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Cuando pedir un cigarro termina en desastre: la historia de los cigarros empapados

Un paquete de cigarrillos mojado descansa sobre una mesa, evocando recuerdos de fumar en el sureste de Texas en un día lluvioso.
Esta imagen fotorrealista captura la nostalgia de una tarde lluviosa en el sureste de Texas, donde el aroma de los cigarrillos húmedos revive recuerdos de tiempos más sencillos.

¿Alguna vez te ha pasado que pides algo esperando recibirlo de buena onda, y terminas con las manos vacías… o peor, con las manos llenas de lodo? Hoy te traigo una historia tejana que se volvió viral en Reddit y que nos deja una lección sobre pedir favores, la picardía y por qué a veces la vida te devuelve exactamente la energía que das.

En el sur de Texas, donde la humedad y la lluvia a veces parecen eternas y donde la cultura del cigarro aún tiene su propio folclore, un usuario de Reddit compartió una anécdota que encendió –literal y figuradamente– las redes. ¿El escenario? Una tienda de conveniencia, un día lluvioso, un paquete recién abierto de cigarros y un desconocido con mucha confianza… pero poca suerte.

Pedir cigarros en tiempos de lluvia: una tradición con toque latino

En muchos países de Latinoamérica, pedir un cigarro a un desconocido no es nada raro. Incluso existe la frase “¿Me regalas un cigarro?” que puede abrir la puerta a una conversación, una amistad fugaz o simplemente una sonrisa y un “gracias”. Pero, como bien sabemos, la clave está en el cómo lo pides.

En la historia original, el protagonista solo cruzó miradas con un tipo afuera de la tienda, pero al salir, el desconocido se transformó en el mejor amigo perdido cuando vio el paquete nuevo. Sin mucho tacto, bloqueó el paso en la acera mojada y soltó: “¡Oye, bro, déjame cachar uno de esos cigarros!” Aquí, “catch one” (cachar uno) es una forma coloquial de pedir, pero el narrador decidió tomarlo al pie de la letra… y la cosa se puso buena.

Cumplir la petición, pero con malicia: el arte del “cumplimiento malicioso”

En vez de entregar el cigarro en la mano, el protagonista retrocedió, como si estuvieran por jugar en una cascarita de barrio, y le dijo: “¿Cómo vas a cacharlo desde tan cerca? Hazte para atrás”. El tipo, confundido, estiró la mano, pero el narrador, fiel a la consigna de “cachar”, lanzó el cigarro directo al pecho del desconocido. ¡Y plop! El cigarro cayó en un charco, arruinado por completo.

¿Final feliz? ¡Para nada! Nuestro héroe no estaba satisfecho y le echó ánimos: “¡Pon atención, bro, que ahí va otro!” Y zas, otro cigarro directo al lodo. Después de varios intentos y cigarros sacrificados al dios de la lluvia, el desconocido, derrotado, simplemente se fue. El narrador, triunfante, encendió un cigarro seco y se subió a su camioneta, como todo buen vaquero moderno.

Entre la picardía y la mala leche: ¿Aplausos o abucheos?

Lo interesante de esta historia no es solo la anécdota, sino el debate que encendió en internet. Algunos usuarios aplaudieron la astucia: “Si pides mal, recibes mal”, decían, comparando la situación con esas veces que alguien te pide un favor de mala manera. Otros, sin embargo, lo consideraron pura maldad o hasta “venganza chiquita”. Un comentario destacado lo puso así: “Un verdadero adicto no se rinde tan fácil”, sugiriendo que alguien muy necesitado hubiera recogido los cigarros mojados para secarlos después, como más de uno ha visto en plazas o parques de nuestras ciudades.

También hubo quienes recordaron anécdotas propias: “En mi barrio, si te pones pesado para pedir un cigarro, lo más probable es que te quiten toda la cajetilla en un descuido”, algo que cualquier chilango o tapatío ha escuchado en sus propias esquinas. Incluso salió el clásico humor de baño, con referencias a los cigarros mojados en los mingitorios y lo difícil que es prenderlos después (¡ni lo intenten, de verdad!).

Por supuesto, no faltaron las críticas: “Esto no es cumplimiento malicioso, es solo ser mala onda”, o “Si vas a hacer una travesura, que sea contra alguien que realmente lo merezca”, comentarios que reflejan el eterno debate entre aplicar la ley del hielo o devolver la moneda… pero con un toque de ironía.

Reflexión: ¿Qué hubieras hecho tú?

A veces, las historias más simples encienden (sin juego de palabras) debates sobre cortesía, cultura y hasta adicciones. En Latinoamérica, regalar un cigarro es casi un acto de hermandad, pero también sabemos que el abuso de confianza puede sacar el lado más travieso de cualquiera.

En este caso, el narrador decidió jugar con las reglas y devolver la petición exactamente como se la pidieron. ¿Justicia poética o pura mala leche? Uno de los mejores comentarios lo resume con humor: “En realidad, si de verdad odias a alguien, mándale una cajetilla cada semana… así lo matas lento, pero seguro”.

¿Y tú? ¿Alguna vez te han pedido algo de forma tan descarada que decidiste “cumplir” pero de manera literal? ¿Crees que el protagonista se pasó, o simplemente pagó con la misma moneda? Cuéntame en los comentarios tu experiencia o la mejor anécdota que te haya pasado pidiendo (o dando) un cigarro en la calle. ¡Que no se apague la conversación!


Publicación Original en Reddit: Soggy Cigarettes