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Cuando las reglas de viáticos salen más caras: la pequeña venganza de un empleado ingenioso

¿Alguna vez has sentido que las reglas de la oficina están hechas para complicarte la vida más que para ayudarte? Pues prepárate para reír y reflexionar, porque la historia de hoy es el ejemplo perfecto de cómo “seguir las reglas” puede salirle carísimo a una empresa… y de paso, darte una dulce venganza.

Imagina que viajas por trabajo, te toca ajustarte a normas absurdas y, al final, terminas demostrándole a tu jefe que a veces, por querer ahorrar unos pesos, terminan gastando una fortuna. Así le pasó a nuestro protagonista, quien aplicó la clásica “si así lo quieren, así se hace”, pero con un giro que hizo temblar al departamento de finanzas.

Un viaje, una cena y una regla imposible

Todo comenzó cuando nuestro héroe (llamémosle Juan para hacerlo más nuestro) fue enviado por su empresa a una conferencia fuera del estado. Como buen soldado corporativo, aceptó quedarse en el hotel que la empresa le pagó y, para moverse, prefirió Uber en vez de rentar auto. Total, el centro de convenciones estaba pegadito al hotel, y así se ahorraba complicaciones y gastos de estacionamiento.

El día a día era sencillo: desayuno y comida incluidos en el evento, pero la cena corría por su cuenta. Sin carro y sin ganas de lanzarse a la aventura nocturna, pidió cena por delivery (al estilo Rappi o Uber Eats) durante cinco noches. Todo bien, hasta que llegó la hora de pasar los gastos: la oficina de finanzas le rechazó los $6 diarios de la tarifa de entrega. “Eso no es gasto reembolsable”, le dijeron, como si esos $6 fueran a quebrar la empresa.

Juan se encogió de hombros, pensó “reglas son reglas”, y decidió no pelear. Pero, como dicen en México, “no hay venganza más dulce que seguir las instrucciones al pie de la letra”.

El regreso del hijo pródigo… y el doble de gastos

Al año siguiente, la historia se repitió: misma conferencia, mismo hotel, pero esta vez, Juan no iba a quedarse con las ganas de cenar sin problemas. En vez de depender de las apps de entrega, rentó un auto desde el aeropuerto, pagó estacionamiento en el hotel (que nunca es barato), y antes de devolver el coche, llenó el tanque de gasolina. El resultado: la empresa terminó pagando casi mil dólares por cinco días de renta, estacionamiento y gasolina, todo para que Juan pudiera ir a comprar su cena en persona… ¡y ahorrarse esos “prohibidos” $6 diarios de entrega!

Como dicen nuestros abuelos: “por querer ahorrar centavos, gastaron billetes”. Esta pequeña venganza corporativa se volvió viral en Reddit, donde cientos de personas compartieron historias similares de reglas absurdas y contadores sin sentido común.

Entre “centavitos” y “billetazos”: el absurdo de los gastos corporativos

En los comentarios, un usuario comparó la situación con la clásica frase latinoamericana “quieren ahorrar centavos y gastan pesos”, porque a veces las empresas están tan obsesionadas con las reglas, que pierden de vista el verdadero objetivo: apoyar al empleado y hacer eficiente el trabajo. Otro usuario, que dice ser contador profesional en un país donde Hacienda lo ve a uno como “delincuente hasta que se demuestre lo contrario”, confesó que él sí habría autorizado esos gastos de entrega sin problema, porque a fin de cuentas, son parte natural de una comida al viajar.

Y es que, ¿quién no ha visto esas reglas ridículas en la oficina? Una usuaria contó que a ella le negaron quedarse en un hotel más cómodo por estar “fuera del presupuesto”, pero después le terminaron pagando taxis carísimos. Otro contó cómo su empresa prefería pagar boletos de avión de $3,500 en vez de aceptar una opción mucho más barata, solo porque “así está la política”.

La cereza del pastel fue el comentario de una persona que dijo: “Esto es lo que pasa cuando dejas que los contadores controlen todo lo que implique lógica”. En Latinoamérica, solemos bromear que en las oficinas “mandan los de finanzas y a los demás que Dios los ayude”. Pero también sabemos que, cuando las normas rayan en lo absurdo, la creatividad y el ingenio latino brillan con fuerza, y las pequeñas venganzas como la de Juan se disfrutan el doble.

¿Reglas para quién? El sentido común perdido en el trabajo

Si algo demostró esta historia, es que muchas veces las reglas de gastos están tan desactualizadas o mal pensadas, que terminan perjudicando a todos. Un usuario lo resumió de lujo: “Deberían dejarme comer tranquilo, pero no…”. Y es que, en países como México, Colombia o Argentina, sabemos bien lo que es lidiar con burocracia, formatos imposibles y jefes que parecen preferir ahorrarse el café antes que un problema real.

En vez de confiar en la honestidad del empleado y enfocarse en lo importante, muchas empresas terminan creando un entorno donde la desconfianza y el absurdo reinan. Y cuando eso pasa, no faltan quienes, como Juan, deciden seguir las reglas hasta el extremo... aunque eso le cueste el doble a la empresa.

Conclusión: ¿Y tú, tienes tu propia historia de venganza chiquita?

La próxima vez que te pidan justificar hasta el último peso de tus gastos, recuerda la historia de Juan y no pierdas el sentido del humor. En la oficina, como en la vida, a veces toca “bailar con la más fea”, pero siempre se puede encontrar la manera de disfrutarlo… y de paso, darle una lección a los que ponen reglas absurdas.

¿Tienes alguna anécdota parecida? ¿Has vivido injusticias de viáticos o visto cómo las reglas corporativas terminan saliendo más caras? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este post con ese amigo que siempre pelea con el departamento de finanzas. Porque, al final del día, todos hemos sido Juan… o el contador que hizo las reglas.

¡Hasta la próxima, y que los gastos absurdos nunca te quiten el hambre ni el buen humor!


Publicación Original en Reddit: Don’t want to pay delivery…okay then