Cuando la obediencia ciega en juntas matutinas te deja sin bono (y sin paciencia)
¿Quién no ha sufrido esas juntas eternas donde el tiempo parece estirarse como chicle y los temas realmente importantes brillan por su ausencia? Seguro más de uno ha pensado: “¿De verdad esto no se podría resolver por WhatsApp?”. Hoy les traigo la historia de alguien que, por cumplir las reglas absurdas de su jefa, terminó viendo cómo ella misma se quitaba el pan de la boca… ¡y todo por no saber sumar ni redondear!
La pesadilla de la junta matutina: de “stand up” a “siéntate y resígnate”
En muchos trabajos de cuidado de adultos mayores, el día comienza con lo que llaman “stand up” —una mini reunión rápida para que los gerentes se pongan de acuerdo y todos arranquen bien informados. Hay jefes que la hacen como Dios manda: de pie, cortita y al grano. Pero la directora del edificio donde nuestro protagonista hacía su internado tenía otra idea brillante: ¡una sola reunión a la semana, pero de tres horas completas!
¿El resultado? Después de media hora, ya todos estaban tan fritos como empanadas en feria, y la directora se ponía a despotricar de su desayuno y su tráfico. Nada útil, pero eso sí, el sudor no faltaba porque el salón parecía sauna de gimnasio.
Cuando la obediencia maliciosa es la mejor arma del becario
Nuestro protagonista, buen becario y queriendo quedar bien, llegó una mañana con temas preparados para aportar. Pero la directora, con su manual de reglas absurdas en mano, le dijo: “Si tu tema no es relevante para todos, no lo traigas aquí”. ¡Como si en todas las empresas el 100% de los temas fueran de interés general! Pero bueno, “manda más el que puede que el que quiere”, así que el becario simplemente obedeció.
A partir de ese día, cada vez que le tocaba hablar, soltaba: “Lo que tengo que decir no es para todos”. ¡Y se quedó calladito! Todos sus aportes, ideas frescas y aprendizajes de otros cargos se los guardó. Como decimos en Latinoamérica, “a palabras necias, oídos sordos”.
Un comentarista de la historia resumió perfecto la situación: “Uno de los problemas de ser ‘mala onda’ con tus subordinados es que nunca sabes lo que te estás perdiendo, porque simplemente nunca te lo dicen”. Y en este caso, la directora se quedó sin la menor idea de lo que el becario podía aportar.
El bono perdido (o cómo no saber redondear te cuesta dinero)
Pero aquí viene el bonus, y no precisamente el económico. Resulta que la directora le pedía al becario llenar formularios con porcentajes de ocupación. Un día, lo regañó frente a todos porque “no se redondea para arriba a menos que el decimal sea .6 o más”. El becario intentó explicarle que se redondea desde .5, pero la directora solo atinó a burlarse: “Pobres de tus profesores de matemáticas”.
¿El colmo? El número en cuestión era 94.54%. La directora insistía en reportarlo como 94% y no 95%. ¿Por qué es grave esto? Porque el bono por ocupación en ese edificio se ganaba sólo si llegaban a 95%. Así que, por no saber redondear y por no escuchar, la directora se cortó solita el bono. Como diría cualquier tía en la sobremesa: “¡Por burra!”
Uno de los comentarios más celebrados en la comunidad decía: “¿Estoy entendiendo bien? ¿Ella misma se estaba quitando el bono?”. Así fue: por necia, se quedó sin el premio. Como en el fútbol: “la metió en su propio arco”.
Reflexión final: lo que NO hacer cuando eres jefe
Para cerrar su internado, nuestro protagonista escribió su ensayo final sobre “lo que un mal jefe te puede enseñar”. Porque sí, hasta de los peores líderes se aprende, aunque sea por contraste. Como bien apuntó un lector: “Eso es un clásico ejemplo de incompetencia gerencial”.
Y ojo, que este tipo de situaciones no son exclusivas de una cultura. ¿Quién no ha tenido un jefe que hace reuniones eternas, pone reglas absurdas y luego se pregunta por qué las cosas no funcionan? Esas historias abundan tanto en oficinas de Ciudad de México como en Buenos Aires o Bogotá.
Además, no faltó el bromista que comparó la situación con “el Pokémon que se hiere a sí mismo por confusión”. Y es que, a veces, los propios líderes son su peor enemigo.
¿Y tú? ¿Qué harías en esa situación?
¿Alguna vez has obedecido las reglas al pie de la letra solo para demostrar lo absurdas que son? ¿Tienes historias de jefes que, por necios, terminan perdiendo más de lo que ganan? ¡Cuéntanos en los comentarios! Quizá hasta hagamos una segunda parte con las mejores anécdotas. Porque si algo nos une en Latinoamérica, es el arte de sobrevivir (y reírnos) de los absurdos de la oficina.
Nos leemos la próxima, ¡y que ninguna junta te quite el café ni el buen humor!
Publicación Original en Reddit: Morning Meeting Compliance (plus a bonus)