Cuando la impresora pone en jaque al “profe” de informática: historias de soporte técnico que nos hacen reír (y llorar)
¿Quién no ha tenido una guerra personal con una impresora? En la oficina, en la escuela, en casa… esos aparatos parecen tener vida propia. Pero cuando el que tropieza con el monstruo de los drivers es justamente el profe de computación, la historia se convierte en una tragicomedia que vale la pena contar. Hoy te traigo una de esas anécdotas que circulan por internet y que refleja perfectamente lo que muchos hemos vivido: impresoras rebeldes, usuarios confiados y, cómo no, el toque humorístico que nunca puede faltar en soporte técnico.
La leyenda de la impresora embrujada
Todo comenzó como un día normal para el buen técnico de soporte. Había recibido un ticket sencillo: instalar una impresora nueva para la escuela. Nada fuera de este mundo, ¡pan comido! El tipo activó el puerto, configuró el DHCP (cosas de informáticos), comprobó la conexión… todo marchaba bien. Hasta aquí, la historia suena tan rutinaria como pedir una torta de jamón en la fonda de la esquina.
El detalle curioso es que la impresora era para la maestra de computación. Sí, esa persona que se supone debe saber cómo funciona hasta el último botón de “Panel de Control”. Pero aquí es donde la realidad supera la ficción: al probar el cable de red, el técnico se da cuenta de que está mal terminado. La profe, con aires de experta, dice: “Bueno, antes sí me funcionaba”. ¿Te suena familiar ese espíritu de “yo puedo solo”? Ni modo, el técnico se aguanta la risa y le pregunta si quiere ayuda para instalar la impresora en su PC. “No, gracias, yo puedo”, responde la maestra, segura de sí misma.
El ritual sacrificial de los drivers
Aquí es donde la historia se pone buena. La maestra, con toda la confianza del mundo, selecciona el driver genérico de PostScript para una impresora HP. Quien haya lidiado con impresoras sabe que esto es casi como ponerle tortillas a una licuadora y esperar que salga salsa. El técnico, viendo la escena, cuenta que por dentro se estaba aguantando la carcajada. Y, como era de esperarse, al mandar la página de prueba, la impresora empieza a escupir hojas como si fuera el papel de las tortillas en plena taquiza de barrio: ¡folleto tras folleto, sin parar!
En ese momento, el técnico interviene, le explica que necesita el driver correcto y, como por arte de magia, todo vuelve a la normalidad. “A ver, permíteme tantito”, le dice, y en segundos la impresora obedece. La maestra, humillada pero riéndose del chasco, reconoce su error. El técnico, por dentro, solo piensa: “Amateurs…”
Las impresoras: ese mal necesario que pide sacrificios
No hay mejor forma de entender estos dramas que echando un vistazo a los comentarios de otros guerreros del soporte técnico. Uno de los lectores más populares bromea: “Las impresoras son un sistema arcano que ni los magos de la informática entienden”. Otro remata: “Y suelen requerir el sacrificio ritual de un animal de granja para que funcionen”. ¡Vaya, que hay quienes se han cortado con el metal de una impresora y, casualmente, solo después de ese tributo de sangre, el aparato vuelve a la vida!
La comunidad coincide: las impresoras son la kriptonita de la tecnología. No importa si eres ingeniero, maestro, abogado o hasta el técnico más experimentado; siempre hay un modelo nuevo, un driver escondido, una configuración que se burla de tu paciencia. Hasta alguien menciona: “Tengo una HP en casa que cada vez que se va la luz, hay que reiniciarla y volverla a conectar. Mejor la cableé directo y santo remedio”.
Y claro, no falta quien recuerda la clásica frase: “Aquellos que no pueden, enseñan”, aunque muchos aclaran (con razón) que ser buen maestro no significa ser todólogo de hardware. Un usuario comenta: “La ciencia de la computación no tiene nada que ver con hacer que las computadoras dejen de estar descompuestas, igual que la astronomía no sabe nada de reparar telescopios”. ¡Sabias palabras!
¿Actitud o aptitud? El verdadero “bug” en la sala
Más allá de la anécdota graciosa, el debate se calienta entre quienes piensan que el técnico fue un poco burlón y quienes creen que la maestra se lo buscó por confiada. El propio autor aclara: no era cuestión de humillar, sino que la profe durante todo el proceso mostraba esa actitud de “yo lo sé todo, no necesito ayuda”. Y a veces, la mejor forma de aprender es tropezar con la impresora y dejar que dispare papel como metralleta hasta que uno mismo pida auxilio.
En Latinoamérica todos hemos visto esa escena: la jefa que se rehúsa a pedir ayuda para conectar el proyector, el profe que jura saber todo pero acaba pidiendo rescate porque el Word “no lo reconoce”. En palabras de otro comentarista: “Enseñar a niños lo básico de la compu es una cosa, pero hacer que una impresora rebelde funcione es otro nivel. Las impresoras son una clase especial de maldad”.
Conclusión: Entre risas, papel y humildad
Después de todo, estas historias nos recuerdan que la tecnología puede ser la gran igualadora: todos, alguna vez, nos hemos sentido perdidos frente a una impresora. Y que la humildad, tanto para pedir ayuda como para ofrecerla, vale oro en cualquier trabajo.
Así que la próxima vez que tu impresora se ponga a escupir papel como si no hubiera un mañana, respira hondo, ríete del chiste, y recuerda: hasta el profe de informática puede meter la pata. ¿Tienes una anécdota imperdible con impresoras? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque si algo une a nuestra región, es el humor con el que enfrentamos los problemas… y las impresoras tercas.
Publicación Original en Reddit: I love helping people but come on...