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Cuando las reglas corporativas chocan con el sentido común: la historia del suéter “no aprobado”

Ilustración al estilo anime de una pareja hablando de chaquetas poco convencionales en la oficina, expresando su individualidad.
En esta vibrante ilustración anime, vemos a una pareja disfrutando de un momento divertido mientras desafían las normas de moda corporativa. Su intercambio juguetón sobre chaquetas captura a la perfección la esencia de la individualidad en el trabajo, ¡haciendo que sea relatable y entretenido!

¿Alguna vez has sentido que en tu trabajo las reglas se aplican más por capricho que por sentido común? Pues prepárate para reírte (o indignarte) con esta historia que nos muestra lo que pasa cuando un jefe quiere ser más papista que el Papa… y termina aprendiendo la lección a la mala.

Todo empezó en una tienda cualquiera, de esas donde los empleados tienen que lidiar con jefes que aman las “normas corporativas” más que a su propia mamá. Un empleado, harto de tanto absurdo, decidió cumplir las reglas al pie de la letra… pero no como su jefe esperaba.

El suéter de la discordia: cuando el frío no está “corporativamente aprobado”

Imagina esto: tu turno de trabajo, tú en la parte trasera de la tienda, entre la sala de descanso y el congelador, sin clientes a la vista… y hace un frío que pela. Así que, como haría cualquier mortal, te pones tu suéter personal para no congelarte. Pero llega tu jefe, estrenando turno y con ganas de imponer autoridad. “¡Ese suéter no está aprobado por la empresa!”, te dice. Y no le importa que solo lo vayas a usar quince minutos, ni que no te vea nadie. La orden es clara: “¡Quítatelo ya mismo!”

Aquí es donde la historia se pone buena. Porque en vez de pelear o resignarse, nuestro protagonista decide darle una cucharada de su propia medicina… y las cosas se empiezan a salir de control.

Cumpliendo las reglas… pero con malicia

En Latinoamérica decimos “te salió el tiro por la culata” cuando alguien intenta algo y le sale justo al revés. Y eso fue exactamente lo que pasó aquí.

Resulta que, según el manual de la empresa, ni las chaquetas que usan para entrar al congelador ni los guantes que se ponen para no quedarse con las manos tiesas están “aprobados por la corporación”. ¡Ni siquiera el sistema de comunicación interna (los famosos radios o headsets)! Así que, obedeciendo al pie de la letra, el empleado empieza a hacer todo “según las reglas”: entra al congelador sin chaqueta, sale temblando cada cinco minutos, y cuando el jefe le pregunta por qué no se pone algo para el frío, le responde con una sonrisa: “Es que si leíste bien el libro de empleados, nada de eso está aprobado”.

Pero ahí no termina la cosa. Más tarde, el jefe se queja porque el empleado no responde por el sistema de comunicación. ¿La respuesta? “¡Es que tampoco está aprobado por la empresa!”

Uno de los comentarios más aplaudidos en la discusión de Reddit resume el sentir de muchos: “¿De verdad vas a ser así de quisquilloso?” — “Señor, usted empezó la guerra de pequeñeces, yo solo la terminé”. ¡Tal cual lo que aquí en México llamaríamos “una guerra de egos”!

El jefe aprende por las malas (y todos nos identificamos)

Lo divertido es que esto duró toda una jornada de siete horas. Al final, el jefe, ya derrotado y exasperado, reconoce: “Ya entendí. Tengo que aprender a elegir mis batallas”. Y el empleado, sin pelos en la lengua, le remata: “Sí, definitivamente tienes que hacerlo”.

En los comentarios, varios usuarios se sintieron identificados, recordando historias similares en sus trabajos. Uno mencionó cómo su empresa quería que instalaran una aplicación de gastos en su celular personal, pero como no les daban teléfono de la empresa, él se negó. Al final, cuando la app falló, solo quienes no la instalaron pudieron reportar gastos y mantener sus tarjetas activas. “Si quieren que use su app, que me den un teléfono de la empresa”, comenta otro, recordándonos que no hay que mezclar lo personal con lo laboral. ¡Como diríamos en Sudamérica, “no hay que cruzar los cables”!

Otra usuaria recordó cómo en su trabajo la nueva app de horarios quería acceso a TODO en el teléfono personal: llamadas, mensajes, ubicación, fotos… ¡hasta la sopa! Ella se negó, y cuando el jefe insistió, simplemente le dijo: “¿Para qué quieres mis cosas privadas?”. Y así, a muchos nos ha tocado defender nuestra privacidad e integridad, a veces contra reglas absurdas.

¿Reglamentos para trabajar… o para fastidiar?

La moraleja aquí es clara: las reglas están para que el trabajo salga bien, no para complicarle la vida a la gente. Como comentó otro usuario, “todos los jefes deberían saber que si empiezas a ponerte estricto con reglas absurdas, te puede salir el tiro por la culata”. En nuestros países, donde la creatividad y el ingenio abundan, siempre hay quien sabe burlar la burocracia… y hasta hacerlo con humor.

Eso sí, algunos señalaron que más allá de las reglas internas, hay leyes (como las de seguridad laboral) que obligan a dar a los empleados ropa y equipo adecuado para el frío o para ciertas tareas. Así que ojo: a veces, por querer ser el más “corporativo”, los jefes pueden terminar metiéndose en problemas más serios.

¿Tú qué harías si te aplican una regla absurda?

En conclusión, esta historia nos deja una sonrisa y una reflexión: en el trabajo, el sentido común debería estar por encima del reglamento. Y si a ti te ha tocado lidiar con un jefe quisquilloso o una regla sin sentido, cuéntanos tu historia en los comentarios. ¡Tal vez el próximo post sea sobre ti y tu “cumplimiento malicioso” al estilo latinoamericano!

Porque al final, como dice el dicho, “al que no le gusta el caldo, le dan dos tazas”. Y en la oficina, a veces, la mejor forma de cambiar las cosas es demostrar, con hechos (y un poco de picardía), lo absurdo que pueden llegar a ser algunos reglamentos.

¿Y tú, qué historia tienes para contar?


Publicación Original en Reddit: My Jacket Isn’t corporate approved? Neither are any of the other ones here.