Cuando la vecina chismosa quiso usar el reglamento en mi contra… y terminó perdiendo la fiesta
¿Quién no ha tenido alguna vez un vecino complicado? De esos que parece que coleccionan quejas como estampitas y siempre están buscando un motivo para llamar a la autoridad, aunque sea por la cosa más mínima. Pues hoy te traigo una historia digna de sobremesa, donde la justicia poética se sirvió fría… y con música griega de fondo.
El vecino que no se dejó intimidar
Imagínate mudarte a tu nueva casa, con toda la ilusión, solo para descubrir que tu vecina parece tener un doctorado en buscar problemas. Así le pasó al protagonista de esta historia, quien apenas llegando, fue recibido con reclamos: que el agua de lluvia de su patio caía al terreno de la vecina (aunque la inclinación del terreno era así ¡desde hace 60 años!), y que debía invertir una fortuna en una solución. Como buen latino, nuestro protagonista le aplicó la clásica: “Si quiere, hágalo usted y yo le doy chance de entrar”. Por supuesto, la vecina no aceptó.
No contenta con eso, la señora decidió meterse en temas más “importantes”: llamó a la municipalidad para denunciar que un reflector del patio no tenía tapa. ¡Sí, así de grave! El inspector fue, vio el tema y hasta le comentó que esa vecina era famosa por sus quejas, que con solo corregir el detalle, asunto resuelto. Sin multas ni dramas.
Pero la cosa no quedó ahí. En el cumpleaños 80 del suegro, mientras la familia celebraba con música y risas (nada fuera de lo común en cualquier casa latina), la vecina volvió a llamar. El mismo inspector aconsejó: “Si alguna vez quieres evitarte líos cuando hagas fiesta, saca un permiso y listo”. Así de fácil.
La venganza se sirve con música… griega
Ahora viene lo bueno. Un día, nuestro protagonista escucha a su vecina invitando gente a un asadito. Y ya sabes, quien a hierro mata… Así que ni corto ni perezoso, fue a la municipalidad y pidió un permiso para fiesta ¡exactamente el mismo día y hora que la vecina planeaba su reunión!
¿El toque final? Cuando llegó el día, mientras los invitados de la señora llegaban, nuestro héroe encendió bocinas y puso música griega antigua de esas que los abuelos ponían para “torturar” a los nietos. Imagínate el ambiente: todos listos para el asado y de repente, el patio inundado de cánticos griegos a todo volumen. La vecina, fuera de sí, fue a tocar y timbrar como si el mundo se acabara; pero nadie abrió porque el dueño de casa estaba celebrando con los vecinos buena onda de al lado.
Al lunes siguiente, la señora, más enojada que nunca, fue a poner la queja. Pero el inspector, que ya la conocía de sobra, le respondió con una sonrisa de oreja a oreja: “Lo siento, él tiene permiso. No hay nada que hacer”.
Los comentarios de la comunidad: risas, consejos y anécdotas
En Reddit la historia se volvió viral y los comentarios no se hicieron esperar. Muchos compartieron experiencias parecidas con vecinos “fiscales” que parecen tener la línea directa con la municipalidad. Un usuario, que decía trabajar en inspecciones, confesó que hay gente así en todas partes: “Tenemos clientes frecuentes que llaman por cualquier cosa. A veces es mejor simplemente ignorarlos”.
Otro comentó, “Yo tuve una vecina que hasta me quería demandar por el humo del asador, hasta que su cerca resultó estar fuera del reglamento… y la hicieron quitarla”. ¡Karma instantáneo!
Y no faltó el humor: “La música griega es buenísima para este tipo de venganzas. Yo, siendo escocés, pondría gaitas toda la noche”, bromeó otro usuario. Incluso hubo quien sugirió otras “tácticas” más creativas, como dejar un compresor encendido cerca de la cerca o poner música experimental de esas que ni en las fiestas de pueblo toleran.
Muchos se preguntaron cómo es posible que en algunos lugares se necesite permiso hasta para poner música en casa. Pero como bien explicó un usuario, a veces el permiso es solo para blindarse contra quejas, no porque realmente lo necesites. Así, si tienes el papelito, el inspector puede simplemente colgarle el teléfono al vecino fastidioso.
Reflexión final: A veces la mejor respuesta es la creatividad
Esta historia nos recuerda algo muy latino: a veces, en vez de pelear de frente, una respuesta ingeniosa y sin perder la calma es la mejor arma contra quienes buscan hacernos la vida imposible. Nuestro protagonista no solo se defendió, sino que le dio a la vecina una probadita de su propio chocolate (o en este caso, de música griega).
¿Tienes un vecino así de intenso? ¿Cuál ha sido tu estrategia para sobrevivir al “vigilante del barrio”? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este post con ese amigo que siempre tiene un chisme de vecinos. ¡La próxima vez que te quieran amargar la fiesta, recuerda: permiso en mano y música que desespere… pero sin perder nunca el buen humor!
Publicación Original en Reddit: Neighbor tried to weaponize town code enforcement. ( it backfired)