Cuando la venganza llega con Wagner: La historia del maestro que desafió al rock (y perdió)
¿Alguna vez te han puesto una regla tan absurda que solo da ganas de seguirla… pero con ganas de molestar? Pues prepárate porque la historia de hoy es de esas que hacen que uno diga “¡esto solo pasa en la vida real!”. En un colegio de Escocia, hace más de veinte años, un profesor en entrenamiento se encontró con una maestra principal que odiaba el rock. Pero lo que pasó después fue una jugada digna de película… o de una buena rola de heavy metal.
Si crees que los maestros pueden ser estrictos en Latinoamérica, espera a leer cómo se las gastan en otras partes, donde hasta la música que escuchas puede meterte en problemas. Te prometo que después de esta historia, nunca volverás a ver a Wagner de la misma forma.
El día que Lynyrd Skynyrd fue "demasiado" para el colegio
Todo comenzó como cualquier otro día de práctica docente: nuestro protagonista, al que llamaremos el “Profe Rockero”, llegó al estacionamiento de la escuela escuchando “Freebird” de Lynyrd Skynyrd, una canción que en cualquier fiesta haría que hasta tu tío más serio saque los pasos prohibidos. Pero su jefa supervisora, como si fuera la directora de la secundaria más estricta del mundo, lo interceptó y le soltó la bomba: “Esa música es inapropiada. Si vuelves a llegar con ese tipo de música, te repruebo”.
¿El problema? No era el volumen, ni las groserías, ni el ritmo. Era el estilo. “Puedes poner pop, jazz, clásica, lo que quieras… menos rock”, le dijo. Como si estuviéramos en los años 50 y Elvis fuera la mayor amenaza social.
Obedecer, pero con sabor a venganza: ¡Que suene Wagner!
Aquí es donde entra la famosa “obediencia maliciosa” o como decimos en Latinoamérica, “hacer las cosas al pie de la letra… pero con maña”. El Profe Rockero, lejos de rendirse, decidió seguir las reglas con creatividad: puso la música clásica más ruidosa, épica y estruendosa que tenía. Y no hablamos de Mozart ni de Vivaldi, sino de Richard Wagner, el verdadero “rockstar” de la música clásica.
Entonces, cada mañana el estacionamiento se llenaba con “La cabalgata de las valquirias”, la obertura de “Tannhäuser”, fragmentos de “Los maestros cantores de Núremberg” y “El oro del Rin”. O sea, si la idea era evitar el escándalo, ¡le salió al revés! Un subdirector le preguntó entre risas por qué traía a Wagner a todo volumen, y al enterarse de la razón, sólo pudo soltar una carcajada y decir: “Perfecta obediencia maliciosa”.
Como diría cualquier latino: “¡Eso es tener maña y no tonterías!”
Comentarios de la comunidad: Bromas, música y un poco de filosofía
Esta historia, compartida en Reddit, rápidamente se llenó de comentarios de todo tipo. Muchos aprovecharon para soltar chistes de músicos clásicos y hasta juegos de palabras:
- “Dijo: Volveré... Bach” (haciendo el típico chiste de “I’ll be back” de Terminator, pero con el compositor Bach).
- “La respuesta apropiada sería: ¡No puedes Handel la verdad!” (en inglés, “Handel” suena igual que “handle”, y es otro compositor famoso).
- “¿Pero le gustaba Wagner a la maestra, o se escondía del Profe todas las mañanas?” (en inglés, “Haydn” suena igual que “hiding”, otro juego de palabras con el compositor Haydn).
Hubo quien sugirió otras piezas igual de potentes, como “El salón del rey de la montaña” de Edvard Grieg, considerada por algunos como la primera pieza heavy metal de la historia. Otros decían que el verdadero crimen hubiera sido poner la Obertura 1812 de Tchaikovsky… ¡con cañones y todo! Imagínate la escena: alumnos llegando y el estacionamiento retumbando como si fuera la final de la Copa Libertadores.
Un usuario latino diría: “Eso sí es llegar con estilo, ¡ni Daddy Yankee en sus mejores tiempos!”
Más allá de la anécdota: ¿Por qué nos encanta la obediencia maliciosa?
Este tipo de historias conectan con nosotros porque todos hemos tenido ese jefe, profe o autoridad que pone reglas absurdas. Y en lugar de pelearse, a veces lo mejor es seguir las reglas... de una forma tan literal que terminas burlándote del sistema.
En el caso del Profe Rockero, no solo cumplió con la orden, sino que llevó el asunto a otro nivel. Como él mismo respondió a un curioso: “Me dijeron que no podía poner rock, pero sí música clásica. Así que puse el equivalente clásico del rock pesado. Escucha la obertura de Tannhäuser, es rock antes de que existiera el rock”.
Y al final, la supervisora no pudo quejarse porque, como dicen por aquí: “A lo hecho, pecho”. Sólo le quedó poner cara de limón mordido cada vez que Wagner sonaba en el estacionamiento.
Cierre: ¿Y tú, qué harías?
Esta historia nos deja una lección buenísima: a veces las reglas absurdas sólo sirven para inspirar las mejores bromas. Y como buenos latinos, sabemos que la creatividad es el mejor antídoto contra la autoridad excesiva.
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Cuál sería tu “obediencia maliciosa” favorita? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y recuerda: si la vida te da reglas tontas, ¡haz que suene Wagner!
Hasta la próxima, y que nunca te falte una buena playlist para sobrevivir al trabajo o la escuela.
Publicación Original en Reddit: Principal teacher hated my music.