Cuando la hospitalidad se vuelve una pesadilla: historias de la recepción de hotel que te harán querer cambiar de chamba
Trabajar en la recepción de un hotel boutique suena glamoroso, ¿no? Imagina: saludas a viajeros de todo el mundo, das recomendaciones de lugares, vives en un ambiente “internacional” y, de vez en cuando, te llega una buena propina. Pero la realidad puede ser otra, tan caótica y desgastante que hasta el más paciente termina preguntándose: “¿En qué momento decidí que esto era para mí?”.
Hoy te traigo la confesión de alguien que se hartó de ser el rostro sonriente de la hospitalidad… y te aseguro que más de uno se sentirá identificado.
Estacionamiento: el drama que nunca termina
Uno pensaría que tener estacionamiento gratuito en un hotel ya es ganancia —sobre todo en ciudades europeas donde encontrar lugar para el coche es más difícil que encontrar asiento en el metro a las seis de la tarde—. Pero no, parece que nunca falta el cliente que quiere la comodidad total, estilo “valet parking” de Polanco o Palermo, aunque esté en un pueblito de Irlanda.
La anécdota de hoy viene de una estadounidense trabajando en Irlanda, donde los huéspedes (en su mayoría también yanquis) llegan esperando que les abran la puerta del auto y les tomen las llaves. El hotel tiene un pequeño estacionamiento en el lugar y otro más grande a dos minutos caminando. ¿El problema? Hay quienes arman un berrinche digno de telenovela porque no les tocó el lugar justo frente a la entrada. Algunos hasta inventan ser discapacitados de último minuto para ver si así les dan preferencia.
Como diría un usuario en los comentarios: “Muchos creen que solo estamos parados ahí haciendo nada, pero la realidad es que uno anda corriendo, mostrando cómo funciona el elevador, guiando a la gente para estacionarse... y todavía quieren que uno sonría”. ¡Totalmente cierto! Si has trabajado de cara al cliente, sabes lo que es aguantar caras largas y exigencias absurdas.
Habitaciones accesibles: ¿por qué tanto odio?
En Latinoamérica suele pasar que cuando te asignan una habitación accesible (esas adaptadas para personas con discapacidad), la gente se molesta como si le hubieran dado la peor habitación del hotel. ¡Y ni siquiera hay mucha diferencia! A veces solo hay una barra más en el baño o un letrero diferente en la puerta.
La encargada de recepción cuenta que el hotel tiene que llenar todas las habitaciones posibles, así que las accesibles se asignan a quien sea, excepto huéspedes que se quedan más de dos noches. Pero cuando el sistema falla, toca cambiar de habitación de último segundo. Y claro, ahí vienen los reclamos: “¿Por qué me diste esa habitación?” o “¡Esto no es lo que reservé!”. Un comentario de la comunidad lo resume bien: “El odio a las habitaciones accesibles es absurdo. Hay quienes se quejan solo por ver el letrero”.
¿No sería más sencillo avisar antes o poner en la página web una sección de “Lo que debes saber antes de llegar”? Un usuario lo sugirió y vaya que haría más fácil la vida de todos, tanto para el staff como para los huéspedes.
La gestión: cuando el jefe es peor que los clientes
Aquí viene lo bueno: la administración. ¿Te ha tocado un jefe que te deja solo con los problemas y luego te echa la culpa? ¡Bienvenido al club! En el hotel de esta historia, los “grandes líderes” implementan políticas absurdas y, cuando la gente se queja en las encuestas (“el recepcionista no fue amable”, “nadie me ayudó”), adivina quién paga el pato… Sí, el pobre recepcionista.
Este año, la encuesta interna de “Mejores lugares para trabajar” salió con puros resultados negativos y ahora el jefe quiere reuniones individuales para “mejorar el ambiente”. Como dicen por ahí: “Por bocón, ahora te toca la plática” (la autora lo resume perfecto: “Me arrepiento de ser honesta”). Y es que a veces, en vez de buscar soluciones, los de arriba solo quieren tapar el sol con un dedo y seguir como si nada.
¿Vale la pena seguir en atención al cliente?
La autora y varios comentaristas coinciden: llega un momento en que ya no puedes más. “Es como el efecto dementor, te chupa la energía”, comenta uno, usando ese humor oscuro que tanto nos identifica. Otros recomiendan cambiar de área: “Me pasé de recepción a reservas y ahora solo escucho la radio, visto como quiero y nadie ve cuando pongo cara de ‘ya basta’”. ¿Quién no soñaría con eso después de años de lidiar con quejas y malos modos?
En Latinoamérica, muchos crecimos con la idea de que hay que “aguantar vara” y ser serviciales pase lo que pase. Pero también está bien decir “hasta aquí” y buscar algo que no te saque canas verdes. Así que si estás pensando en cambiar de trabajo, como dice otro usuario: “El mejor momento para buscar empleo es antes de que lo necesites, ¡ánimo!”.
Un consejo final para sobrevivir en la hotelería (o cualquier atención al cliente)
No importa si tu jefe es irlandés, argentino o mexicano: si el ambiente está tóxico, busca aliados, apóyate en tus compañeros y no tengas miedo de buscar algo mejor. Y si te toca llenar una encuesta, sé honesto. Capaz y algún día, alguien escuche y cambie las cosas. Mientras tanto, échate unas risas leyendo estas historias… y piensa dos veces antes de gritarle a un recepcionista.
¿Tienes una anécdota parecida? ¡Cuéntala abajo y desahógate! Porque, como decimos acá: “Mal de muchos, consuelo de tontos… pero al menos nos reímos juntos”.
Publicación Original en Reddit: Hospitality is not for me…not happy with this job anymore.