Cuando pedir “Asterix” en tu presentación termina en una comedia digna de Goscinny y Uderzo
En toda oficina latinoamericana siempre hay, mínimo, un compañero terco y otro que presume de saberlo todo. Y si los juntas en una misma sala con una computadora de por medio, lo que debería ser una simple presentación de PowerPoint puede terminar convertido en una escena digna de una tira cómica.
Hoy les traigo una historia que parece sacada de las oficinas de cualquier empresa en México, Colombia o Argentina… pero que sucedió en una de marketing en Inglaterra. Y vaya que los protagonistas se lucieron con su necedad, su orgullo y, claro, con su sentido del humor (aunque fuera involuntario). ¿Listos para reír y, de paso, aprender algo sobre la importancia de escuchar bien… y de no pelearse con los sabelotodo?
El origen del conflicto: ¿Asterisco, Asterix o sólo ganas de discutir?
Todo comenzó como empiezan las mejores historias de oficina: con una tarea aparentemente sencilla que se complica por culpa de los egos. Paul, el típico colega con ideas fijas, estaba dictando su presentación a otro compañero, el narrador de esta historia, quien además de ser algo pedante, tenía fresca una discusión previa con Paul sobre cómo se pronuncia la “H” en inglés (el famoso “aitch” vs “haitch”, para los que alguna vez estudiaron inglés y discutieron con el profe).
En medio del dictado, Paul pidió de manera muy insistente que pusieran un “Asterix” delante de cada punto. Sí, “Asterix”, como el galo de los cómics franceses, no “asterisco”, la estrellita que conocemos todos en Latinoamérica. El narrador, fiel a su espíritu de corrector de ortografía y gramática, intentó corregirlo con suavidad:
—¿No querrás decir asterisco?
Pero Paul, en modo necio nivel suegra en Navidad, respondió que no: que era “Asterix”. Y hasta buscó testigos, pero el pobre John, tercer integrante del equipo, prefirió mirar al suelo y no meterse en la bronca.
Aquí, muchos de nosotros ya habríamos soltado una carcajada o, al menos, preguntado: “¿Seguro que quieres al galo de los cómics y no la estrellita?” Pero el narrador decidió darle gusto y cumplir, al pie de la letra, con su petición.
Cuando la “obediencia maliciosa” se encuentra con la cultura pop
El término “obediencia maliciosa” (o “cumplimiento malicioso”) es un clásico en oficinas y escuelas de toda Latinoamérica. Es esa actitud de hacer exactamente lo que te piden, aunque sepas que el resultado será absurdo, solo para demostrar lo equivocado de la orden. Aquí, el narrador llevó este concepto a otro nivel: buscó en Google una imagen de Asterix el galo, el pequeño guerrero francés conocido por su bigote rubio, su casco con alas y su eterna lucha contra los romanos (y sí, para los que no lo sepan, Asterix no es vikingo, es galo… y eso también fue parte del chiste).
Así fue como cada viñeta de la presentación, en vez de tener un asterisco, lucía a Asterix levantando el dedo, como diciendo “¡Aquí te va tu punto, campeón!”.
Cuando Paul vio el resultado, explotó:
—¿¡Y este vikingo qué hace aquí!?
A lo que el narrador, sin perder la compostura, respondió:
—No es vikingo, es galo. Es Asterix… tal como lo pediste. Yo te lo confirmé dos veces.
La escena es tan universal que cualquiera podría imaginarla sucediendo en una agencia de publicidad en la CDMX, una oficina estatal en Lima o un banco en Buenos Aires. Siempre hay alguien que quiere tener la razón cueste lo que cueste… hasta que la realidad (o un meme, o una caricatura) le da un golpe de humildad.
Lo que la comunidad opinó: risas, curiosidades y un toque de pedantería colectiva
La anécdota, que fue compartida en Reddit, desató una ola de comentarios igual de divertidos que la historia misma. Hubo quien, como buen latino, aprovechó para tirar chistes y juegos de palabras: “¡Cuidado, la próxima vez va a decir que el monumento de Washington es un Obelix!” (en referencia al inseparable amigo de Asterix). Otros, con humor muy geek, decían: “Ojalá no tenga que llamar al soporte técnico por un problema con su disco duro…”
No faltó el que, como buen “todólogo”, corrigió datos históricos: que si Asterix es francés y no belga, que Tintín sí es belga, que si los galos no son vikingos… Y hasta alguien aportó una curiosidad médica: en medicina, “asterixis” es el nombre de un temblor involuntario en pacientes con problemas hepáticos. Imaginen la confusión si Paul hubiera pedido eso en el IMSS.
Muchos lectores, como buenos fans de los cómics de Asterix (que no faltaban en las bibliotecas públicas de varias ciudades del continente), compartieron su nostalgia al recordar las aventuras del galo y Obelix. Y, por supuesto, hubo quienes se identificaron con aquel compañero callado que solo quiere terminar la jornada sin meterse en líos: “Pobre John, mejor hacerse el desentendido”.
¿Por qué a veces es mejor preguntar dos veces (y reírse de uno mismo)?
Esta historia nos deja varias lecciones: la importancia de la comunicación clara, lo divertido que puede ser tomarse la vida menos en serio y, sobre todo, el poder de la cultura pop para salvarnos de discusiones inútiles. Hay quienes nacieron para discutir y quienes, como el narrador, encuentran placer en demostrar que, a veces, cumplir una orden absurda es la mejor forma de enseñar humildad.
En el fondo, todos hemos sido Paul en algún momento (tercos y seguros de que tenemos la razón) y también hemos sido el narrador (con esa satisfacción de aplicar una “obediencia maliciosa” que termina en risas). Lo importante es saber cuándo reírnos de nosotros mismos, pedir perdón y, por qué no, ponerle un poco de Asterix (o asteriscos) a nuestros días de oficina.
¿Y tú? ¿Alguna vez cumpliste una orden absurda solo para demostrar un punto? ¿Te identificas más con Paul, el narrador o John el que “mejor me callo”? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios! Y recuerda: en la vida y en la oficina, a veces es mejor ser el galo que se ríe, que el romano que nunca aprende.
Publicación Original en Reddit: Colleague was adamant he wanted 'Asterixes' on his presentation. You got it buddy.