Cuando las reglas chocan con el mal genio: la historia de “Miserable Mabel” y el camión remolcado
En toda oficina o fábrica latinoamericana hay personajes inolvidables: el buen amigo que siempre tiene café, la jefa que parece que nunca duerme y, claro, la persona que hace todo más difícil… por deporte. Hoy te traigo una historia real que podría pasar en cualquier empresa de nuestra región: la batalla épica entre el sentido común, las reglas del estacionamiento y una empleada tan terca que ni el remolque pudo con ella sin dejar drama.
Porque, seamos sinceros, todos hemos tenido ese día en el que sentimos que el mundo conspira en nuestra contra. Pero, ¿qué pasa cuando ese mal humor termina arrastrando a todo el equipo? Prepárate para reírte, indignarte y, por qué no, reflexionar un poco sobre el “no tengo tiempo para esto” de la vida laboral.
El origen del caos: nuevas reglas y viejos vicios
La historia comienza con un cambio de rutina que nadie pidió, pero todos tuvieron que acatar: la famosa “Directiva de Estacionamiento de Temporada”. Imagina que cada invierno, en tu empresa, los empleados deben dejar sus autos en un lote lejano para que la compañía de limpieza de nieve pueda trabajar sin obstáculos. Suena lógico, pero todos sabemos lo que pasa cuando la comodidad se ve amenazada: ¡se desata el griterío!
En palabras del autor (que cumple una especie de rol de recepcionista, secretaria y guardia de seguridad, como esos todólogos que abundan en nuestras oficinas), la mayoría aceptó a regañadientes el cambio. Algunos lo tomaron con filosofía: “Sí, está horrible, pero ni modo, hay que cumplir”. Y como bien comenta uno de los usuarios en el hilo: “Todos pueden tener un mal día, pero cuando ese mal día empieza a afectar a los demás, ahí es donde hay que poner un límite”. ¿A poco no suena a consejo de abuelita mexicana?
El encontronazo con “Miserable Mabel”: cuando el genio gana al sentido común
Pero claro, siempre hay una persona dispuesta a pelear hasta por el color de las paredes: en este caso, la infame “Miserable Mabel”. Conocida por su mal humor épico, entró al lobby como huracán, gritando que no pensaba mover su camioneta, que estaba justo frente a la entrada, ignorando todas las advertencias de que sería remolcada. El pobre narrador, armado de paciencia y el reglamento en mano, intentó explicarle con calma. Pero Mabel no quería diálogo, sólo quería imponer su voluntad.
Aquí entra una de las joyas del relato: mientras Mabel se desvivía gritando, el recepcionista simplemente alzó el teléfono y llamó a la grúa. “¿Qué crees que estás haciendo?”, chillaba Mabel, mientras el operador de la grúa tomaba nota del color, modelo y placas del vehículo. En ese momento, como en cualquier buena novela mexicana, Mabel cambió los gritos por súplicas; pero ya era demasiado tarde.
Uno de los comentarios más celebrados del post original lo resume perfecto: “Si de verdad tenía que hacer algo cada 23 minutos, bien pudo haber movido su camioneta… o estacionarla bien desde el principio”. A veces, la necedad sale cara.
El héroe inesperado: Behemoth Bob, el remolcador que nadie olvida
Y aquí llega el giro digno de película: el remolcador, apodado “Behemoth Bob”, un gigantón que parece salido de una leyenda urbana. En cuanto Mabel lo vio, se le bajaron los humos y corrió por sus llaves. Pero ya era demasiado tarde: la grúa estaba haciendo su trabajo y el narrador, con una sonrisa digna de meme, le soltó la frase del año: “Señora… ya no tiene tiempo para eso”.
La comunidad de Reddit no tardó en celebrar el momento. Un usuario imaginó la escena como si fuera una telenovela: Bob bajando del camión, Mabel deteniéndose en seco y la audiencia aplaudiendo. Otro comentó entre risas: “Me alimentan el alma historias tan satisfactorias como esta”. Porque sí, ver que las reglas se cumplen, aunque sea a regañadientes, tiene su encanto.
Moraleja de pasillo: el mal día no justifica el mal trato
Al final, Mabel se fue llorando y protestando, acumuló dos reportes en un solo día y quedó a un paso de ser despedida. La moraleja la puso el propio autor del relato: todos tenemos días malos, pero eso no nos da derecho a descargar nuestro humor en los demás ni a pasar por encima de las reglas. Tal como diría cualquiera de nuestros abuelos: “No hagas cosas buenas que parezcan malas, ni cosas malas que parezcan buenas”.
Y para los que preguntan por los camioneros testigos del drama, un comentarista bromeó: “Seguro se quedaron afuera viendo el show, con su café y su cigarro, disfrutando el espectáculo como si fuera la final de la Liga MX”. Porque en toda empresa, el chisme y el espectáculo nunca faltan.
¿Y tú, has vivido una historia así en tu trabajo? ¿Te ha tocado lidiar con alguien que cree que las reglas no aplican para él? Cuéntanos en los comentarios y comparte este relato con ese compañero que siempre dice: “No tengo tiempo para esto”. ¡Seguro le caerá el veinte!
Publicación Original en Reddit: 'I don't have time for this!!'