nuestro protagonista, ni corto ni perezoso, nota que la lista está llena de pasos redundantes: imprimir formularios ya digitales, firmar papeles innecesarios, escanear lo escaneado... un verdadero carnaval burocrático digno de cualquier dependencia pública latinoamericana.
¿Y qué hizo? Pues obedeció. Imprimió, firmó, escaneó y volvió a enviar cada formulario varias veces, siguiendo el protocolo al pie de la letra. El cliente, confundido pero sorprendido por tanta “atención al detalle”, no entendía nada. El jefe, por su parte, pronto se dio cuenta de que algo no cuadraba: tanto papeleo no tenía sentido. A veces, hacer exactamente lo que te piden es la mejor forma de mostrar lo absurdo de las reglas.
Cuando la obediencia se convierte en rebelión silenciosa
En los comentarios, la comunidad no tardó en reaccionar con anécdotas y risas. Un usuario compartió: “¡Genial! Ahora seguro te toca reescribir el checklist de bienvenida.” Cuántos de nosotros no hemos caído en esa trampa: señalas un problema y, por arte de magia, ahora es tu responsabilidad arreglarlo. Otro internauta, con ese humor que tanto nos caracteriza, agregó: “Eso pasa cuando el jefe cree que tienes tiempo de sobra. Si la gerencia piensa que puedes hacerlo, es su problema”.
En Latinoamérica, donde la palabra “proceso” suele ir acompañada de un suspiro o una risa resignada, estas historias nos resultan familiares. Todos conocemos al compañero que, por evitarse problemas, prefiere “hacer lo que dicen y ya”, aunque implique llenar tres veces el mismo formulario. Como bien dijo otro comentarista: “La mejor forma de cambiar un mal proceso es seguirlo”. No hay nada como que el propio sistema colapse bajo su propio peso para que los de arriba decidan escuchar.
Burocracia y creatividad: una relación de amor-odio
Lo curioso es que la “obediencia maliciosa” no es exclusiva de los países anglosajones. En nuestras oficinas, desde Ciudad de México hasta Buenos Aires, siempre ha existido esa mezcla de picardía y paciencia. Un usuario contó que el formulario digital de su empresa pedía “llenar con bolígrafo o máquina de escribir”, así que se pasó dos días usando una vieja máquina de escribir para luego escanear los documentos. Al menos, confesó, aprendió mucho sobre el funcionamiento del aparato. Porque, al final, hasta los procesos más absurdos pueden dejarte una anécdota para el café.
Otra historia reflejó la frustración de quienes sí quieren hacer bien las cosas, pero chocan con la lentitud de los demás: “Ojalá los otros gerentes siguieran mi checklist de bienvenida. Pero traen al empleado y esperan que yo arregle todo después. Así nos fue cuando uno no tenía ni identificación para conducir los autos de la empresa”. ¡Cuántas veces hemos visto eso!
¿Humor o protesta? Cuando la risa es el mejor motor de cambio
Lo más sabroso de estas historias es la forma en que el humor funciona como válvula de escape y, a veces, como palanca de cambio. En palabras de otro usuario: “Había un jefe que aplicaba las políticas absurdas al pie de la letra para que todos se quejaran y los de arriba se vieran obligados a cambiar”. Eso sí, como recordaron varios, eso solo funciona cuando los jefes tienen la humildad de reconocer un error; si no, simplemente se aferran a su idea, aunque todo se venga abajo.
Y si te pagan por hora, como bromeó otro comentarista, “no hay problema: mientras más pasos, mejor”.
Conclusión: Hazlo tan bien, que se note lo ridículo
La moraleja es clara: en ocasiones, la mejor crítica a un proceso absurdo es cumplirlo tan rigurosamente que todos vean lo innecesario. En Latinoamérica, donde la burocracia es casi un arte, quizás deberíamos atrevernos más seguido a aplicar este tipo de “obediencia estratégica”. Así, tal vez, los procesos se vuelvan un poco más humanos y mucho menos kafkianos.
¿Alguna vez has seguido instrucciones tan literalmente que el sistema colapsó? ¿Te han puesto a corregir el proceso después? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y, si te gustó la historia, compártela con ese compañero que siempre dice “hazlo como dice el manual”.
¡Que nunca falte el ingenio para sobrevivir en la jungla de la oficina!
Publicación Original en Reddit: Boss Said “Follow the Instructions Exactly,” So I Did