Cuando los clientes olvidan que el personal también celebra la Navidad
¿Alguna vez has sentido que, en plena época navideña, las tiendas se vuelven una especie de jungla donde la empatía desaparece y los clientes creen que los empleados son robots programados para servirlos 24/7? Si trabajaste en ventas o tienes un amigo que lo ha hecho, seguro te sonará familiar esa mezcla de villancicos, multitudes estresadas y montañas de brillantina que parecen perseguirte hasta en tus sueños.
Hoy te traigo una historia que representa a miles de trabajadores del comercio en Latinoamérica: la odisea de sobrevivir a la víspera de Navidad en el trabajo, mientras algunos clientes olvidan que la gente detrás de la caja también quiere cenar con su familia. ¿Listo para reír, indignarte y, quizá, sentir un poco de nostalgia navideña?
La batalla campal de la Nochebuena: un clásico en el comercio latino
Quienes han trabajado en ventas saben que diciembre no es tanto “el mes del amor y la paz”, sino “el mes de la paciencia infinita”. En la historia original, el protagonista cuenta su experiencia trabajando en un centro de jardinería el 24 de diciembre, con un horario reducido que parecía un regalo del cielo: de 8 a 4 de la tarde. ¿Por qué alguien siente la urgencia de comprar plantas cuando el pavo ya está en el horno? Es uno de esos grandes misterios de la humanidad.
El caos era total: filas eternas, clientes acelerados y el típico “¡Feliz Navidad! ¿Necesita bolsa?” repetido hasta el cansancio. Pero, como bien sabemos en estas tierras, siempre hay quienes hacen oídos sordos a los avisos de “ya vamos a cerrar”. Así pasó con una clienta que, a las 3:55, seguía tan campante entre las macetas, ignorando los cinco anuncios de cierre. Al ser invitada amablemente a pagar, explotó con el clásico “Es inaceptable que cierren temprano en Navidad”, como si los empleados no tuvieran derecho a compartir la cena con su familia.
Uno de los comentarios más populares en el foro (traducido al criollo latino) resume el sentir de miles: “¿Cómo se atreven a quedarse sin pascuas? ¡Si yo vine por la más fresca! Y encima, seguro esperaban tenerlas más baratas.” Es la ley del último minuto: llegar tarde y reclamar lo imposible.
Clientes con síndrome de protagonista y excusas de telenovela
En los comentarios, muchos compartieron anécdotas similares, donde pareciera que al cliente se le olvida que el trabajador no es un NPC de videojuego, sino una persona real. Uno contó que, cuando faltan productos como árboles o pascuas, la reacción es casi de tragedia griega: “¡Arruinaron mi Navidad!” Como si no tuvieran 364 días para prepararse.
Otro trabajador relató que algunos clientes, al ver que ya no les pueden bordar las medias navideñas en el momento, hacen berrinches dignos de villano de novela, gritando y hasta intentando tumbar exhibidores. ¿Y qué tal la señora que esperaba que le regalaran el pavo congelado porque no traía dinero? Siempre hay quien espera vivir su propio milagro navideño… versión Hallmark, pero con drama y reclamos.
Algunos, con humor muy latino, sugieren que cuando te gritan por decir “Feliz Navidad”, la próxima vez les lances un “¡Feliz Semana Santa!” en pleno diciembre, solo para verles la cara.
La otra cara de la moneda: empatía y resignación (latina, por supuesto)
Hay quienes reconocen que, a veces, la vida te juega una mala pasada y te falta el ingrediente clave para la cena justo la Nochebuena. Pero la diferencia está en la actitud: “Me dio pena ser uno de los que obligó a la tienda a estar abierta. Agradecí y me fui rápido, pero igual me sentí culpable.” Eso es humildad latina, la que muchos extrañamos en algunos clientes gritones.
Otros justifican que hay quienes solo pueden comprar ese día porque trabajan toda la semana, o que simplemente no celebran Navidad y buscan aprovechar el tiempo. Pero, como bien apunta otro usuario: “Una mala planeación tuya no es mi emergencia.” Sabiduría de mercado: si te faltó el jamón, no culpes al cajero.
Y, claro, no faltan los jefes que cierran la tienda y se aseguran de que todos los empleados estén juntos en la caja para seguridad, lo que a veces termina humillando más al cliente rezagado que cualquier otra cosa. “¡Lo hicieron para avergonzarme!”, gritó la señora de la historia original. ¿Tal vez sí, tal vez no? Al menos todos se fueron a casa con una anécdota nueva para la sobremesa.
Reflexión final: ¿Por qué olvidamos que todos somos humanos?
En Latinoamérica, la familia es sagrada y la Navidad una de las fechas más importantes del año. Sin embargo, parece que en la vorágine de las compras de último minuto, algunos olvidan que quienes atienden en la tienda también quieren abrazar a sus seres queridos, compartir un pan dulce o ver el especial de Navidad en la tele.
Así que, si este año te toca salir corriendo por el queso doble crema para la ensalada rusa o el papel de regalo que nunca encuentras, recuerda: del otro lado del mostrador también hay alguien soñando con llegar a casa. Un poco de empatía navideña puede hacer milagros, incluso en medio del caos, la brillantina y los villancicos que ya no soportas escuchar.
¿Tienes alguna historia navideña de trabajo o compras de último minuto? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y no olvides: esta Navidad, regala paciencia.
Publicación Original en Reddit: Customer forgot we were human beings and had families