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Cuando la 'obediencia maliciosa' te consigue un aumento (y una lección para los jefes)

Gerente retirado reflexionando sobre retos pasados y relaciones laborales en una oficina moderna.
Una representación fotorrealista de un gerente retirado contemplando las complejidades del liderazgo y la comunicación en programación, resaltando las sutilezas de apoyar al personal después de la jubilación.

¿Alguna vez has sentido esas ganas de seguir las reglas al pie de la letra, aun sabiendo que el resultado será un desastre... solo para que tus jefes aprendan la lección? Pues toma asiento, porque esta historia de oficina, protagonizada por un programador latino en EE.UU., es digna de una charla de café con pan dulce.

Imagina que eres el “todólogo” de tu equipo: resuelves dudas, asignas tareas, apagas fuegos y, claro, también programas. Pero un buen día, la empresa decide que la gerencia debe estar a seis horas de diferencia... en Reino Unido. ¿Qué podría salir mal? Spoiler: todo.

El inicio del caos: cuando la gerencia olvida los husos horarios

Todo comenzó cuando la empresa, en un arrebato de “eficiencia global”, decidió juntar a los equipos de programación de EE.UU. y Reino Unido. La nueva regla: solo los managers del Reino Unido responden dudas y gestionan proyectos. Nuestro protagonista —el experto de mayor antigüedad y conocimiento— debía limitarse a picar código y dejar el rol de líder.

¿El detalle que nadie pensó? El desfase horario. Mientras en Latinoamérica estamos acostumbrados a adaptarnos a horarios de clientes en Madrid o Miami, aquí el equipo de EE.UU. solo coincidía dos o tres horas al día con sus nuevos jefes británicos. El resto del tiempo, cualquier duda debía esperar hasta el día siguiente. Por supuesto, en vez de quedarse de brazos cruzados, los colegas seguían preguntando al exjefe, quien siempre tenía la respuesta lista.

Obediencia maliciosa: “Si no puedo ayudar, que se aguanten”

Pero la armonía no duró mucho. Los managers británicos se molestaron porque los estadounidenses no los buscaban a ellos, sino a su exjefe de siempre. Así que vino la orden fatídica: “¡No respondas más dudas! Que le pregunten a su nuevo jefe”.

Aquí es donde entra la famosa “obediencia maliciosa” —esa actitud tan latina de seguir la regla a rajatabla, aunque sepamos el caos que se avecina. Nuestro protagonista, con una sonrisa pícara, avisó a su antiguo equipo: “No puedo ayudarlos. Pregunten a su nuevo jefe mañana. Así lo ordenaron”.

El resultado fue lo que todos en la oficina esperaban menos los de arriba: las bandejas de entrada de los managers del Reino Unido se llenaron de preguntas, problemas y solicitudes que fácilmente podrían haberse resuelto en cinco minutos. Pero ahora, con la diferencia horaria, cada respuesta tardaba un día o más. Los proyectos empezaron a retrasarse, los deadlines se escapaban y la productividad se fue al suelo. Como diría cualquier mexicano: “era cuestión de tiempo para que se les cayera el teatrito”.

Los comentarios: risas, aprendizajes y una pizca de sarcasmo

En Reddit, la comunidad se relamía con la historia. Un usuario comentó con humor: “Aguantaste y conseguiste el aumento, ¡eso sí es de crack!”. Otro añadió, “No solo conseguiste un aumento, sino que te subieron el sueldo por hacer exactamente lo mismo que antes”. Como decimos en el sur, “mataste dos pájaros de un tiro”.

También hubo espacio para la reflexión. “Los gerentes nunca se dan cuenta de lo que pasa cuando necesitas esperar respuestas de alguien del otro lado del mundo”, comentó alguien, recordando esas eternas cadenas de correos que todos odiamos. Otro usuario, con ironía, señaló: “Parece que la alta gerencia nunca tiene idea de lo que realmente pasa en la empresa. Si algo funciona, ¡no lo cambies nomás por figurar!”.

Y es que, como decimos en Latinoamérica, “si no está roto, no lo arregles”. Pero muchas veces, los que toman las decisiones viven en una burbuja de hojas de cálculo y nunca pisan el piso donde se hace el trabajo real.

El giro final: cuando la lógica y la experiencia ganan (y el sueldo también)

Después de semanas de caos y correos sin respuesta, la realidad se impuso. Los managers británicos finalmente entendieron lo obvio: necesitaban a alguien en el mismo huso horario para tomar decisiones rápidas. Así que, con la cola entre las patas, llamaron de vuelta a nuestro protagonista para ofrecerle... ¡un aumento si aceptaba volver a ser manager!

Aquí, cualquier latino se sentiría identificado: a veces, solo cuando el jefe siente en el bolsillo las consecuencias, empieza a escuchar lo que los trabajadores llevaban semanas advirtiendo. Como uno de los comentaristas resumió: “Bien jugado. Ojalá más empresas aprendieran que los atajos de Excel no solucionan los problemas del mundo real”.

Y nuestro héroe, fiel a su estilo, aceptó el aumento, pero dejó claro que solo regresaba porque ahora sí valoraban su experiencia. Porque, como decimos por acá, “el que sabe, sabe... y el que no, es jefe”.

Conclusión: ¿Y tú, has vivido una “obediencia maliciosa” en tu trabajo?

Esta historia nos recuerda que a veces, para que las cosas cambien, hay que dejar que el sistema se caiga por su propio peso. Y que, en la oficina —sea en México, Argentina, o cualquier parte de Latinoamérica— la sabiduría del trabajador siempre vale oro, aunque algunos jefes se empeñen en ignorarla.

¿Tú has tenido que aplicar la “obediencia maliciosa” en el trabajo? ¿O alguna vez un jefe cambió algo que funcionaba solo para complicar la vida a todos? Cuéntanos en los comentarios, ¡y que viva el sentido común (y los aumentos inesperados)!


Publicación Original en Reddit: OK - I won't answer my old staff's questions and help them ...