Cuando la venganza huele a lavanda: la historia de una roomie tóxica y su merecido aroma
¿Alguna vez has compartido departamento con alguien que parecía la reencarnación de la mala suerte? De esos roomies que te sacan canas verdes y te hacen replantearte todas tus decisiones de vida. Si tu respuesta es sí, prepárate para sentirte identificado, y si no… bueno, aprende de esta historia para que nunca te pase.
Hoy te cuento la anécdota de una persona que, tras meses de aguantar a una “mejor amiga” convertida en pesadilla, decidió vengarse de la forma más sutil (y aromática) posible: empapando el departamento de lavanda, el olor que su ex roomie más odiaba en la vida. Porque en Latinoamérica, si algo sabemos hacer bien, es cobrar facturas… aunque sea con perfume.
¿Cómo empezó todo? Cuando la amistad se va por el drenaje
“Amigos, amigos… negocios aparte”, dice el dicho, pero en este caso la protagonista aprendió a la mala que vivir con un amigo puede ser la receta perfecta para el desastre. Desde el inicio, las señales estaban ahí: promesas incumplidas, gastos desiguales y una actitud bien fresca de “yo no fui”. ¿Quién no ha tenido alguna vez ese amigo que se olvida convenientemente de su parte de la renta o que cree que la cocina se limpia sola? Aquí, la “amiga” ni siquiera pagaba la mitad de los gastos y encima tenía para irse de fiesta cada vez que tocaba limpiar.
En palabras de la autora original, ella no pedía mucho: solo que su roomie limpiara lo que ensuciaba y pagara su parte. Pero la realidad era otra: platos sucios apilados por días, muebles y decoración apropiados, y hasta el clásico de perder los cargadores del celular misteriosamente (¡a todos nos ha pasado!).
La gota que derramó el vaso (de agua con cloro)
Como si fuera poco, la convivencia se fue enrareciendo hasta niveles tóxicos. Nuestra protagonista, que ya tenía suficiente con cuidar su salud y a su perrita (heredada tras la muerte de un amigo, en una historia digna de telenovela), se encontró lidiando con gatos no autorizados, desorden, evasivas y hasta notas “pasivo-agresivas” en el refri… que en realidad eran recordatorios básicos como “Por favor, limpia la grasa después de cocinar”.
Pero lo más fuerte vino cuando notó que su botella de agua olía a cloro. No era paranoia: tras investigar, descubrió que alguien estaba poniendo cloro en la jarra que ella y su perrita usaban para beber. Un comentarista del foro exclamó, adaptándolo al español latino: “¡Eso ya es de novela policiaca!” Y sí, en nuestra cultura, eso ya es cruzar la línea del chisme a la denuncia.
Y para rematar, un momento sumamente incómodo: la roomie dejó que el sobrino de la autora (de solo 12 años) durmiera en su cuarto, puerta cerrada y todo. Aunque no hubo pruebas de nada indebido, la situación fue tan grave que la misma autora reportó el caso a una línea de ayuda, pero las autoridades no hicieron nada porque el niño insistió que “no pasó nada”. Muchos en los comentarios explotaron: “¡¿Solo le dejaron lavanda?! Eso es poco castigo para semejante irresponsabilidad”.
La venganza: perfumar el infierno con lavanda
Aquí es donde entra el toque latino de creatividad para la venganza chiquita pero sabrosa. Resulta que la roomie odiaba la lavanda más que el tráfico de la CDMX un lunes por la mañana. Prohibía cualquier cosa con ese olor: velas, limpiadores, bolsas para basura… Pero la protagonista, en su último acto antes de irse, llenó el departamento de aceites, ceras y productos de limpieza de lavanda. Incluso escondió bolsitas aromáticas en los ductos del aire acondicionado y dejó productos estratégicamente repartidos.
Como bien opinó alguien en el foro: “La venganza perfecta es la que no deja huella legal… pero sí un olor que nunca se va.” Y otros usuarios, entre risas, decían: “¡Amigos son amigos, pero vivir juntos es receta para el desastre!”
Reflexión y moraleja: amigos sí, roomies con cuidado
Al final, el departamento quedó más limpio que nunca, la cuenta del daño fue altísima (¡más de 2,000 dólares en cargos por daños!) y la ex roomie seguramente tuvo que mudarse oliendo a lavanda por meses. Pero la lección para todos nosotros es clara: antes de compartir techo, checa bien con quién te estás metiendo. Como otro usuario del foro resumió: “Mejor solo que mal acompañado, y si te toca alguien así, que por lo menos huela bonito”.
Y tú, ¿tienes alguna historia de roomies digna de una telenovela? ¿Cómo te las arreglaste? Cuéntanos en los comentarios, porque en Latinoamérica, si algo no falta, son anécdotas sabrosas de convivencia.
¿Te animarías a una venganza tan perfumada? ¿O tienes alguna más creativa? ¡Comparte tu experiencia y sigamos riendo juntos de las locuras de vivir con otros!
Publicación Original en Reddit: Lavender to the gills