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Cuando la venganza en la oficina te regala caminar al trabajo: historia de una flexibilidad mal entendida

Ilustración en 3D de caricatura de compañeros de trabajo discutiendo sobre venganza en la oficina por horarios flexibles.
En esta vibrante escena en 3D, los compañeros de trabajo participan en una animada conversación sobre la venganza en el entorno laboral y el impacto de los horarios flexibles. ¡Sumérgete en el blog para explorar historias personales y consejos sobre cómo navegar la política de oficina!

¿Alguna vez te ha pasado que, por querer imponer una “justicia” en el trabajo, terminan todos peor? Pues agárrate, porque la siguiente historia de oficina es digna de una telenovela mexicana, con todo y caras largas, chismes de pasillo y una venganza tan sutil que hasta el jefe aplaudió. Prepárate para reírte (o indignarte), porque aquí sí se cumplió eso de “el que no cae, resbala”.

Flexibilidad laboral: el sueño... y la pesadilla

En muchas oficinas de Latinoamérica, la flexibilidad de horario es vista como ese unicornio que todos quieren, pero pocos tienen. Imagina que puedes elegir entrar temprano, salir temprano, o coordinar con tu equipo para que siempre haya alguien cubriendo el teléfono. ¡Suena perfecto! Bueno, en esta historia real, nuestro protagonista llevaba años entrando a las 8:00 a.m. para irse tranquilo a las 4:00 p.m., evitando el tráfico y con el visto bueno de todos. Eso sí, siempre asegurándose de que los teléfonos estuvieran atendidos y el trabajo saliera.

Pero ya sabemos cómo es la raza: cambias de departamento y de repente todo es motivo de discusión. Los nuevos compañeros, aunque nunca se quedaban sin cobertura, empezaron a quejarse porque “no era justo” que uno solo se fuera temprano. ¿Resultado? El jefe, cansado de los berrinches, intentó todo: turnos, permisos, hasta rogarles que se pusieran de acuerdo. Pero nadie quería irse temprano, solo querían que nadie destacara. Un clásico de oficina, ¿no?

La venganza: darles exactamente lo que pidieron

Inspirado por la sabiduría popular de "no muerdas la mano que te da de comer" (o como dicen los británicos, “don’t piss on your chips”), nuestro protagonista decidió darles gusto. En una junta, les preguntó si preferían que todos trabajaran de 9 a 5, sin flexibilidad y sin excepciones. ¡Todos felices! “Así debe ser, todos parejitos”, decían, sin pensar en las consecuencias.

Aquí es donde la historia se pone buena. Resulta que justo había un evento deportivo internacional (imagina un Mundial o unos Juegos Olímpicos), y los partidos eran por la mañana, horario ideal para quienes entraban tarde. Además, muchos aprovechaban la flexibilidad para ver los partidos en la sala de juntas, hacer largas pausas para el café y extender la hora de la comida. Pero ahora, con el nuevo horario, todos tenían que estar en su lugar de 9 a 5, sin excepción, y solo una hora para comer.

Como compartió un usuario en los comentarios: “La flexibilidad es muy bonita… hasta que la quitas y todos sienten el golpe de realidad”. Es como cuando en la oficina alguien pide que todos firmen tarjeta y luego se quejan de que ya no pueden llegar tarde ni salir antes. Otro lo resumió así: “La mejor venganza es dejar que se ahoguen en sus propias reglas”.

Y claro, como en toda buena historia de oficina, hubo caras largas, miradas de perro regañado y nadie se atrevió a pedir disculpas. Al contrario, intentaron convencer al protagonista de “hacer una excepción” cuando había partidos importantes. Pero él, firme, les recordó: “Estoy feliz de seguir la regla que ustedes mismos pidieron”.

El karma laboral y el giro inesperado

La cereza del pastel fue el anuncio de que la oficina se mudaba… ¡más cerca de la casa del protagonista! Ahora, sin necesidad de flexibilidad, podía caminar al trabajo, ahorrando tiempo y dinero. Como diría cualquier latino: “No hay mal que por bien no venga”.

En los comentarios, muchos aplaudieron la jugada: “Ganaste perdiendo”, “Eso sí fue una venganza con clase”, y “Ahora que caminas al trabajo, seguro hasta llegas más relajado”. Un gerente de otro departamento hasta le llevó café para felicitarlo y burlar a los compañeros envidiosos.

Esta historia nos recuerda ese dicho abuelita: “El que mucho abarca, poco aprieta”. A veces, por querer emparejar el piso, acabamos cavando nuestro propio hoyo. Y como bien dijo el protagonista, “nunca hagas algo solo por principio, porque te puedes dar un buen tropezón”.

Reflexión: ¿Vale la pena pelear por lo que no te afecta?

En Latinoamérica, donde la convivencia en la oficina es casi familiar y los chismes vuelan más rápido que el WiFi, esta historia es un llamado a la cordura: si algo no te afecta, ¿para qué te amargas? Mejor vive y deja vivir, valora la flexibilidad y, si el jefe te da chance de arreglarte la vida, aprovéchalo.

Al final, la venganza no fue gritar, pelear ni hacer drama. Fue simplemente dejar que los demás se enredaran solitos en sus propias reglas. Y como dice la sabiduría popular: “El que escupe para arriba, en la cara le cae”.

¿Te ha pasado algo así en tu trabajo? ¿Eres del team “cada quien sus horarios” o prefieres que todos hagan lo mismo? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y, si tienes una anécdota de venganza chiquita pero sabrosa, ¡compártela! Aquí nos encantan las historias de oficina con final feliz... para unos más que para otros.


Publicación Original en Reddit: Workplace revenge