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Cuando la mochila se convierte en justicia: la pequeña venganza universitaria que todos aplaudimos

Imagen en 3D estilo caricatura de un estudiante luchando con una mochila pesada llena de libros de ingeniería.
Esta animada ilustración en 3D retrata la lucha de cargar una mochila pesada llena de libros de ingeniería, evocando los desafíos vividos en los días universitarios en un viejo edificio de aulas.

¿Alguna vez te has topado con esa persona que bloquea la puerta justo cuando más prisa tienes? Seguramente sí. Hay un tipo de persona que, sin importar el lugar —la universidad, el metro, el supermercado— decide que el mundo puede esperar mientras charla, consulta el celular o simplemente se queda plantado donde más estorba. Hoy te traigo una historia digna de aplauso sobre cómo una mochila puede ser más poderosa que cualquier sermón.

El drama de las puertas: una escena conocida en Latinoamérica

En casi todas las universidades de Latinoamérica hay un edificio viejo, de esos con puertas angostas y pasillos anchos donde la ley del más vivo manda. Imagina: cincuenta estudiantes saliendo de clase, todos cargando mochilas pesadas llenas de libros de ingeniería (sí, esos ladrillos que parecen diseñados para herniar espaldas), avanzando en fila india porque la única puerta mide apenas lo suficiente para una persona. Ahora, suma a la mezcla el clásico personaje que decide plantarse justo en el umbral, platicando animadamente con un amigo, bloqueando el paso mientras los demás hacen malabares para salir.

¿Te suena? Seguro que sí. Lo mismo pasa en la salida del Metro de la Ciudad de México, en los pasillos del TransMilenio de Bogotá o en la entrada del Oxxo en plena hora pico.

El arte de la venganza pequeñita (pero efectiva)

Nuestro protagonista, estudiante de ingeniería con experiencia en cargar mochilas de 9 kilos y paciencia limitada, decidió que ese día no iba a ser uno más de los que se dejan aplastar (literalmente) por la indiferencia. Con la mochila al hombro, avanzó decidido, giró el cuerpo para pasar por el huequito que dejó el obstáculo humano y, con un educado pero firme "permiso", dejó que la mochila hiciera justicia. El bulto de libros impactó de lleno en el pecho del bloqueador profesional, que salió disparado del marco de la puerta, sorprendido y, por fin, fuera del camino.

No fue un acto de violencia, sino de justicia. Como bien dijo un comentario en la publicación original: "Decidí abrir el drenaje, quitar el tapón y dejar correr el agua". En otras palabras, un poquito de karma en tiempo real.

Uno de los compañeros, que venía justo detrás, no pudo evitar soltar la carcajada. Y es que hay momentos en los que el universo necesita un empujoncito (o mochilazo) para restablecer el orden natural de las cosas.

Todos conocemos un "tapa-puertas": del aula al supermercado

La historia no tardó en encender las redes. Muchos comentaron que el "tapa-puertas" universitario es el mismo que hoy bloquea pasillos enteros en el supermercado, estaciona su coche atravesado en dos lugares o deja el carrito de compras justo en medio del pasillo mientras busca la lata de maíz perfecta. Un usuario incluso bromeó: "Ese tipo es el que deja su carrito en medio del pasillo mientras revisa cada etiqueta como si estuviera buscando oro".

Y no falta la abuelita tierna pero implacable, que con su carrito logra bloquear toda la caja del súper y obliga a los demás a hacer malabares para no tumbar la torre de latas. Como dijo otro comentarista: "Las abuelitas son fuego. Si alguien tiene que llamarte la atención, confía en una señora mayor. Yo ya estoy entrando a esa etapa y se siente delicioso".

También hubo quien relató batallas similares en el transporte público, donde los que intentan subir antes de dejar bajar son frenados (a veces con un codazo involuntario) por quienes, como la protagonista de otro comentario, aprendieron en el rugby a abrirse paso sin pedir permiso. ¡Nada que envidiarle a las luchas del metro en hora pico!

¿Por qué nos molesta tanto? El arte de ser considerado

Más allá de la anécdota chistosa y el alivio que sentimos cuando vemos que alguien pone en su lugar al despistado de turno, la historia revela algo muy latinoamericano: la eterna lucha entre la cortesía y el "me vale". En nuestra cultura, donde el "con permiso" y el "gracias" son casi sagrados, encontrarse con quien no respeta el espacio común es una falta de respeto a la convivencia diaria.

Como bien apuntó otro usuario: “Nunca deja de sorprenderme lo despistada que puede ser la gente cuando está incomodando a los demás”. Y es cierto: ¿qué tan difícil es dar un paso al costado y dejar pasar? ¿Por qué se nos olvida pensar en el otro?

La respuesta, quizás, está en esas pequeñas venganzas cotidianas que nos devuelven la fe en la justicia poética. A veces, un mochilazo vale más que mil palabras.

Conclusión: ¿Tú qué harías?

La próxima vez que te encuentres con un bloqueador de puertas, pasillos o escaleras, recuerda esta historia. Tal vez no sea necesario dar un mochilazo, pero sí podemos aprender a no ser "ese" que estorba. Y si eres de los que ya han repartido justicia con sus mochilas, ¡cuéntanos tu anécdota! Porque al final, todos tenemos un poco de héroe en la mochila... o al menos, un buen cuento para compartir.

Y tú, ¿cuál ha sido tu pequeña venganza en el transporte, la escuela o el súper? ¡Déjala en los comentarios!


Publicación Original en Reddit: Excuse me