Cuando los scouts fumaron “el auténtico tabaco de conejo”: Una venganza poca pero sabrosa en el campamento
¿Alguna vez has sentido esas ganas de vengarte, aunque sea un poquito, de alguien que te hace la vida imposible? Pues prepárate para una historia que mezcla ingenio, travesura y un toque de justicia poética al más puro estilo de los scouts… pero con un giro que nadie vio venir. Seguro que después de leer esto, verás las fogatas y los cigarros “artesanales” de otra manera.
Imagínate el típico campamento de scouts. Noche estrellada, adultos dormidos y los líderes del grupo, esos “machos alfa” que se creen la última Coca-Cola del desierto, presumiendo mientras arman sus propios cigarros. Pero lo que no sabían es que esa noche, iban a fumar algo mucho más “auténtico” que tabaco. ¿Listo para descubrir cómo una pequeña dosis de venganza puede convertirse en leyenda?
La travesura: Más allá del bullying scout
Todo empezó en Colorado, donde el clima es tan seco que hasta el estiércol se convierte en polvo. El narrador y su mejor amigo estaban hartos de ser los “chalanes” de los líderes, esos típicos bullies que te hacen limpiar, cargar cosas y hasta aguantar sus aires de superioridad. Y claro, como buenos muchachos ingeniosos, decidieron que era hora de devolverles el favor, pero a su manera.
La idea era sencilla, casi poética: aprovechar que los conejos y venados de la zona dejan bolitas de excremento tan secas que parecen pasas. Así que, mientras los “líderes” se ponían a fumar como si fueran vaqueros de película, los chicos pidieron ver la bolsa de tabaco, “muy impresionados”, y aprovecharon para triturar discretamente unas cuantas bolitas secas y mezclarlas con el tabaco. Dicen que la venganza sabe mejor si es fría... pero, en este caso, fue seca y con un toque de pasto rancio.
Las reacciones: Entre la risa, el asombro y el “¡qué asco!”
La comunidad de Reddit no tardó en reaccionar, y vaya que hubo comentarios para todos los gustos. Uno de los más populares propuso: “Deberían darles una insignia de venganza”, y otros se sumaron inventando medallas como “La insignia del me vale madre”, “La insignia de reciclaje extremo” y “La insignia de creatividad bajo presión”. ¡Imagínate ganarte un parche por ser el más ingenioso usando lo que te da la naturaleza!
Otro usuario, con humor muy negro, comentó: “Esto no es venganza pequeña, esto es venganza de tercer grado, casi criminal… ¡Bravo, OP!”. Y no faltó quien hiciera juegos de palabras adaptados a nuestra tierra: “Eso es como el dicho: el que juega con fuego, termina oliendo raro”, o “Eso sí que es fumar la auténtica mierda”. Incluso hubo quien recordó travesuras similares, como uno que contó que en su escuela mezclaron laxantes y caca de alce en brownies para los compañeros del dormitorio. ¡La creatividad adolescente no tiene límites ni fronteras!
Por supuesto, también hubo quien se rió del contexto: “En mi pueblo, apagábamos la fogata del campamento orinando todos juntos, y luego veíamos cómo el líder metía la mano para comprobar que no quedara brasa. Risas garantizadas”. Y hasta quien hizo referencia a la cultura pop, sugiriendo que, en vez de “Cheech and Chong”, aquí sería “Cheech and Dung”… porque el humor escatológico es universal.
Entre la picardía y el ingenio latino: ¿Justicia o travesura?
En Latinoamérica, todos conocemos ese sentimiento de querer darle una lección al que abusa del poder, aunque sea con una broma pesada. En muchas familias y escuelas, los “líderes” suelen pasarse de listos, y las respuestas creativas son parte del folclore. Esta historia, aunque gringa en origen, tiene ese sabor a picardía que tanto nos gusta: usar lo que tienes a mano, pensar rápido y, sobre todo, no dejar que los abusivos se salgan siempre con la suya.
Claro, siempre habrá quien diga: “¡Qué asco, cómo se atreven a tocar excremento!” Pero, como explicó el autor original, en Colorado esas bolitas secas ni siquiera huelen, se deshacen como si fueran tierra, y hasta se parecen al tabaco mezclado con hojitas. Y, siendo sinceros, ¿cuántos de nosotros no hemos hecho alguna travesura parecida en la escuela, el trabajo o el barrio? Como decimos aquí: “Al que le dan pan que llore… y al que le dan conejo, que fume”.
Reflexión final: La venganza, ese condimento que nunca falta
Esta historia nos enseña algo muy latino: nunca subestimes la creatividad de los que están abajo en la jerarquía. A veces, la justicia no llega por la vía formal, pero sí por la vía de la risa, la broma y el ingenio. Y aunque no recomendamos andar mezclando cosas raras en los cigarros de nadie (¡ojo con la salud!), sí creemos que es válido buscar maneras de equilibrar la balanza, siempre con un toque de humor y sin hacer daño de verdad.
Y tú, ¿alguna vez fuiste víctima o autor de una venganza así, pequeña pero memorable? ¿Qué “insignia” te ganarías en el club de la picardía? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, si tienes alguna anécdota de campamento, barrio o escuela, ¡compártela! Porque, al final, todos tenemos un poco de scout vengador por dentro.
¿Quién diría que una bolita de conejo podía convertirse en símbolo de justicia juvenil? Así es la vida… y así somos en este lado del mundo.
Publicación Original en Reddit: Smokin' the real shit.