Cuando las uñas postizas y los huéspedes locales hacen temblar la recepción: una noche en el hotel
Si alguna vez pensaste que trabajar en la recepción de un hotel era aburrido, prepárate para replantearlo. Entre personajes extravagantes, situaciones que parecen de novela y un unicornio emocional llamado Buttercup (sí, leíste bien), las noches en un hotel local pueden ser más intensas que cualquier telenovela mexicana. Porque, como dicen por ahí, “pueblo chico, infierno grande”… y eso aplica doble cuando los huéspedes son de la misma ciudad.
El huésped local: esa especie única y peligrosa
En Latinoamérica, todos conocemos a alguien que vive cerca y, sin embargo, siempre busca “el descuentito” en todo. Así son los huéspedes locales en un hotel: llegan con cara de “soy de confianza”, pero en realidad traen más mañas que el vendedor de tamales de la esquina. El protagonista de esta historia, el recepcionista, nos cuenta cómo una joven “diva” local convirtió una noche tranquila en una prueba de paciencia digna de cualquier abuelita mexicana.
Imagina: son las dos de la mañana, la ciudad está más dormida que domingo después de la comida, y suena el teléfono. La voz al otro lado no solo es chillona, sino que tiene ese tonito de “a mí nadie me dice que no”. ¿Hay habitaciones? Sí, pero aquí viene el festival de preguntas: ¿Por qué tan caro? ¿No tienes rebaja? ¿Y si solo la quiero por unas horas? (¡Ajá, claro! Como si no existiera el Hotel de Paso en cada colonia).
Y claro, cuando la recepcionista le pide tarjeta de crédito, la joven empieza a buscarle tres pies al gato: que si paga en efectivo, que si con ApplePay, que si mitad y mitad… hasta ofrecer el doble en cash. Una joyita, pues.
Uñas largas y nervios cortos: el arte de sacar de quicio
Si alguna vez has sentido que te taladran el cerebro con solo escuchar el golpeteo de uñas postizas en un mostrador, entenderás el suplicio del recepcionista. La chica, con uñas de tres pulgadas y brillantina digna de quinceañera regia, no solo exigía, sino que además “marcaba territorio” con cada golpe en la recepción. En los comentarios de la comunidad del hotel, alguien bromeó: “Cuando empiezan a hacer ese ruidito, dejo de hacer lo que sea y solo las miro hasta que paran. No falla”. ¡Si hasta eso ya es técnica universal de defensa en la recepción!
Nuestro héroe, sin perder la calma, se mantiene firme: “Aquí, si no hay tarjeta, no hay cuarto”. Y como buen latino, sabe que las reglas existen por algo: “los que insisten en que te saltes las políticas, son justamente la razón de que existan esas políticas”. No faltó quien en los comentarios dijera: “A los locales hay que darles el precio más alto, así como cuando el taxista ve que eres turista”.
Buttercup, la unicornio emocional, y el folclore de la recepción
Y mientras la noche avanza, la fiel Buttercup, la unicornio emocional (una decoración junto al café que ya es leyenda entre huéspedes y personal), observa todo con su melena trenzada y listones de otoño. En los comentarios, más de uno confesó: “Vengo solo por las historias y por saber cómo está Buttercup”. Hasta hay quien dice que le da unas palmaditas antes de irse a dormir, como si el unicornio pudiera espantar las malas vibras de los huéspedes complicados.
Por supuesto, la chica vuelve a la carga dos veces más (el clásico “no me aceptan en ningún lado, pero aquí sigo insistiendo”), hasta que finalmente logra que su “tarjeta verde” prepagada pase. No faltó el acompañante con tatuajes carcelarios y la clásica escena de colarse por la puerta lateral. Y, como era de esperarse, después de todo el drama... ¡quieren cambiar de habitación porque la tele no sirve! Aquí uno de los comentarios más latinos del hilo: “Eso pasa hasta en los mejores hoteles de Acapulco, compadre”.
El giro inesperado: cuando todo termina... bien
El remate de la historia es tan sorprendente como cuando el protagonista de la novela resulta ser el hermano perdido: la pareja se fue del hotel sin romper nada, sin escándalos y sin dejar huella. Un usuario comentó, entre risas, “Ese fue el plot twist que nadie vio venir. Salieron limpios, ni modo”.
Mientras tanto, en la comunidad, otros recepcionistas comparten su alivio por trabajar en hoteles donde, después de medianoche, solo venden habitaciones para el día siguiente: “Mi vida es tan tranquila que solo tengo que responder ‘no hay cuarto’ y listo”. ¡Qué lujo!
Reflexión final: paciencia, reglas y un poco de magia
Atender la recepción de un hotel en cualquier parte de Latinoamérica es un arte. Requiere paciencia de santo, olfato de mamá mexicana para detectar problemas, y, por qué no, un poco de magia como la de Buttercup. Porque siempre habrá huéspedes locales que quieran hacerte la vida de cuadritos, pero si te apegas a las reglas y pones buena cara (y tal vez una unicornio de peluche), todo termina saliendo bien.
¿Y tú, tienes historias de huéspedes o clientes que te hayan puesto a prueba? Cuéntanos en los comentarios, ¡y no olvides darle una trencita a Buttercup antes de irte!
Publicación Original en Reddit: Please Stop Tapping Your Nails It's Driving Me Nuts