Cuando pedir la cédula se vuelve arte: la dulce venganza contra el cliente arrogante
¿Alguna vez te han pedido la cédula para comprar alcohol y sentiste que te estaban faltando al respeto? ¿O más bien te alegraste porque, bueno, te halagaron la juventud? Hoy te traigo una historia divertida de esas que solo pueden pasar detrás del mostrador de una tienda… y créeme, hay más drama del que imaginas.
En Latinoamérica, todos hemos visto al típico cliente que cree que las reglas no aplican para él. Pero, ¿qué pasa cuando el encargado del mostrador decide no dejarse intimidar y convierte la ley en su mejor aliada? Agárrate, porque te vas a identificar o, mínimo, reírte un rato con la venganza más chiquita, pero sabrosa, del mes.
El cliente que cree que la tienda es su casa
La historia comienza como tantas otras: un joven de 19 años llega a la tienda, seguro de sí mismo, queriendo comprar alcohol. El empleado, siguiendo la política de la provincia (como muchas veces pasa también en nuestros países), le pide la cédula porque a simple vista parece menor de 25. ¡Y ahí empieza el show! El chico pone el grito en el cielo, se queja, presume que desde los 14 ya compraba ahí (¡y hasta lo dice con orgullo, como si violar la ley fuera un logro!).
El empleado, lejos de amedrentarse, toma una decisión que a muchos nos parecería obvia: si cada vez que vienes vas a hacer berrinche, te voy a pedir la cédula SIEMPRE. Ni foto, ni excusas, ni “es que ya soy cliente frecuente”. ¿Tienes cédula? Bienvenido. ¿No la traes? Pues a buscarla. ¿Una foto es suficiente? ¡Claro que no!
Entre la ley y el ego: ¿es tan difícil mostrar la cédula?
Lo interesante es que esta pequeña historia encendió el debate en internet. Muchísimos usuarios, desde abuelitos hasta veinteañeros, contaron sus propias experiencias. Por ejemplo, una usuaria de 64 años contó entre risas que le pidieron la cédula en un bar, y lejos de molestarse, hasta agradeció el cumplido. Otro señor, ya calvo y con hijos adultos, relató que en su boliche favorito lo siguen pidiendo cédula porque “la política de la empresa lo exige”. Y claro, la mayoría coincide en lo mismo: “Mejor que te pidan la cédula mil veces y conservar tu trabajo, que arriesgarte por un cliente necio”.
Una frase se volvió viral entre los comentarios: “No voy a arriesgar mi trabajo por tu ego”. ¡Qué verdad tan grande! En América Latina sabemos que los empleos no se encuentran en los árboles, y nadie quiere perder su chamba por venderle una cerveza a alguien que no quiere sacar la cartera.
Como bien dijo una comentarista, “El que se enoja porque le piden la cédula… sospechoso ha de ser”. En nuestros países, pedir la cédula es tan común como pedir el ticket en la tiendita; ¿por qué hacer tanto escándalo?
El arte de la pequeña venganza: cuando cumplir la ley se siente sabroso
Aquí es donde la historia adquiere su toque de “sabrosura”. El empleado decidió que, aunque el chico cumpla 25, igual le va a pedir la cédula cada vez que lo vea. ¿Por qué? Porque un poco de justicia poética nunca está de más. Muchos en la comunidad lo apoyaron: “La mejor venganza es cumplir la ley al pie de la letra, sobre todo si la otra persona siempre hace berrinche”.
Esto es muy latino: la picardía de ponerle sabor a las reglas, y hasta disfrutar cuando el que se porta mal recibe su merecido… pero todo dentro de la ley. Es como cuando el policía de tránsito te detiene solo por pasarte el semáforo en amarillo y tú sabes que sí, tenías prisa, pero también que te tocaba la multa. Ni modo, a aguantar vara.
Reflexiones de la comunidad: ¿por qué tanto drama por una cédula?
Varios usuarios compartieron anécdotas que nos hacen pensar. Uno contó que en su ciudad las cajas registradoras no dejan terminar la venta si no se escanea una identificación, incluso si el cliente tiene canas. Otra comentó que, cuando le piden la cédula, siente que le hicieron el día.
En América Latina, donde a veces la ley se interpreta “a la mexicana” o “a la criolla”, hay que recordar que el empleado no está ahí para hacerte la vida difícil, sino para cumplir con su trabajo. Como dice el dicho, “El que nada debe, nada teme”. Y en este caso, si tienes la edad y la cédula, ¿por qué hacer drama?
Conclusión: ¿Y tú, eres team cédula o team berrinche?
Esta historia es un recordatorio de que a veces las “venganzas pequeñas” son las más dulces, especialmente cuando sirven para poner en su lugar a quienes se creen intocables. Así que, la próxima vez que vayas a la tienda por tu six de cerveza, tu vino para la cena o hasta tu botella de ron para el asado, lleva tu cédula, sonríe y hasta agradece el cumplido.
Y si eres de los que trabajan en mostrador, ¡ánimo! No estás solo. La comunidad te respalda, y tu trabajo vale más que el ego de cualquier cliente. ¿Te ha pasado algo parecido? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios! Porque al final, todos tenemos una anécdota con la cédula que merece ser contada.
Publicación Original en Reddit: This arrogant client that I keep asking for his ID