Cuando la impaciencia llama: la clienta que se ganó un “Time Out” en recepción
Un viernes cualquiera en recepción de hotel puede sentirse como tratar de meter el tráfico de la Ciudad de México en una sola calle: todos quieren pasar al mismo tiempo y nadie quiere esperar. Ahora, imagínate estar solo, con más de 40 llegadas, una fila que parece piñata de cumpleaños y, por si fuera poco, llamadas telefónicas de esas que te hacen reconsiderar tus decisiones de vida. Así empezó la historia de hoy, donde una clienta impaciente descubrió que, a veces, la espera es inevitable… y hasta educativa.
El arte de la espera… y la impaciencia telefónica
En muchos hoteles de Latinoamérica, el turno de la tarde (el famoso “segundo turno”) suele ser el más pesado. Es la hora en que llegan familias enteras, viajeros cansados, y uno que otro personaje que parece creer que el recepcionista tiene superpoderes. Así estaba nuestro protagonista, solo ante el peligro y sacando check-ins como si fueran tortillas en comal.
En ese caos, suena el teléfono. Es una señora que necesita ayuda con una reservación… ¡pero para dentro de dos meses! Aquí, cualquier latino pensaría: “¿No puedes esperar un ratito, doña?”. Pero no, la señora no tenía tiempo que perder. La pusieron en espera, colgó, volvió a marcar. Otra vez en espera, colgó, volvió a marcar. Y así, en un loop más intenso que las telenovelas de las ocho.
La conversación, según contó el recepcionista en Reddit, fue algo así:
— “Claro, la puedo ayudar en un momento, ¿me permite un segundo en lo que termino con otro huésped?”
— “Ok.”
(10 segundos después, cuelga y vuelve a marcar.)
Después de varios intentos y la misma respuesta, la paciencia del recepcionista llegó a su límite latino: le explicó con todas sus letras que colgar y volver a llamar no iba a acelerar nada, que había gente en fila y que, le gustara o no, iba a esperar. “O espera en la línea, o me deja su número y yo le regreso la llamada. Pero de que va a esperar, va a esperar”.
La señora, resignada, optó por quedarse en la línea… y ahí estuvo, más de 15 minutos, hasta que todos los demás huéspedes fueron atendidos. Si eso no es “poner en timeout” a alguien, no sé qué lo sea.
¿Realmente era tan urgente? Spoiler: ¡No!
Uno pensaría que la señora tenía una emergencia: se le quemó la casa, perdió a su hijo en el hotel, ¡algo grave! Pero no, lo suyo era modificar una reservación hecha por terceros (algo que, de por sí, suele ser un dolor de cabeza en cualquier hotel) y pedir información sobre amenidades, direcciones y atracciones locales… ¡todo disponible en la página web!
Muchos en la comunidad hotelera se sintieron identificados. Un usuario comentó, adaptándolo al español latino: “Siempre que alguien dice ‘es rapidito’, mejor siéntate y prepárate un cafecito, porque seguro va para largo”. Otro agregó: “Esa señora ni siquiera tenía prisa, solo quería atención inmediata, como si fuera la única persona en el mundo”.
Y es que, en Latinoamérica, todos hemos conocido a esa persona que cree que saltarse la fila o insistir cien veces va a hacer que la atiendan primero. Pero aquí aplica el dicho: “El que mucho corre, pronto para”. O como dijo otro usuario, “Lo urgente era su impaciencia, no su reservación”.
El dilema del recepcionista: ¿mano dura o mano blanda?
Muchos lectores opinaron que el recepcionista hizo bien en poner límites. Como dijo una usuaria: “A veces hay que ‘educar’ a los clientes groseros. Si no tienen paciencia, no es problema del trabajador”. Y en el fondo, tienen razón: en la cultura latina, aunque valoramos la cortesía, también sabemos cuándo alguien está abusando. Nadie quiere que lo vean la cara de “novato”.
Otro punto interesante fue cuando la señora pidió el apellido del recepcionista, buscando quizás intimidar o “escalar” la queja. Pero él, muy a la mexicana, le dijo: “Aquí soy el único con este nombre y soy el encargado en turno. Si quiere hablar con el gerente, llame el lunes”. Muchos aplaudieron esta respuesta, especialmente quienes han vivido situaciones donde dar datos personales puede convertirse en un dolor de cabeza, o peor.
Reflexión final: ¿Y tú, sabes esperar?
Más allá de lo chusco y frustrante, esta historia deja una lección para huéspedes y trabajadores por igual: la paciencia es clave. Como bien decían varios en los comentarios, “La gente frente a ti siempre es prioridad. El teléfono puede esperar”. Y en Latinoamérica, donde el trato directo y la palabra aún pesan, respetar el turno y entender que todos somos humanos es fundamental.
Así que, la próxima vez que te toque esperar en una fila, en un banco, o en el teléfono de un hotel, piensa en esta historia. Nadie se muere por esperar unos minutos. Y si eres de los que atiende público, que no te tiemble la mano para poner límites, pero siempre con respeto y buen humor, como buen latino.
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Eres del team “paciencia” o del team “ya, ya, ya”? Cuéntanos tu anécdota abajo y comparte este blog con ese amigo que siempre quiere todo para ayer. ¡La próxima vez que llames a recepción, recuerda: a veces, hasta el recepcionista tiene que poner a la gente en “Time Out”!
Publicación Original en Reddit: Impatient caller gets put on Time Out