Cuando los huéspedes confunden el hotel con su casa: la odisea de la chimenea en el lobby
¿Alguna vez has sentido que algunos huéspedes de hotel creen que están en la casa de su abuelita? Imagina llegar a tu turno y encontrar que la recepción se ha convertido en una mezcla de fogata familiar, asado improvisado y reunión de vecinos. Así es la vida en hoteles donde la comodidad y la confianza de los huéspedes… ¡a veces se pasan de la raya!
Hoy te traigo una historia de la vida real, de esas que solo pueden pasar en un hotel con una chimenea de leña auténtica en el lobby. Porque claro, en Latinoamérica nos encanta el calorcito de hogar, pero hay quienes lo llevan a otro nivel.
La chimenea: ese imán de caos y calor humano
Tener una chimenea de leña en el lobby suena a sueño: ambiente acogedor, olor a madera y ese toque hogareño que derrite el estrés del viaje. Pero como todo en la vida, lo bueno también puede ser peligroso cuando la gente se siente "demasiado en casa".
El autor de esta anécdota, u/frenchynerd, cuenta que los huéspedes aman tanto la chimenea que sienten la necesidad de “ayudar” a mantenerla. ¿Y quién no ha tenido ese tío que quiere prender el asador aunque no lo dejen? Pues imagina eso, pero con papás de torneo de hockey, cerveza en mano, metiéndose donde no los llaman.
Una vez, uno de estos papás, ya medio “alegre”, dejó la puerta abierta y, como en una película de acción, un tronco encendido salió rodando hasta el centro del lobby. El recepcionista se dio cuenta por el olor a humo: sí, ahí estaba, ardiendo en plena alfombra como si fuera San Juan. ¡Menos mal no terminó en tragedia!
Otra noche, otro papá de hockey, igual de entusiasta y ebrio, decidió que la chimenea debía verse como la hoguera de una fiesta patronal: la llenó de leña hasta el tope, y el lobby se volvió sauna. Todos los papás, enfiestados, sudando juntos como si estuvieran en un temazcal improvisado.
Cuando el hotel se convierte en la casa de la familia… ¡y la cocina también!
Pero la historia no termina ahí. Esta semana, llegó una familia de Europa del Este, bien numerosa y, como diríamos aquí, “bien presentes”. Reservaron diez habitaciones y no pasaron desapercibidos. Mientras el recepcionista apenas podía respirar entre check-in y check-in, escuchó ruidos raros. Al asomarse, vio a uno de los señores armando todo el ritual: papel, leña, y a punto de encender el fuego como si fuera el dueño del rancho.
El recepcionista, con paciencia de santo, le dijo: “Señor, por favor, nosotros nos encargamos de la chimenea. La gerencia no quiere que los huéspedes la toquen.” Pero el huésped, muy seguro, respondió: “Solo estoy encendiendo el fuego.” ¡Como si fuera lo más normal!
Y aquí viene lo mejor. Más tarde ese día, la gerente llegó furiosa con las compras para el desayuno y preguntó: “¿Qué hacen estas personas en la cocina? ¿Por qué los dejaste entrar?” Resulta que la familia decidió que, si ya podían prender la chimenea, ¿por qué no preparar su cena de Año Nuevo en la cocina del hotel? ¡Como en casa, pero sin pagar renta!
Reflexiones y risas de la comunidad: “¿En qué universo...?”
No es de sorprender que la comunidad de internet reaccionara con una mezcla de incredulidad y carcajadas. Un usuario comentó con ironía: “¿En qué universo piensa alguien que puede prender fuego en la chimenea del lobby de un hotel sin pedir permiso? ¿Qué sigue, que se metan a la cocina a preparar comida?” Y bueno… ¡eso justo pasó!
Otro trabajador de hotel contó que una vez un huésped lanzó un árbol de Navidad entero a la chimenea, y alguien más dejó sus zapatos mojados tan cerca del fuego que terminaron derretidos. “Y claro, luego esperaban que el hotel les pagara los zapatos”, añadió entre risas.
No faltó quien sugirió poner una reja con candado a la chimenea, como hacemos con la parrilla del parque para evitar que el vecino se robe los chorizos. Incluso hubo quien bromeó sobre cambiar la chimenea por una eléctrica, porque “más vale prevenir que lamentar”.
Y entre tanto humor, no faltó la voz de la experiencia: “En los hoteles donde trabajé, la puerta de la cocina siempre tenía candado. ¡Si no, cualquiera entra como en su casa!” En Latinoamérica, lo entendemos bien: si no quieres que el primo se meta a la cocina, ¡ponle llave!
El arte de ser anfitrión: hospitalidad con límites
En el fondo, estas historias reflejan algo muy nuestro: nos encanta la hospitalidad, abrir la casa, compartir y hacer sentir bienvenidos a todos. Pero hay una línea muy delgada entre sentirse como en casa y adueñarse del lugar. Un hotel, por más cálido que sea, sigue siendo un espacio compartido. Y así como no te metes a la cocina de un restaurante sin permiso, tampoco deberías jugar con la chimenea del lobby.
La próxima vez que visites un hotel con chimenea, disfruta el ambiente, pero deja que el personal se encargue del fuego. Así evitas convertirte en la próxima leyenda del “huésped candente”.
¿Y tú? ¿Has vivido alguna experiencia parecida en hoteles, fiestas familiares o incluso en la casa de algún amigo? Cuéntanos en los comentarios, porque seguro anécdotas no faltan. Y recuerda: donde hay humo… ¡hay historias para contar!
Publicación Original en Reddit: The lobby fireplace