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Cuando los huéspedes tienen demasiado tiempo libre: las quejas más absurdas en un hotel

Ilustración estilo anime de un empleado de hotel manejando una queja extraña de un huésped sobre una tostadora.
En esta vibrante escena anime, un empleado de hotel enfrenta los retos peculiares de las quejas de los huéspedes, desde tostadoras desenchufadas hasta problemas inusuales con la cafetera. ¡Acompáñanos a explorar el lado humorístico de la hospitalidad!

Trabajar en un hotel es como ser árbitro de un partido de barrio: nunca sabes con qué te va a salir la gente y, a veces, las quejas son tan absurdas que te preguntas si estás en una cámara oculta. Desde el clásico “¡La tostadora no sirve!” (y resulta que ni conectada estaba), hasta el drama por una cafetera sin agua. Pero hay niveles… y hoy te traigo la historia de Diana, la reina de las quejas sin sentido, porque en el mundo de la hospitalidad hay personas que, cuando tienen mucho tiempo libre, parecen buscar cualquier excusa para sentirse protagonistas.

El arte de quejarse por deporte

Imagina que trabajas en la recepción de un hotel donde la mayoría de los huéspedes se quedan por largas temporadas. Entra Diana, una señora que parece tener un radar especial para detectar lo que nadie más ve. Desde el primer día, empezó su peregrinaje de cuarto en cuarto: que si a este le falta alfombra, que si la cama del otro está “medio incómoda”, que si la lámpara de allá no le gusta (¡todas son iguales!). Hasta que por fin, después de su “tour” por media propiedad, se resignó a un cuarto… pero era solo el comienzo.

Cada noche, como si fuera su misión en la vida, Diana tenía que buscarme (yo, el auditor nocturno) para soltarme una lista de quejas: que las luces del estacionamiento no alumbran lo suficiente (¡si le subimos, seguro se queja de que no puede dormir!), que el basurero está muy lejos de la entrada (cuando hay uno justo en la banqueta y otro en el lobby), que solo hay una estación de bolsitas para recoger popó de perro (y nosotros hasta tenemos extra en la recepción por si acaso). Es decir, cosas que ni son problemas, ni se pueden arreglar, ni le afectan de verdad.

Como dicen por ahí en México: “Le busca tres pies al gato… y el gato ni sus patitas enseña”.

La queja que superó a todas: luces encendidas… y cerebro apagado

Pero el premio mayor llegó una madrugada. Yo estaba en la lavandería doblando sábanas, cuando escucho el grito de “¿Hola?” desde el lobby. En lo que camino (literal, 10 segundos) Diana ya se había ido hacia el elevador. La llamo, no contesta y se va. No pasaron ni dos horas cuando, a las 4 de la mañana, me llama por teléfono para quejarse porque “no estaba en el mostrador”. Le explico que sí estaba y que hasta le grité, pero ella ni se dignó a voltear. Su respuesta: “Ah sí, creo que escuché tu voz… es que tienes una voz muy peculiar, no como la de Claire que es más bonita”.

¿Era necesario ese “piropo” tan venenoso? Como dirían en Argentina: “¡Qué mala leche!” Pero bueno, uno ya se curte con los años.

Y entonces viene la joya de la noche: “Es que pasé caminando por el cuarto 172 y vi que dejaron las luces prendidas. El huésped no está. Llamo para avisarte, ¿puedes ir a apagarlas?”

Ahí sí me dieron ganas de soltar la carcajada. ¿Me está hablando en serio? Primero, ¿cómo sabe ella que no hay nadie? Segundo, ¿en qué le afecta? Y tercero, ¿de verdad hay que llamar a la recepción a las 4am por las luces de OTRO cuarto? No hay abuela que aguante tanta metichez, ni paciencia que no se agote.

Cuando intentó contarme cómo su abuela le enseñó a no desperdiciar electricidad, tuve que cortarla: “Perdón, tengo que volver al trabajo”. Y hasta hoy, me acuerdo y me río: Diana, la defensora de la luz ajena.

El espectáculo de las quejas: reacciones de la comunidad

Lo más divertido es que esta historia se hizo viral en Reddit y, como era de esperarse, los comentarios no tienen desperdicio. Muchos usuarios, como en cualquier sobremesa latina, no se guardaron nada. Uno comentó: “¿Cómo aguantaste sin decirle que se ocupe de sus propios asuntos?” Otro, con todo el sarcasmo del mundo, sugirió: “Deberías avisarle a los medios, es una noticia de impacto”.

Y no faltó quien, al más puro estilo de las tías, soltó un “¡Ay, bendito sea Dios, qué señora tan metiche!”. Varios coincidieron en que Diana solo buscaba atención porque, como dijo un usuario, “nadie en su sano juicio querría vivir con ella… ni siquiera hablarle, por eso tiene que buscar conversación con quien no puede escapar”.

También hubo quien le encontró el lado filosófico: “Quizás la persona del cuarto tenía insomnio porque Diana pasó con sus perros justo afuera, así que decidió dejar la luz encendida para leer”. ¡La imaginación de la comunidad no tiene límites!

¿Qué harías tú? El arte de lidiar con el cliente difícil

En Latinoamérica, todos conocemos a una “Diana” en el trabajo, en el barrio, o en la familia. Esa persona que siempre tiene algo que decir, queja que levantar o problema que inventar. Hay quienes, como sugirieron algunos usuarios, solo reciben un “Ajá, ok” y ni una palabra más. Otros prefieren el sarcasmo fino: “Me llamó el huésped del 172 para avisar que alguien estaba espiando por la ventana”.

La moraleja: en el mundo de la hotelería (y de la vida), hay que aprender a navegar entre quejas absurdas sin perder el buen humor. Como decimos en México, “ni modo, al mal tiempo, buena cara”. Y si te toca una Diana en tu camino, paciencia y sentido del humor, porque seguro tendrás historias para contar en la próxima reunión.

¿Tú qué hubieras hecho? ¿Alguna vez te tocó lidiar con un personaje así? Cuéntame tu peor (o más graciosa) historia de quejas absurdas en los comentarios, ¡quiero reírme contigo!


Publicación Original en Reddit: The many complaints of a guest with too much free time!