Cuando los huéspedes del hotel se pasan de confianzudos: historias que nadie te cuenta
¿Alguna vez pensaste que trabajar en la recepción de un hotel era un trabajo sencillo? Pues déjame decirte que a veces es más parecido a estar en una película de comedia (o de terror) que a un empleo normal. Entre clientes que creen que eres su amigo de toda la vida, otros que se olvidan del concepto de espacio personal y algunos que directamente parecen no haber entendido nunca lo que es la vergüenza ajena, las historias del front desk tienen de todo para hacernos reír, reflexionar y preguntarnos: “¿de verdad la gente es así de rara?”
Hoy te traigo un recopilado de anécdotas que te harán agradecer no trabajar tras el mostrador… o tal vez te den ganas de compartir tus propias historias de horror. Porque sí, atender huéspedes es mucho más que dar llaves y sonreír: ¡es sobrevivir a los momentos más incómodos que puedas imaginar!
De “¿me echas la mano?” a “¿me das tu número?”: el surrealismo en la recepción
Como dice nuestra protagonista (y autora original de estas historias en Reddit): “¿Por qué los huéspedes piensan que somos amigos? ¡No los conozco!” Y es que hay quienes cruzan la delgada línea entre ser cordial y ser un completo desubicado. Aquí van algunos ejemplos que parecen sacados de una telenovela del canal de las estrellas:
- Una señora se acercó muy tranquila a la recepción… ¡para pedir que le pusieran crema en la espalda! No, no es broma. “Chica, ¿qué te pasa? ¡Aléjate!” responde la autora, usando hasta emojis de esgrimista para dejar claro que quería distancia. Un comentarista decía que ese emoji es el mejor invento para pedir espacio: “¡ATRÁS, ATRÁS!”.
- Varias veces, mujeres pidieron ayuda para subirles el cierre del vestido. O sea, ¿de verdad no tenían amigas, familiares o pareja que les ayudara? Como bien comenta otro usuario, “si sabes que tu vestido necesita ayuda, ¡prepárate antes!” Y ojo, que esto no es por malpensar, sino porque simplemente es raro pedirle ese favor a un extraño que solo te está atendiendo.
- Pero también hay caballeros con ideas extrañas: uno le pidió a un recepcionista que le ayudara con el cinturón… ¡el colmo! Como dijo uno en los comentarios: “Eso parece un experimento social o una cámara oculta”.
Cuando la cordialidad se malinterpreta (o cuando el ligue se vuelve incómodo)
En la cultura latinoamericana, somos cálidos, amigables y a veces hasta bromistas. Pero hay quienes confunden educación con coqueteo, y ahí empiezan los problemas. La autora cuenta que un joven, mientras le pedía la dirección del hotel, le soltó: “¿me anotas tu número?” Ella, rápida, le mostró su anillo de compromiso: “Ni modo, joven, ya estoy apartada”.
Y como decía otro usuario de Reddit: “Algunos creen que porque eres amable y no los mandas a volar, ya tienes interés en ellos”. Es el típico cliente que piensa que las bailarinas en el antro realmente están enamoradas de él solo porque sonríen.
Tampoco faltan los que hacen comentarios inapropiados como el invitado a una boda que le soltó a la recepcionista: “Estás tan bonita que te secuestraría si pudiera”, todo esto frente al jefe. Aquí, otro comentarista latino lo dijo clarito: “Eso no es un piropo, es una amenaza. ¡Aprendan a diferenciar!”
Y ni hablar de las veces que los clientes se creen graciosos preguntando si tú horneaste las galletas de cortesía, agregando un tono de doble sentido. “Hermano, apenas me pagan lo justo, no esperes que además te prepare postres”, responde la autora. Como decimos por acá: ¡Ubícate, compadre!
El espacio personal no es opcional (y otras rarezas del mostrador abierto)
En varios hoteles modernos, el diseño de la recepción es abierto, sin barreras. Esto, aunque se ve bonito, hace que los huéspedes literalmente puedan pararse hombro a hombro contigo. “¡El infierno en la tierra!” dice la autora. Muchos no saben lo que es el espacio personal y se acercan tanto que casi te respiran en la nuca. En Latinoamérica, aunque somos de apapacho fácil, también sabemos cuándo no invadir la burbuja del otro… o eso pensábamos.
Un consejo que surgió en los comentarios (y que aplica perfecto para nuestra región): cuando un cliente te pida algo fuera de lugar, la mejor respuesta puede ser la más directa y educada: “Disculpe, pero por políticas del hotel no puedo tener contacto físico con los huéspedes”. Y si se pasan de la raya, no tengas miedo de pedir ayuda. ¡La seguridad primero!
Reflexión final: educación, sentido común y un poco de humor
Trabajar en la recepción de un hotel es enfrentarte a todo tipo de personalidades. Algunos te harán reír con sus ocurrencias, otros te pondrán a prueba con sus comentarios o peticiones fuera de lugar. Pero como bien decían en la discusión del post original: “Al final del día, lo importante es ayudarnos entre colegas, poner límites y recordar que ser amable no significa ser confianzudo”.
¿Y tú? ¿Qué harías si un huésped te pide ayuda con el cierre del vestido o te sale con un comentario fuera de lugar? ¿Te ha pasado alguna historia digna de contarse? Cuéntanos en los comentarios, comparte tu experiencia y ayúdanos a reír (o llorar) juntos.
Porque si algo nos une en Latinoamérica, es el buen humor para sobrellevar hasta lo más extraño… ¡y las ganas de contar la historia después!
Publicación Original en Reddit: Some guests are too familiar…