Cuando la tacañería pone en peligro a los perros: una historia de verano y calor extremo en un B&B ecológico
Hay historias que te hacen perder la fe en la humanidad… y luego están las que te dan ganas de lanzar la chancla y no parar hasta que rebote en la luna. Así me sentí leyendo la experiencia de un anfitrión de un bed & breakfast ecológico en las montañas de Europa, donde el ambiente suele ser amigable, familiar y, claro, muy pet friendly. Pero este verano, entre turistas tacaños y actitudes que hasta al más paciente le sacan canas verdes, sucedió algo que nos invita a reflexionar —y a reírnos para no llorar— sobre el cuidado de los animales y la importancia de no pasarnos de vivos.
La historia: calor, vacaciones y una decisión absurda
Imaginen lo siguiente: es pleno verano europeo, con una ola de calor que hace sudar hasta a los pingüinos de Madagascar. Una familia llega sonriente al B&B, dos hijos bien portados, todo parece perfecto… hasta que el papá pregunta, casi de paso: “¿Los perros pueden entrar a la piscina?” Nadie había avisado que traían perro, pero el anfitrión, que aquí llamaremos “Chris”, ya tiene maña para estas cosas y responde con amabilidad: “¡No hay problema, nos encantan los perros! Solo hay una pequeña cuota por noche, les puedo traer camita, platos y hasta cobija para el sillón”.
¿La respuesta del papá? “No, gracias. El perro dormirá en la camioneta”. Y no cualquier noche, sino en una donde la temperatura supera los 35°C. ¿Quién en sus cinco sentidos dejaría a un perro encerrado en una van bajo ese calor infernal? Si aquí en Latinoamérica todos sabemos que ni a la suegra se le deja en el coche con ese clima, ¡menos a un pobre animalito!
El debate: ¿Por ahorrar unos pesos vale la pena arriesgar una vida?
Lo que más duele (y hasta indigna) es que la cuota por el perro era de solo ¡10 dólares la noche! Ya quisiéramos muchos ese precio en un hotel, y encima con servicios incluidos. Un comentario de la comunidad lo resume perfecto: “¿Solo cobran 10 dólares por noche y encima te dan cama, platos y cobija? ¡Eso es una ganga! ¿Qué clase de dueño deja a su perro en el auto por ahorrarse eso?”.
Y es que la tacañería puede sacar el peor lado de la gente. Un usuario recordó cómo cortó amistad con alguien que defendía dejar a su perro en el auto “con la ventana entreabierta”, mientras otro soñaba con una justicia poética: “Deberían meter a esos dueños en un coche cerrado todo el día con ese calor, a ver si así aprenden empatía”. Aquí no faltó quien sugiriera que la multa por dejar al perro en el auto fuera muchísimo mayor que la tarifa del hotel.
Pero la realidad supera la ficción. Cuando el anfitrión intentó razonar con los huéspedes, explicándoles el peligro mortal que eso significaba, la respuesta fue un encogimiento de hombros y un “Bueno, ya veremos si hace mucho calor en la noche”. Como decimos aquí: les entró por un oído y les salió por el otro.
Lo peor es que, al final, por un descuido en medio del ajetreo del hospedaje, el compañero de Chris no cobró la tarifa del perro porque, según los huéspedes, “el perro nunca entró al departamento”. Sí, claro, porque sobrevivir en una van hirviendo es mucho mejor que dormir en una camita suave. ¡Qué coraje!
Lo que nos enseña la comunidad: empatía, reglas claras y sentido común
La reacción de la comunidad fue feroz y solidaria. Muchos compartieron experiencias similares, desde hoteles en Estados Unidos que cobran hasta 50 dólares la noche por mascota (¡y ni siquiera dan camita!), hasta anécdotas en donde la policía rompe vidrios para salvar perros en peligro. Aquí en Latinoamérica, más de uno habría llamado a Protección Animal sin dudarlo.
Un comentario que me encantó fue: “Nuestros perros merecen lo mejor, no entiendo cómo hay gente que no les da una vida digna”. Y otro, con ese humor ácido que nos caracteriza: “Por ahorrarse 10 dólares, casi pierden al perro… y seguro ni siquiera les dolió”.
Ante todo esto, muchos aconsejaron endurecer las reglas: cobrar la tarifa por tener perro en la propiedad (no solo en el departamento), poner multas mucho más altas a quienes intenten pasarse de listos, y hasta dejar claro desde el contrato que, si no avisan del perro, la sanción será ejemplar. Porque, como decía un usuario, “los huéspedes siempre encuentran al eslabón más débil en el equipo, y si hay chance de pasarse de vivos, lo harán”.
Reflexión final: Amor perruno y cero excusas
En Latinoamérica, donde el perro es parte de la familia (y hasta se le sirve antes que al cuñado en la comida), historias como esta nos recuerdan lo importante que es alzar la voz por quienes no pueden defenderse. Si te vas de viaje y llevas a tu peludo, dale lo mejor, no lo dejes a su suerte por ahorrarte unos pesos. Y si eres anfitrión, que no te tiemble la mano para poner límites y proteger a los más vulnerables.
Al final, como dijo el propio Chris: “Me alegra que el Malinois siga vivo. Todo esto, solo por 10 dólares la noche”. ¿Vale la pena arriesgar la vida de tu mejor amigo por tan poco? Aquí la respuesta es un rotundo NO.
¿Tú qué opinas? ¿Qué harías si ves a alguien dejando a su perro en el auto bajo el sol? Cuéntanos tu experiencia, comparte este artículo y, sobre todo, ¡abraza a tu mascota hoy mismo!
Porque, como decimos por acá, “el que no quiere a los animales, no quiere a nadie”. Y tú, ¿de qué lado estás?
Publicación Original en Reddit: 'The dog will stay in the car'