Cuando la venganza se cocina con ondas: El ingeniero, la radio y la vecina madrugadora
¿A quién no le ha tocado alguna vez un vecino que parece tenerle fobia al silencio? Ese que prende la licuadora los domingos a las 7 de la mañana, o a la doña del departamento de al lado que disfruta sus radionovelas a todo volumen cuando apenas está amaneciendo. Bueno, la historia de hoy va para todos los que hemos soñado con una revancha elegante y tecnológica, de esas que solo se ven en las películas... o en Reddit.
Hoy te cuento una anécdota que mezcla ingeniería, desvelo y un toque de malicia criolla: la historia de un estudiante que usó sus conocimientos y un generador de frecuencia para devolverle la paz a sus mañanas. Si pensabas que la ciencia solo servía para fórmulas y exámenes difíciles, ¡prepárate para cambiar de opinión!
El drama matutino: Cuando la radio ajena te arruina el sueño
Todo comenzó en Montreal, cuando nuestro protagonista (un estudiante de ingeniería eléctrica, nada menos) vivía en un departamento con paredes tan delgadas como las de un hotel barato en Acapulco. La cocina de su vecina colindaba con su recámara, y a ella le encantaba encender su radio justo antes de las seis de la mañana. Pero no creas que era para poner música alegre que al menos invitara a bailar, ¡no! Era un programa de charla, de esos donde las voces se te meten en el subconsciente y no te dejan dormir ni aunque te tapes con la almohada.
Como buen ciudadano, primero intentó la vía diplomática: le pidió amablemente a la vecina que moviera su radio o bajara el volumen. Nada. Luego, carta registrada al casero, esperando que hiciera algo. Tampoco. Aquí, cualquier latino ya estaría pensando en poner salsa a todo volumen de regreso, pero este ingeniero quería algo más elegante.
La ciencia al rescate: Un generador de frecuencia con sabor a venganza
Aquí es donde la historia se pone buena. Aprovechando que estaba aprendiendo sobre radios y frecuencias intermedias (esa magia que hace que tu radio capte diferentes estaciones), pidió prestado un generador de frecuencia en el trabajo. Entre miradas curiosas y preguntas de los colegas—que seguro pensaron que iba a armar una fiesta clandestina—, se llevó el aparato a casa.
Esa noche, en vez de resignarse a los tapones para oídos, montó su pequeño laboratorio casero. Sintonizó el generador a la frecuencia intermedia de la radio de la vecina (para los curiosos, 10.7 MHz, que es el “truco” de la mayoría de radios FM comerciales), conectó una antena improvisada y se fue a dormir. Al día siguiente, apenas la radio vecina empezó a molestar, él encendió el generador y... ¡milagro! Silencio absoluto del otro lado de la pared.
¿La cereza del pastel? Modificó la señal para agregarle un pitido de 1kHz, el mismo tono que muchos reconocen como el sonido más fastidioso del universo (imagina el típico "biiiiip" de prueba de sonido en la tele, pero a todo volumen). Él, con sus tapones, ni lo notaba, pero la vecina pronto desistió de su costumbre matutina.
El arte de la venganza pequeña (y las risas del internet)
En Reddit, la historia se volvió viral y los comentarios no se hicieron esperar. Uno de los más votados, con esa honestidad brutal tan de barrio, decía: “¿Ilegal? Seguro. Pero si pones tu radio a las 6am, no esperes compasión”. Y es que, aunque técnicamente interferir señales puede estar prohibido, la mayoría coincidía: ¡quien madruga con ruido ajeno, merece su merecido!
Otros compartieron anécdotas similares, como el que usaba un micrófono portátil para interrumpir la música de sus vecinos o el que, con un transmisor casero, volvía locos a los que sintonizaban la FM equivocada. Incluso hubo quien recordó que el pitido de 1kHz era el terror de los insomnes antes de que llegara la televisión por cable.
La parte más divertida fue ver cómo la comunidad de ingenieros (y los que solo sueñan con serlo) aplaudían la creatividad del protagonista. Como dijo uno: “La ingeniería aplicada a la vida real, así sí dan ganas de estudiar”. Y es que, como en cualquier buen barrio, la solución a veces no es la confrontación directa, sino la picardía bien ejecutada.
¿Y la moraleja? Entre ciencia y picardía, todo es posible
Al final, nuestro héroe devolvió el generador de frecuencia, la vecina dejó de molestar y él recuperó su descanso. No hubo daños, solo una pequeña lección: nunca subestimes a un vecino con conocimientos de electrónica y ganas de dormir.
Muchos lectores latinoamericanos se sintieron identificados porque, seamos sinceros, aquí el ruido del vecino es casi una tradición nacional. Pero, como bien lo resume la historia, no hay mal que cien años dure… ni vecino ruidoso que resista una buena dosis de creatividad e ingenio.
¿Te ha tocado vivir un drama similar con tus vecinos? ¿Qué harías tú: confrontación directa, venganza creativa o resignación? Cuéntanos en los comentarios, comparte tu historia y, si te animas, ¡hazlo viral!
Publicación Original en Reddit: Thin Walls and a Frequency Generator