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Cuando la venganza se sirve con reggaetón: Cómo le puse fin a la vecina fiestera de madrugada

Escena cinematográfica de un dormitorio universitario con música alta interrumpiendo a un estudiante que estudia de noche.
En esta representación cinematográfica, capturamos la lucha cotidiana de la vida universitaria: equilibrar el estudio nocturno con vecinos ruidosos. ¿Cómo manejarías una situación de música alta a las 2 a.m.?

¿Quién no ha soñado alguna vez con darle una cucharada de su propio chocolate a ese vecino que piensa que vive solo en el planeta? Si has sufrido noches de insomnio por culpa de la música a todo volumen, esta historia te va a encantar. Prepárate, porque lo que ocurrió en un dormitorio universitario se ha vuelto el ejemplo perfecto de cómo la picardía puede ser más efectiva que cualquier reclamo formal.

La fiestera del pasillo... y el infierno de no dormir

Todo empezó en una residencia universitaria, ese microcosmos donde la convivencia pone a prueba la paciencia de santos y pecadores por igual. En este caso, la protagonista no era precisamente una villana, sino más bien una joven —llamémosla Sarah— con el don de la alegría nocturna... y el volumen al máximo. Cada noche, cuando el reloj marcaba la una o dos de la mañana y el resto del edificio rogaba por dormir, ella convertía su cuarto en una disco improvisada.

¿La respuesta de Sarah a los ruegos de sus compañeros? Un simple “Relájate, es la uni”. ¿Te suena conocido? Porque en Latinoamérica también abundan los que creen que la juventud es sinónimo de fiesta eterna, aunque el resto tenga que madrugar.

La gota que derramó el vaso: cuando la paciencia se agota

Como buen universitario latino, nuestro narrador aguantó todo lo posible. Pero la noche previa a un examen importante, la situación se volvió insostenible. Imagina la escena: toca la puerta a medianoche, pide con toda la buena onda del mundo que baje el volumen, y recibe una sonrisa burlona como respuesta... seguida de un volumen todavía más alto. ¡Qué coraje! Esa impotencia que muchos hemos sentido cuando el respeto brilla por su ausencia.

Sin embargo, como bien decía la abuela: “No hay mal que por bien no venga”. En vez de desquitarse con gritos o reportes a la administración (que, seamos sinceros, a veces ni aparecen), el protagonista optó por algo mucho más creativo y efectivo: la venganza musical.

Venganza nivel experto: pop mañanero y una lección inolvidable

Aquí es donde la historia se pone buena y nos recuerda las mejores anécdotas de sobremesa. Sabiendo que Sarah odiaba madrugar y que necesitaba dormir hasta tarde, el protagonista puso en marcha su plan maestro. Durante una semana, a las 6:30 am en punto —cuando el silencio es ley en cualquier residencia—, colocó su bocina Bluetooth pegadita a la pared y puso a sonar los hits pop más cursis de los 2000. Imagina despertar con “MmmBop” de Hanson o un clásico de los Backstreet Boys rebotando por las paredes... es casi una tortura dulce.

El primer día, Sarah salió tambaleando del cuarto, con cara de “me lleva el diablo”. Para el tercer día, ya estaba suplicando que parara. ¿La respuesta? Un guiño y la frase matadora: “Relájate, es la uni”.

Y como por arte de magia, las fiestas nocturnas se acabaron. Sarah nunca admitió la derrota, pero el silencio que reinó después fue el verdadero trofeo.

Lo que nos enseña la comunidad: el sabor de tu propio chocolate

Esta historia explotó en Reddit, cosechando más de 23 mil votos y cientos de comentarios. Y es que todos reconocen ese placer —a veces culposo— de aplicar la ley del talión, pero sin cruzar la línea. Como bien lo resumió un usuario: “La mejor venganza es esa que no hace daño, pero deja claro el mensaje”.

Algunos hasta compartieron sus propias batallas campales con vecinos ruidosos, desde padres que ponían rancheras a las seis de la mañana hasta otros que usaban grabaciones de perros ladrando para devolver el favor. Una usuaria bromeó: “¡Yo hubiera puesto Yoko Ono o gaitas! Eso sí que es diabolico”. Y no faltaron los que recordaron que, aunque todos fuimos jóvenes y algo desconsiderados, lo importante es aprender a convivir.

Por supuesto, siempre hay quien duda de estas historias, diciendo que en la vida real los encargados de residencia (los famosos “prefectos” o “RAs”) habrían intervenido. Pero cualquiera que haya vivido en residencias universitarias en Latinoamérica sabe que a veces, entre tanto relajo, la autoridad brilla por su ausencia... y toca improvisar.

Un final digno de telenovela: lección aprendida (y silencio bendito)

La moraleja de esta historia es clara: la empatía y el respeto siempre deben ir primero, pero cuando no hay de otra, nada como darle a alguien una probadita de su propia medicina. Y si se puede hacer con humor, sin violencia y con un buen playlist de por medio, ¡mucho mejor!

Así que la próxima vez que te enfrentes a un vecino fiestero, recuerda esta historia y tal vez, solo tal vez, tu bocina y un poco de ingenio sean tu mejor defensa.

¿Y tú? ¿Alguna vez aplicaste una venganza “dulce” a un vecino o compañero ruidoso? Cuéntanos tu historia, que seguro todos tenemos una batalla épica que recordar en comunidad.


Publicación Original en Reddit: Loud music at 2am? I found the perfect way to shut her up