Cuando los jefes matan la comunicación: una historia de caos corporativo y venganza pasiva
¿Alguna vez te ha tocado ser testigo de cómo tu empresa, en su afán por “mejorar procesos”, termina haciendo todo más difícil y caótico? Esa historia donde el sentido común brilla por su ausencia y al final todos pagan el pato… menos tú. Prepárate para reírte (o llorar) con esta anécdota corporativa sacada del mundo real, donde las decisiones de escritorio y la desconexión con la realidad de la chamba ponen a prueba la paciencia de cualquiera.
Esta es la crónica de un empleado que hizo exactamente lo que le pidieron, y vio con satisfacción cómo el nuevo “gran sistema” se desmoronaba en tiempo récord. Porque a veces, la mejor venganza es cumplir las órdenes al pie de la letra y ver el mundo arder… con palomitas en mano.
Cuando la “optimización” sale más cara: el inicio del desastre
Imagina que trabajas años perfeccionando un sistema donde la relación directa con los clientes lo es todo. Emails, juntas cara a cara, detalles pulidos, conocimiento profundo del negocio… Hasta que un día, mientras estás de vacaciones, los de arriba deciden cambiarlo todo sin consultarte. ¡Sorpresa! Al volver te encuentras con un formulario frío, estandarizado, que te reduce a marcar cuántas cajas hay que mandar, sin importar a quién, ni por qué, ni con qué condiciones. Todo lo que antes hacías con maestría y dedicación, ahora ni siquiera te dejan tocarlo. ¿Te suena familiar?
Uno de los comentaristas, recordando sus propias batallas en la oficina, lo resumió perfecto: “Es gratificante ver cómo todo se va al carajo cuando no estás, sobre todo si te ignoraron antes.” Y es que en América Latina, todos conocemos al jefe que cree que “optimizar” es meter mano sin preguntar a quienes realmente hacen el trabajo. El resultado: procesos deshumanizados, errores por doquier y una falta de sentido común que da risa… o ganas de llorar.
La “obediencia maliciosa”: el arte de cumplir y dejar que el caos reine
Al protagonista solo le quedó acatar órdenes: “No te salgas del formulario, no corrijas nada, no cuestiones.” Así que dejó de salvar el pellejo a la empresa y se limitó a llenar su parte. Cuando los problemas empezaron a reventar —clientes sin insumos, datos mal capturados, pedidos atorados—, él simplemente podía decir, con una sonrisa: “Yo seguí el procedimiento”. Como bien dijo un usuario: “No me molesta hacer lo que me dicen, y ver cómo todo se derrumba a mi alrededor… ¡que les aproveche!”
Esta estrategia, conocida en inglés como “malicious compliance” y que aquí llamaríamos “obediencia irónica” o “cumplir con malicia”, es el último recurso de quienes ya advirtieron los problemas y fueron ignorados. Es como ese momento en la familia o la oficina mexicana donde dices: “Bueno, tú mandas… pero luego no digas que no te lo advertí.” Y cuando todo truena, solo falta el meme del perrito con café diciendo “This is fine”.
El valor del conocimiento práctico: ¿Por qué nunca escuchan a los que sí chambean?
Muchos comentarios coincidieron en lo absurdo de dejar fuera a quienes tienen la experiencia real. Como escribió un latino que fue jefe de obra: “Siempre preguntaba a los equipos qué funcionaba y qué no antes de cambiar cualquier cosa. Ellos sabían más que yo; ¿por qué no escucharlos?” Y es que en nuestra cultura, la jerarquía pesa, pero cuando un jefe se atreve a dialogar y reconoce el valor de los de abajo, el trabajo fluye mejor.
El protagonista lo dejó claro en un comentario: “El problema es que los de oficina ni saben lo que hacemos y tras la reestructuración nos ignoran. Cuando me vaya, estarán hasta el cuello”. Y es que la experiencia de campo, la que no aparece en el Excel, es la que realmente sostiene a la empresa. Aquí todos conocemos al compañero que salva el día, pero al que nunca le reconocen el mérito… hasta que se va y la oficina se convierte en piñata.
Cuando el sistema colapsa y nadie sabe ni dónde está parado
Al final, la ironía máxima: los jefes que implementaron el nuevo sistema se quedan sin saber ni el nombre de los clientes, ni los productos (¡eran 197 diferentes!), ni el historial. Solo tienen la cantidad de cajas. Todo lo que hacía funcionar el proceso antes, ahora está perdido entre correos viejos y la memoria de quien ya no tiene por qué ayudar. Como decimos en México: “Ahora sí, a ver cómo le hacen.”
Y mientras los de arriba se rascan la cabeza, el protagonista se recupera de una cirugía, viendo desde lejos cómo tres directores no pueden avanzar. “Es un desastre, pero yo ya hice lo que me pidieron”, resume. Y para rematar, ya tiene entrevistas en otras empresas. Como aconsejó un lector: “¡Empieza a buscar chamba desde ya, porque ahí solo van pa’bajo!”
Conclusión: ¿Te ha pasado algo igual?
Historias así abundan en empresas de todo el continente. Cambios hechos desde la torre de marfil, sin escuchar a los que sí ponen el lomo. ¿Te suena conocido? ¿Eres de los que han visto el caos desde la primera fila o has sido el que apaga fuegos? Cuéntanos tu anécdota, comparte tus memes favoritos de oficina y, sobre todo, nunca olvides que el conocimiento de la gente en la trinchera vale oro… aunque algunos jefes sigan sin entenderlo.
¿Tú qué hubieras hecho? ¿Aplicarías la “obediencia maliciosa” o te lanzas a salvar el barco aunque el capitán no sepa ni nadar? ¡Déjanos tu comentario y armemos el debate!
Publicación Original en Reddit: Ghosting and loving it...