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Cuando la seguridad en el trabajo se vuelve teatro: historias delirantes del campo petrolero

Trabajador de campo petrolero con equipo ignífugo bajo el abrasador sol de Texas, resaltando los retos de seguridad en el calor extremo.
En el sofocante calor del sur de Texas, un trabajador de campo petrolero se viste con equipo ignífugo, retratando la tensión entre los protocolos de seguridad y las condiciones climáticas extremas. Esta imagen cinematográfica refleja los desafíos reales que enfrentan quienes equilibran la seguridad y la comodidad en entornos adversos.

Pensemos por un momento en el calor brutal del norte de México, o de la frontera entre Texas y Tamaulipas, donde el sol pega tan fuerte que hasta las lagartijas buscan sombra. Ahora imagina estar ahí, en pleno verano, sudando la gota gorda, y que llega el encargado de seguridad, ese que nunca se ha ensuciado las botas, y te exige ponerte encima un traje grueso e ignífugo… aunque no haya ni un pozo de petróleo a la vista.

¿Te suena familiar? Esta historia, que nació en Reddit, nos recuerda que a veces la obsesión por la seguridad puede ser tan absurda como comerse una sopa hirviendo en el desierto.

Seguridad: del sentido común al teatro del absurdo

En el mundo laboral latinoamericano, todos conocemos al típico jefe o supervisor que se toma las reglas al pie de la letra, sin importar el contexto. Pero hay ocasiones en que la lógica se va de vacaciones y lo que queda es puro “teatro de la seguridad”. Así lo llamaron varios usuarios en el hilo original: acciones para que parezca que todo está bajo control, pero que en realidad complican la vida y hasta ponen en riesgo a la gente.

En la anécdota original, el equipo estaba trabajando bajo un sol infernal, en un terreno vacío, antes de que siquiera empezara la perforación del pozo de petróleo. Lo normal sería usar ropa cómoda y fresca, pero el supervisor de seguridad —recién salido de la oficina, probablemente con aire acondicionado— llegó exigiendo los trajes anti-flama (FRS), calurosos como un horno. ¿La solución? Cumplir la regla al pie de la letra y tomar un descanso de 15 minutos por cada 5 de trabajo, para “no poner en riesgo la salud”. Lo que debió ser un trabajo de horas, se extendió a días. Cuando el jefe de la empresa vio la cuenta, casi le da un infarto. Y el supervisor de seguridad, después de ser regañado, tuvo que aceptar que las reglas no pueden aplicarse igual en todas partes.

Como bien comentó un usuario: “El sentido común es como el desodorante; quienes más lo necesitan, menos lo usan”. ¡Y vaya que aplica!

Cuando la seguridad se convierte en obstáculo

No solo pasa en el petróleo. Un usuario contó que en una fábrica automotriz la nueva directora de seguridad empezó a dar capacitaciones mensuales sobre cómo caminar despacio en el hielo o tomar agua en verano… pero sin dar más descansos ni mejorar las condiciones reales. Otro compartió cómo tenía que usar botas de acero, chaleco reflectante y casco para trabajar ¡en un hotel!, solo porque un compañero se dio un pequeño golpe en la cabeza.

Y es que muchas veces, las políticas vienen de personas que nunca han hecho el trabajo en el campo. Como le pasó a otro forista: “La seguridad la piensan los de la oficina, no los que sudan la camiseta”. En América Latina, todos conocemos esa desconexión: el que manda no siempre entiende lo que implica estar bajo el sol, en el taller, o en la línea de fuego.

Risas, corajes y una pizca de rebeldía

Por supuesto, el ingenio latino nunca falta. Cuando las reglas son ridículas, la gente encuentra maneras de demostrar lo absurdo. El protagonista de nuestra historia, harto de los excesos del supervisor, le pidió que “supervisara la orina para verificar hidratación”, y le facturó horas extras por cada pausa forzada bajo el calorón. Otro usuario contó que le pidieron usar un mono Tyvek (como para pintar o tratar químicos) solo para cargar diésel, que ni siquiera es inflamable fácilmente. Bastó con poner la tarifa a $500 la hora y el asunto se corrigió rapidito.

Y no todo es chiste: un usuario recordó que las reglas de seguridad se escriben en sangre, porque hay trabajos donde un descuido es fatal. Pero también advirtió que las malas políticas solo se ignoran o se burlan, y eso puede ser más peligroso a largo plazo. De ahí el clásico consejo: “La seguridad debe ser lógica, no un obstáculo”.

La moraleja: Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre

Si algo nos enseña esta montaña rusa de historias es que el sentido común no debe perderse, ni siquiera entre protocolos y manuales. En el trabajo duro latinoamericano, donde la vida real no cabe en un reglamento rígido, la seguridad debe proteger, no complicar. Como dijo sabiamente uno de los comentaristas: “No puedes pelearte con la física, pero tampoco puedes dejar el cerebro en casa”.

Y tú, ¿has vivido alguna situación absurda por culpa de reglas mal aplicadas en tu trabajo? ¿Te han hecho usar casco hasta para ir al baño? Cuéntanos tus historias, que aquí todos hemos sido víctimas (o testigos) del famoso “teatro de la seguridad”. ¡Comparte en los comentarios y no olvides usar el sentido común, ése que no todos cultivan en su jardín!


Publicación Original en Reddit: Sometimes it's not really smarr to be safe